Recomendaciones de gestión psicológica durante cuarentenas por enfermedades infecciosas

Recomendaciones de gestión psicológica durante cuarentenas por enfermedades infecciosas

El Colegio Oficial de Psicología de Cataluña (COPC), colaborador oficial del Instituto de Salud Mental de la Abogacía – Mental Health Institute of Legal Professions (ISMA-MHILP), publica la guía de gestión psicológica ante cuarentenas por enfermedades infecciosas.

La guía nace con la misión de evitar que emociones como el miedo, la tristeza, el aburrimiento o el estrés se conviertan en un problema viral añadido.

Tras la autorización de nuestro colaborador oficial, y agrecediéndole el trabajo realizado, reproducimos el contenido de dicha guía.

Introducción

Ante el alerta sanitaria generada por la llegada a nuestro país del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, el Colegio Oficial de Psicología de Cataluña quiere compartir con la ciudadanía una serie de recomendaciones sobre la gestión psicológica durante esta circunstancia con un doble objetivo: evitar que el miedo se convierta en un fenómeno viral que interfiera en la ya compleja situación sanitaria y, llegado el caso, hacer más tolerable la situación de confinamiento durante la cuarentena.

El miedo es una de las emociones básicas de nuestro psiquismo, y una reacción normal y saludable ante situaciones desconocidas, amenazantes y potencialmente peligrosas como la que estamos viviendo. Una respuesta adaptativa que nos ayuda a mantenernos alerta y tomar las medidas necesarias para minimizar riesgos, ya sea a través de la evitación del peligro o de mecanismos de control y afrontamiento. Aun así, el miedo también se puede convertir en algo que nos bloquee y nos impida gestionar las amenazas con eficacia, convirtiéndose entonces un lastre y un problema psicológico.

Pero además, las situaciones de confinamiento pueden producir sensaciones que van de la soledad a la incertidumbre, pasando por la ira, la tristeza, el aburrimiento, la angustia o el estrés, entre otros.

Esta guía nace con la misión de evitar que estas emociones se conviertan en un problema viral añadido, y conseguir que las personas que tengan que guardar cuarentena la vivan con calma, inteligencia y buena disposición, lo que generará el máximo de bienestar para ellas, los suyos y el conjunto de la población.

Junta de Gobierno

Colegio Oficial de Psicología de Cataluña

 

1. Infórmate bien

«Calma, control e información»

  • Ahora tendrás mucho tiempo para informarte de cómo evoluciona la situación, tanto a tu alrededor como globalmente. Consulta solo canales de información oficiales o contrastados.
  • Ten cuidado con las redes sociales. Contrasta la información que se comparte y, muy especialmente, antes de volverla a compartir.
  • Evita la sobreinformación. Conectarte permanentemente o escuchar informativos 24 horas no te hará estar mejor informado sino que, al contrario, aumentará tu angustia innecesariamente.
  • Tanto si has dado positivo como si estás a la espera de resultados, evita contagiarte de actitudes catastrofistas o culpabilizadoras. Se trata de un problema colectivo, responsabilidad de todos y todas, al que debemos hacer frente con actitudes responsables y constructivas.
  • Haz de tu médico/a tu principal fuente de consejos e indicaciones a seguir.

2. Informa bien a los demás

«Acompañémonos, ayudémonos y compartamos»

  • Si te has contagiado explica tu situación, de forma clara y cuanto antes mejor, a las personas de tu alrededor, como familia, amistades y personas con las que hayas estado en contacto en los últimos días. Así evitarás contagios y juntos podréis empezar a tomar las medidas logísticas necesarias para las próximas semanas.
  • Evita hablar permanentemente del tema o compartir angustias con personas afectadas. Y procura que tus mensajes y actitudes sean reconfortantes con los que te rodean.
  • Evita esparcir rumores e informaciones falsas.
  • Comparte únicamente las informaciones relevantes y procura no hacerlo “en caliente”, desde el miedo o la angustia.

2.1. Si tienes hijos a tu cargo

  • Mantenlos bien informados. Los niños y niñas son personas competentes, y tienen todo el derecho.
  • Estate atento/a a sus dudas y preocupaciones, y responde a sus preguntas a medida que vayan apareciendo, siguiendo su ritmo. Demuéstrales que pueden expresarse y confiarte sus dudas.
  • Proporciónales explicaciones claras y adaptadas a su nivel de comprensión.
  • Comprueba qué información o ideas tienen sobre el coronavirus y corrige las que no sean correctas. Ayúdales a contextualizar y filtrar las informaciones que reciban por otros canales.
  • No les mientas, y evita tanto el alarmismo como la minimización. Únicamente regula el flujo de información y no les des más de la necesaria.
  • Reduce su miedo explicándoles que las personas que le rodean saben bien cómo cuidaros y protegeros, y que tanto vosotros como las autoridades tenéis un plan claro sobre qué hacer si alguien se contagia.
  • Si el niño ha dado positivo en la prueba de detección, explícale detenidamente las nuevas normas y restricciones, y los motivos por los que hace falta que las respete.
  • Recuerda que a los niños y niñas les transmitimos más información a través de nuestros comportamientos y actitudes que a través de las palabras. Mantén la calma y las rutinas habituales en la medida de lo posible.

2.2. Si tienes personas infectadas a tu cargo

  • Cuídalas psicológica y emocionalmente. Muéstrales una actitud de apoyo con responsabilidad.
  • Si sales a hacer alguna gestión como ir a comprar, te agradecerán que les proporciones información del exterior.
  • Evita tanto el alarmismo como transmitir soluciones o indicaciones no contrastadas que a la larga solo proporcionarán más angustia a las personas afectadas.

2.3. Si tienes personas ingresadas en una residencia

  • Vela porque la persona esté bien informada de lo que pasa y sepa el motivo de la ausencia de visitas.
  • Llámala o ponte en contacto de forma regular con ella, con los medios que tengas a tu alcance y el centro te permita.
  • No sientas que la abandonas, sino que te haces cargo de la mejor manera ahora posible.

3. Organízate

3.1. En casa

  • Llega a acuerdos explícitos con tus personas de confianza sobre cómo será, durante la cuarentena, vuestra logística doméstica: compras, cuidado de los familiares dependientes, espacio destinado a las personas que pueden tener el virus… No des nada por supuesto. Háblalo.
  • Si tienes que recibir asistencia sanitaria, ten claro con qué ayuda cuentas y para qué tareas, cuántas horas… Te permitirá organizarte mejor.
  • Si convives con más gente en casa, respetad espacios diferenciados. Todos necesitamos nuestro espacio. ¡No hace falta estar todo el rato juntos!
  • Si tienes niños/as a tu cargo, trata de encontrar actividades que hacer juntos, más allá de la televisión o la tablet. Será un buen momento para dedicarles un tiempo de calidad.

3.2. En el trabajo

 

  • Explica de forma clara e inminente tu situación a tus superiores, equipos y proveedores, para poder empezar a tomar decisiones y organizaros con las nuevas rutinas.
  • Siempre que la salud te lo permita, pacta un periodo de teletrabajo y/o delegación en otras personas, para garantizarte tanto la continuidad en el proyecto como que el trabajo se llevará a cabo.
  • Durante la toma de decisiones, no olvides comentar si tienes niños/as o personas dependientes a cargo porque, obviamente, la cantidad de trabajo que podrás realizar será menor.
  • Asegúrate de conocer o pactar los términos económicos de la nueva situación, y estar en el día de las medidas expuestas por el Gobierno o tu comunidad. Vivirás este periodo con más tranquilidad.
  • Si has de trabajar desde casa, establece un espacio y un horario lo más parecido posible al que tenías antes. Mantener ciertas rutinas te ayudará a mantener el orden mental y la sensación de normalidad.

4. Permanece conectado

«Accede, verifica y aprende»

  • No poder ver a los tuyos en persona no significa no poder estar en contacto. Llámales, envíales mensajes, haced videoconferencias… Os sentiréis menos aislados y más cerca.
  • Pide a personas que no estén en cuarentena que te hagan llegar noticias del exterior.
  • Suscríbete a alertas de texto o correo electrónico de fuentes contrastadas para recibir las actualizaciones tan pronto como estén disponibles.

5. Cuídate, protégete

«Rutinas, colaboración y creatividad»

  • Sigue las recomendaciones y medidas de prevención que determinen las autoridades sanitarias. Confía en la ciencia y en la experiencia de nuestro sistema de salud.
  • No tomes más precauciones de las necesarias. Eso no te hará estar más seguro ante un contagio y, en cambio, alimentará tu miedo y el de los que te rodean, en especial el de los más pequeños.
  • Ante la duda de contagio, sigue las indicaciones de las autoridades sanitarias. No hagas consultas médicas superfluas, evitando así contribuir al colapso de los dispositivos asistenciales.
  • Mantén tus rutinas diarias y haz, en lo posible, vida normal. El miedo se controla mucho mejor a través de comportamientos saludables que de razonamientos autoinducidos o precauciones innecesarias.
  • En la medida de tus posibilidades reales, crea o participa en alguna iniciativa de tipo comunitario que pueda ser de ayuda para ti, para los tuyos y para los demás en esta difícil situación. En pocos días, se han creado grupos en comunidades de vecinos y vecinas para facilitar la vida a la gente mayor, grupos online para gente que necesita compartir su estado de ánimo, otros para compartir ideas para hacer en casa con los pequeños
  • Reconoce tus sentimientos y acéptalos. Si lo necesitas, compártelos con tus personas de confianza, escribe un diario o contrata los servicios de un/a profesional.

6. Relájate, distráete

«Momentos para todo. Aprovecha tu tiempo»

  • Acepta que la situación no está enteramente en tus manos, y que hay una parte que no puedes controlar ni prever. Lo que sí puedes es tomar decisiones a medida que los retos se vayan presentando. En el fondo, como todos y todas hacemos siempre.
  • Usa la técnica que más te guste o funcione para relajarte: respiraciones profundas, yoga, meditación, actividades o movimientos que te hagan sentir bien…
  • Intenta hacer ejercicio, sobre todo si tu confinamiento es preventivo. Mens sana in corpore sano!
  • Entérate de la gran oferta de ocio online gratuito de que dispones, y disfruta de tu tiempo libre: conciertos en streaming, museos virtuales, libros y revistas, películas y cortometrajes, teatro y ópera online…
  • Usa tu sentido del humor. El humor es una emoción que te ayudará a reducir la angustia y a mantener el miedo (otra emoción) a raya.
7. Descubre el lado positivo
  • Por fin tienes un momento para pararte a reflexionar sobre tus prioridades y los próximos pasos que quieres dar.
  • Es una gran ocasión para compartir cuidados y tareas domésticas. Situaciones de excepción como la actual ponen de manifiesto y dan valor a tareas invisibilizadas y muy a menudo realizadas por mujeres.
  • Puedes aprovechar los momentos de calma para imaginar y crear: juegos para los niños, guiones de teatro, poemas, ilustraciones, inventos… Proyectos que nacen de tu capacidad creadora y que, por falta de tiempo, tenías en un cajón.
  • Valora la empatía y solidaridad de mucha gente conocida y desconocida.
  • Recuerda que solo se trata de una situación temporal, pasada la cual todos habremos aprendido muchas cosas tanto de los demás como de nosotros mismos.
Cuidar la salud mental ante la incertidumbre

Cuidar la salud mental ante la incertidumbre

The author of the original article is Doreen Marshall, Vice President of Programs of the American Foundation for Suicide Prevention. The ISMA-MHILP have translated it in Spanish with her authorization. / La autora del artículo original es Doreen Marshall, Vicepresidenta de Programas de la Fundación Americana para la Prevención del Suicidio. El ISMA-MHILP lo ha traducido al español con su autorización.

A los seres humanos les gusta la certeza.  Estamos programados para querer saber lo que está sucediendo y cuándo, y para notar las cosas que se sienten amenazantes para nosotros.  Cuando las cosas se sienten inciertas o cuando generalmente no nos sentimos seguros, es normal sentirse estresado.  Esta misma reacción, aunque está ahí para protegernos, puede causar todo tipo de estragos cuando hay una sensación de incertidumbre e información conflictiva a nuestro alrededor.

Una gran parte de la ansiedad viene de un sentido de lo que pensamos que deberíamos poder controlar, pero no podemos.  En este momento, muchos de nosotros estamos preocupados por el COVID-19, conocido como el «Coronavirus».  Podemos sentirnos impotentes sobre lo que sucederá o sobre lo que podemos hacer para prevenir un mayor estrés.  La incertidumbre también podría conectarse con nuestra incertidumbre sobre otros aspectos de nuestras vidas, o recordarnos tiempos pasados en los que no nos sentíamos seguros y el futuro inmediato era incierto.

En tiempos como estos, nuestra salud mental puede sufrir.  No siempre sabemos que está sucediendo.  Puede que te sientas más nervioso de lo normal, enfadado, indefenso o triste.  Puedes notar que estás más frustrado con los demás o quieres evitar completamente cualquier recordatorio de lo que está pasando.  Para aquellos de nosotros que ya luchamos con nuestro bienestar mental, podríamos sentirnos más deprimidos o menos motivados para llevar a cabo nuestras actividades diarias.

Es importante señalar que no estamos indefensos a la luz de las noticias actuales.  Siempre podemos elegir nuestra respuesta.  Si estás luchando, aquí hay algunas cosas que puedes hacer para cuidar tu salud mental ante la incertidumbre:

1. Separa lo que está bajo tu control de lo que no lo está. Hay cosas que puedes hacer, y es útil centrarse en ellas. Lávate las manos.  Recuérdale a los demás que se laven las suyas. Toma tus vitaminas. Limita tu consumo de noticias (¿Realmente necesitas saber qué está pasando en un crucero en el que no estás?).

2. Haz lo que te ayude a sentirte seguro. Esto será diferente para cada uno, y es importante no compararse con los demás. Está bien si has decidido que lo que te hace sentir seguro es limitar la asistencia a grandes eventos sociales, pero asegúrate de separarte cuando te aísles en base a la posibilidad de enfermedad, en vez de aislarte porque es parte de la depresión.

3. Salga a la naturaleza, incluso si está evitando las multitudes. Ayer por la tarde di un paseo por mi barrio con mi hija. El sol brillaba, tomamos nuestra dosis de vitamina D, y se sintió bien al tomar un poco de aire fresco y pasar un tiempo de calidad juntos. El ejercicio también ayuda a la salud física y mental.

4. Desafíate a ti mismo a permanecer en el presente. Tal vez tu preocupación se agrave, no sólo estás pensando en lo que está sucediendo actualmente, sino que también te proyectas en el futuro. Cuando te encuentres preocupado por algo que no ha sucedido, vuelve suavemente al momento presente. Observa las vistas, sonidos, sabores y otras experiencias sensoriales en tu momento inmediato y nómbrelas. Participar en actividades de atención plena (mindfulness) es una forma de ayudar a mantenerse en contacto cuando las cosas se sienten fuera de tu control.

5. Manténgase conectado y busque más apoyo si lo necesita. Habla con amigos de confianza sobre lo que sientes. Si te sientes particularmente ansioso o si estás luchando con tu salud mental, está bien que busques apoyo de un profesional de la salud mental. No tienes que estar solo con tu preocupación y puede ser reconfortante compartir lo que estás experimentando con aquellos capacitados para ayudar.

La humanización de la Justicia

La humanización de la Justicia

Gabriela Boldó Prats

Vocal del ISMA-MHILP

No es habitual que a los estudiantes de Derecho se les hable de humanizar la justicia; han estudiado leyes, tienen una manera de pensar deductiva y por silogismo, donde el sufrimiento y los sentimientos parece que deben aparcarse, cuando básicamente tratarán del sufrimiento humano en diferentes áreas jurídicas, a partir de normas que nos hemos dado para convivir; pese a ello, estos estudiantes no han oído hablar de las soft skills o habilidades blandas.

 Hoy he tenido el placer de desayunar con un tweet de Paloma Abad a resultas de la entrevista en La Contra de La Vanguardia a Pascual Ortuño, magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona; el título de la entrevista era: “El juez debe ser humilde y saber escuchar”.

Qué título más bonito, cierto, eficaz y eficiente. Lo comparto desde hace años y lo he aplicado siempre. Lo suscribo y lo proclamo a los 4 vientos.

Yo he trabajado 15 años como juez sustituta de Barcelona y ahora trabajo como responsable de las actividades extracurriculares y las prácticas del Máster Universitario en Abogacía de la UPF. ¿Qué actividades extracurriculares introduzco? Técnicas de concentración y gestión del estrés, oratoria, seguridad en uno mismo… ¿Cómo imparto las clases? Haciendo que los estudiantes del Máster hagan de Juez y de Ministerio Fiscal. ¿Con qué finalidad? Para que se pongan en su lugar, entiendan el papel de cada uno y sean capaces de ponerse en el lugar del otro e incluso ver en cuál de ellos se sienten más cómodos.

A partir de dos frases de la entrevista empezaría una clase de Derecho:

¿Qué es lo esencial que deberían aprender los futuros jueces?

El respeto profundo de la persona que acude al tribunal.

¿Hace falta la asignatura de empatía?

Efectivamente.

Cualquier operador jurídico debería partir de estas dos premisas cuando desempeña su trabajo en el juzgado, como operador jurídico, independientemente del papel que le haya sido asignado, puesto que tiene delante suyo a un ser humano que le pide ayuda, ayuda jurídica. Ese ser humano está pasando una crisis y sufre. Si el profesional que tiene delante es incapaz de entender ese sufrimiento o problema, esa situación no se resolverá de manera eficaz ni eficiente. Habrá un consejo jurídico de manual, pero no un remedio para ese sufrimiento.

Si el ser humano que tiene delante suyo no se sintiera atrapado posiblemente no recurriría a un profesional porque sería capaz de gestionarlo por sí mismo, sería capaz de resolver la situación, podría llegar a acuerdos, sabría mediar y no precisaría de la ayuda de la Justicia.

Este ciudadano que sufre necesita un diagnóstico jurídico y para eso no hay que oírlo. Hay que escucharlo y comprenderlo. Hay que ponerse en su lugar y entender dónde radica el problema y qué soluciones ofrece el Derecho ante esa situación. Sin esta empatía y respeto profundo es imposible ayudar y, como operadores jurídicos, nuestra misión es ayudar.

Por eso hay que humanizar la justicia. Sin humanidad, aplicamos normas pero no resolvemos conflictos. La resolución de conflictos pasa por escuchar en conciencia, llegar a descubrir dónde radica el problema que ocasiona sufrimiento a ese ser humano.  No se puede ser buen asesor ni buscar soluciones al conflicto desde la idea del poder, del ego, ni de la superioridad. Hay que buscar los diferentes puntos de vista y buscar una solución real. Hay que bajar a la realidad, analizar las circunstancias que rodean esa situación, reconocer la dignidad del otro y sólo desde la escucha plena de ser humano a ser humano sabremos cuál es el problema real.

El primer paso para resolver el problema es entender las circunstancias personales que lo rodean, que asépticamente “regula y resuelve la norma” . Individualizar el hecho según la realidad social que lo envuelve, como dice el CC. Sólo a partir de ahí es posible encontrar soluciones. El juez no puede transmitir sólo poder. Es también un servidor público y es en esta vocación de servicio público y respeto al tercero el modo más ecológico emocionalmente que tiene para cumplir con eficacia y eficiencia las tareas que tiene encomendadas.

Sólo cuando ve al ciudadano como a un ser humano que atraviesa un conflicto pueden abrirse los caminos de la solución al conflicto.

Lawyer Well-Being Week: juntos podemos sacar lo mejor de la profesión legal

Lawyer Well-Being Week: juntos podemos sacar lo mejor de la profesión legal

El National Task Force on Lawyer Well-Being, colaborador oficial del Instituto de Salud Mental de la Abogacía – Mental Health Institute of Legal Professions (ISMA-MHILP), celebrará la Semana del Bienestar de la Abogacía (Lawyer Well-Being Week) del 4 al 8 de mayo de 2020.

El bienestar es una responsabilidad de todas la instituciones. Cuando nuestras culturas profesionales y organizativas apoyan nuestro bienestar, estamos mejor capacitados para tomar buenas decisiones que nos permitan prosperar y ser lo mejor para nuestros clientes, colegas y organizaciones. Depende de todos nosotros cultivar nuevas normas y culturas profesionales que permitan y fomenten el bienestar. Haced vuestra parte y ayudad a correr la voz.

Para alinearse con el Mes de la Concienciación de la Salud Mental (Mental Health Awareness Month) en mayo, el grupo de expertos de EE.UU. ha fijado la Semana del Bienestar de la Abogacía a principios de dicho mes.

El objetivo de la Semana del Bienestar es concienciar y fomentar la acción en toda la profesión para mejorar el bienestar de los/as abogados/as y sus equipos de apoyo.

¿Tenéis pensado hacer alguna actividad durante esa semana? ¡Nos gustaría conocerla y difundirla por redes con el hashtag #LawyerWellbeingWeek !

Las profesiones legales y salud mental: ¿Resistencia a solicitar asistencia psicológica?

Las profesiones legales y salud mental: ¿Resistencia a solicitar asistencia psicológica?

Miguel Fernández Galán

Investigador del ISMA-MHILP

En el pasado artículo, abordamos la cuestión relativa a la susceptibilidad de los profesionales del derecho a sufrir a nivel psicológico del contacto directo e intenso con los problemas de sus clientes, malestar comparable al experimentado por parte de aquellos sectores tradicionalmente asociados a la atención, ayuda o asesoramiento directo a personas que sufren problemas de diversa índole, tales como médicos, enfermeros o bomberos, entre otros. Nos centramos en la posibilidad de sufrir de desgaste por empatía o trauma vicario, entendida en palabras de Figley (1995, citado en Acinas, 2012) como: “el residuo emocional resultante de la exposición al trabajo con aquellos que sufren las consecuencias de eventos traumáticos”. Asimismo, señalamos que es una problemática perfectamente prevenible y/o tratable en manos de un psicólogo sanitario especializado.

Esta es la cuestión que nos ocupa hoy. ¿Por qué nos resulta tan difícil acudir al psicólogo cuando lo necesitamos? ¿Qué motivos nos impiden solicitar la ayuda especializada de un profesional de la salud mental en el caso de que no sepamos cómo lidiar con nuestros síntomas?

Existen multitud de factores que influyen a la hora de no acudir a un psicólogo, incluyendo miedos, prejuicios, dificultades económicas o falta de tiempo. No obstante, más allá de aquellas variables que habitualmente tienen su peso a la hora de decidirnos respecto a la necesidad de acudir a una ayuda especializada, atenderemos a dos posibles modelos explicativos de los trastornos mentales que permean en nuestra cultura y sociedad, siendo estos el biomédico y el psicosocial, los cuales nos predisponen a percibir de forma necesaria o innecesaria la posibilidad de acudir a un psicólogo sanitario con el objetivo de poner un remedio a nuestro malestar psicológico. Con el fin de ejemplificar con la mayor claridad posible el alcance de estos, tomaremos a la depresión como posible trastorno mental sobre el cual ambos modelos ofrecen explicaciones teóricas respecto a su etiología que pueden llegar a bloquear o predisponer respectivamente la búsqueda de asistencia psicológica. Asimismo, expondremos los resultados de un reciente estudio dirigido por los autores Zimmermann y Papa orientado a investigar el impacto de dichos modelos en el paciente con depresión.

El modelo biomédico comprende la depresión como una disfunción cerebral atribuida a un desbalance químico influido por una dotación genética predeterminada. Por tanto, entender la depresión como un trastorno explicable desde este modelo conlleva una causalidad organicista que resulta ser interna, estable e incontrolable (Zimmermann y Papa, 2019).

En pleno contraste, el modelo psicosocial enfatiza en mayor medida la relevancia de factores como patrones de pensamiento aprendidos, contingencias ambientales y la interacción entre dichas variables (persona y entorno) como agentes causales de la depresión. Desde este marco, se entiende la depresión como un trastorno más externo, variable y controlable (Zimmermann y Papa, 2019).

Basándose en los resultados obtenidos en base a investigaciones previas relativas a la cuestión previamente expuesta, los autores Zimmermann y Papa (2019) realizaron un estudio con el objetivo de examinar el impacto que las explicaciones biomédicas o psicosociales de la depresión podrían tener en adultos con depresión que no buscaban tratamiento acerca de sus percepciones sobre la efectividad de dicho tratamiento (ya sea farmacológico o psicoterapéutico), el grado de pesimismo pronosticado y de estigma personal. Sus resultados revelaron que aquellos participantes que se hallaron expuestos a una explicación biomédica de su trastorno mostraron un incremento en dicho estigma y pesimismo pronosticado, así como un aumento en la credibilidad del tratamiento farmacológico pero no del psicoterapéutico (Zimmermann y Papa, 2019). Por otra parte, los participantes que recibieron una explicación psicosocial enfocada en destacar los factores cognitivos y ambientales en la etiología de la depresión mostraron una reducción en la estabilidad percibida del trastorno que fue asociada a un decremento en el grado de pesimismo pronosticado (Zimmermann y Papa, 2019).

Partiendo de lo expuesto hasta ahora, podemos llegar a la siguiente conclusión: la psicología es una ciencia joven y, hoy en día, la aproximación predominante en la población ante la presencia de problemas de salud, ya sean físicos o mentales, se encuentra auspiciada por el modelo biomédico, el cual puede presentar ciertas ventajas respecto a la percepción del paciente en cuanto al tratamiento de problemas puramente orgánicos. No obstante, en lo relativo a la casuística mental, el asunto resulta ser aún más complejo, por lo que las mismas explicaciones biomédicas en colación a problemas de salud cotidianos no necesariamente resultan aplicables a dificultades relativas al bienestar psicológico del individuo, provocando más perjuicio que beneficio en la resolución de problemáticas mentales al generar en la persona que sufre una atribución de su malestar como interno, estable e incontrolable, tan sólo atenuable por medio de sustancias (lícitas o no), dejando al individuo fuera de la ecuación de su propia salud mental.

Sin ánimo de menoscabar a la aproximación médica al tratamiento de los trastornos mentales (puesto que la Psiquiatría y la Psicología Clínica son disciplinas plenamente complementarias y se enriquecen mutuamente en gran medida respecto a dicha cuestión) y partiendo de la posibilidad de contraer un trauma vicario por parte del jurista en el ejercicio de su profesión en base al contacto intenso y continuado con el sufrimiento de sus clientes, entendemos que dicho malestar psicológico se basa en una causa externa, controlable y variable cuya solución radica en las manos del profesional que lo sufre, resultando este un agente activo y no pasivo de su recuperación y bienestar psicológico desde el modelo psicosocial.

Basándonos en los resultados de la investigación expuesta con anterioridad, la explicación que le demos al origen de nuestro sufrimiento mental influye en la percepción de nuestro papel respecto a este, la búsqueda de tratamiento y, en última medida, su posibilidad de resolución.

La Psicología Clínica actual ha demostrado extensamente por medio de investigaciones, revisiones sistemáticas y metaanálisis que los factores cognitivos y ambientales sí juegan un papel activo en la resolución de nuestros malestares de índole psicológico, ofreciéndonos la esperanza y la oportunidad de poner fin a nuestro sufrimiento por nosotros mismos, posibilitándonos confiar en la asistencia de un especialista en Psicología Sanitaria en el caso de que lo consideremos necesario y entender nuestro malestar como originado por causas externas, variables y controlables y, por tanto, susceptibles de resolución por nuestra parte.

Referencias

  • Acinas, M.P. (2012). Burn-out y desgaste por empatía en profesionales de cuidados paliativos. Revista digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, 2 (4), 1-22.
  • Zimmermann, M. & Papa, A. (2019). Causal explanations of depression and treatment credibility in adults with untreated depression: Examining attribution theory. Psychology and Psychotherapy: Theory, Research and Practice.