El ISMA se adhiere a la Clínica Jurídica de la UPF como entidad colaboradora

El ISMA se adhiere a la Clínica Jurídica de la UPF como entidad colaboradora

El pasado día 12 de febrero de 2019, el Instituto de Salud Mental de la Abogacía – Mental Health Institute of Legal Professions (ISMA-MHILP) se adhirió a la Clínica Jurídica de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) como entidad colaboradora.

“La Clínica Jurídica es una iniciativa solidaria de aprendizaje-servicio impulsada por la Facultad de Derecho de la Universidad Pompeu Fabra. El objetivo de la Clínica es poner a disposición de personas o colectivos vulnerables la investigación jurídica de la UPF y la experiencia profesional de abogados/as de prestigio, siempre de forma gratuita.

El modelo UPF se estructura en dos niveles. Por un lado, la Clínica presta un servicio de orientación jurídica básica a las personas sin recursos que acudan, ya sea directamente o a través de una ONG adherida. Determinados casos que presentan especial interés académico y social son admitidos a un segundo nivel (asuntos tutelados) en que la Clínica crea un equipo de trabajo formado por un/a profesor/a doctor/a en Derecho, tres estudiantes de último curso del Grado en Derecho y un/a abogado/a experto/a en el tema que asumirá la defensa pro bono (gratuitamente).

La Clínica Jurídica no es un despacho de abogados y la UPF no presta institucionalmente ningún tipo de servicio profesional de asesoramiento jurídico o de defensa en Tribunales. Los/las abogados/as que colaboren con la Clínica lo hacen a título individual y bajo su responsabilidad personal, incluidas aquellas personas que ahora son profesores de la UPF a tiempo parcial”.

Cabe destacar que la adhesión del ISMA-MHILP como entidad colaboradora a la Clínica Jurídica de la UPF no implica ningún tipo de obligación para ambas partes. Una entidad adherida es “aquella que tiene interés en seguir las actividades de la Clínica y quiere expresar su compromiso con la defensa de los derechos humanos y de la justicia social”. Cualquier iniciativa de esta índole, pues, es bienvenida y apoyada por el ISMA-MHILP. 

Tomás Gabriel García Micó, vicepresidente del ISMA-MHILP y responsable de la sección “Atención a la ciudadanía” de la Clínica, ha destacado que “la colaboración con la Clínica Jurídica de la Universidad Pompeu Fabra constituye un gran honor para el ISMA-MHILP y constituye un punto de inflexión muy importante para nuestra actividad pues permitirá la necesaria -y tan frecuentemente olvidada- simbiosis entre el mundo de la salud mental -donde se generan múltiples cuestiones litigiosas que, por ausencia de medios o recursos, no pueden ser defendidos ante los tribunales ordinarios- y el mundo académico y jurídico. Esperamos que la colaboración entre la Clínica Jurídica de la UPF y el ISMA-MHILP constituya el inicio de una intensa relación de colaboración entre ambas instituciones. Queremos agradecer personalmente al profesor Maurici Pérez Simeón, director de la Clínica Jurídica, la posibilidad que nos ha ofrecido y felicitarle a él y a la decana de la Facultad de Derecho, la profesora Anna Caballé Martorell, por haber impulsado tan necesaria iniciativa”.

Por su parte, Gabriela Boldó Prats, miembro del Comité de Bienestar del ISMA-MHILP y responsable de la sección “Cumplimiento ético y normativo” de la Clínica, ha dicho que “el ISMA-MHILP y la Clínica Jurídica de la UPF colaboramos para dar visibilidad a un derecho social, transversal y comprometido donde el bienestar y las necesidades sociales cuentan. Trabajamos juntos para mejorar estos aspectos de nuestra realidad. De este modo, contribuiremos a la salud mental de la abogacía desde otra perspectiva. Está comprobado que dedicar una parte de nuestro esfuerzo a causas solidarias ayuda a un bienestar emocional, trasladémoslo pues al mundo jurídico universitario”.

Mucha calle por recorrer

Mucha calle por recorrer

Lluc Pol Bonnín

Colaborador del ISMA

Mucha calle que recorrer

Áspera superficie la de la calle,

alma de cemento,

pisoteada todos los días aguanta,

callada, firme y magnifica el sufrimiento.

Sus rincones cuentan la historia de los demás,

sus desagües orientan el agua que ella nunca beberá.

Y, aun así, cada mañana, cada tarde, cada noche

por y para nosotros allí está.

Ella sólo cuando llueve llora,

no deja que la vean mojar las parcelas de sus mejillas,

no da pie a que le puedan preguntar ¿por qué lloras calle mía?

Si yo, sin querer, un día de tormenta la oigo estremecer,

si un día mojada me mira,

me quitaré los zapatos para no pisotearla más,

me agacharé y le diré:

¡gracias!

Gracias por guiar mi vida.

Un día larguísimo de hace cinco años, salieron estos versos de mi cabeza para poner palabras a una situación de máxima frustración profesional, tras cuatro años de rutinas maratonianas autoimpuestas, perdí muchísimo peso, acumulé cansancio y ansiedad, sentía que no era suficiente el esfuerzo realizado, que nunca era suficiente, que la competencia era feroz, que había que esforzarse más y más. El fin del esfuerzo no era ya la satisfacción, sino el mantenimiento de una posición que consideraba mínima e inmodificable. La distorsión cognitiva conseguía que los resultados académicos o los mensajes de enhorabuena del profesorado no representaran siquiera un aliciente, a penas pisaba la calle, era demasiado y tuve que frenar.

A pesar de la situación de tensión descrita -una de tantas situaciones de malestar emocional que viven muchos compañeros y compañeras de profesión- me di cuenta, hace ya bastantes años, de que me apasiona el derecho. Si tuviera que destacar uno de los motivos, seguramente me quedaría con la capacidad de racionalización que aporta, la posibilidad de definir una situación y otorgarle una regulación, de encauzar en un camino la realidad.

Hace tan sólo cuatro años que terminé el grado en derecho y, por tanto, asumo que habrá todavía muchas situaciones que se me escapan. Sin embargo, otras puedo verlas con claridad. Y pienso que quién conozca y aprecie el sector sabrá que hay mucha calle que recorrer

Así que, no quisiera terminar esta reflexión sin apuntar algunas cuestiones que están trazando una nueva forma de entender las profesiones de nuestro sector y que, estoy convencido, jugarán un papel esencial a la hora de mejorar el entorno profesional:

– Trabajar en el sector jurídico no significa no tener vida. Hay que analizar la forma en que trabajamos y preguntarnos: ¿es la más eficiente? ¿Cómo puedo mejorarla? Tenemos o deberíamos permitirnos tener jornadas máximas, descansos y mayores facilidades para conciliar la vida profesional y la vida personal o familiar.

Además, hay que reflexionar de forma muy especial sobre lo que estamos permitiendo en el mercado de trabajo de los profesionales recién graduados, la práctica de ofertar empleos sin retribución no se puede sostener más. No son mano de obra gratis, ni son competencia, son compañeros y compañeras que pueden aportar muchísimo y necesitan confianza para desarrollarse profesionalmente.

– La forma de transmitir el conocimiento ha cambiado: Ser más cercanos, prácticos y comprensibles no significa perder el rigor por el camino, más al contrario demuestra capacidad para hacer sencillo lo complejo y no sólo me refiero a potenciales clientes, sino también a cómo entender nuestra formación.

– La transformación digital será una necesidad: la tecnología puede producir vértigo en un primer contacto, pero hay que afianzar la amistad con ella en todo aquello que tenga sentido. Para mí nunca ha sido un fin, sino una herramienta y ahora su utilidad está fuera de toda duda. Sólo por citar algunas virtudes, permite: la optimización de tareas, aumentar la satisfacción del cliente, controlar la producción y el análisis de la información, flexibilizar la forma de trabajar, etc.

– El bienestar en la profesión es esencial: es una cuestión de primera necesidad. Si yo hubiera tenido la posibilidad de compartir con otros profesionales cómo me sentía al finalizar el grado lo hubiera hecho, creo que es esencial concienciar sobre las consecuencias de una mala gestión del bienestar profesional o estudiantil.

No cabe duda de que la labor de ISMA es mucho más ambiciosa, pero para mí la posibilidad de exigir a nuestras universidades, empresas y entornos profesionales que respeten unos estándares mínimos de bienestar, sería ya un triunfo sin precedentes. A mis ojos sería como una suerte de consumo responsable del mercado de trabajo, quiero ir al que tenga las mejores condiciones a todos los niveles. En relación con ello, la semana pasada leía sobre un proyecto de negocio de una antigua compañera de grado, basado en la valoración anónima de la reputación laboral y que tiene por eslogan: “Si la empresa cuida de sus trabajadores, ellos cuidarán de sus clientes” creo que ese es el camino a seguir.

– Los profesionales del sector jurídico no debemos ser necesariamente personas con semblante serio, que se presenten siempre “bien planchadas” y mantengan una distinción a la hora de vestir o de actuar: La confianza y la profesionalidad deben mantenerse intactas, faltaría más, y, evidentemente, hay cierto punto de control sobre ese aspecto (a nadie se le debería ocurrir ir en chanclas y bañador a una reunión) pero eso no requiere formalismos excesivos como, por ejemplo, elegir el tipo y color de la prenda. Este tipo de prácticas, en mi opinión, coartan la libertad del personal y agrandan la distancia entre cliente y profesional.

 – El derecho puede contribuir a la transformación social: Son muchos los sectores que requieren compensar la “pata jurídica” de la mesa, a veces la formación jurídica puede ser una herramienta necesaria para desarrollar proyectos que no son jurídicos. En ellos habrá que perder el miedo a colaborar con otras profesiones, un equipo multidisciplinar es un entorno fantástico para aprender.

En definitiva, hay mucho por hacer, a todas horas están brotando iniciativas y proyectos con potencial para mejorar el statu quo profesional de quienes que por suerte nos dedicamos, sea de la forma que sea, al derecho. Sin duda ISMA es una de esas iniciativas en las que uno se siente orgulloso de poder colaborar.

Parte I: Superar el miedo al cambio; el primer paso para la (r)evolución.

Parte I: Superar el miedo al cambio; el primer paso para la (r)evolución.

Emiliano Cánovas

Colaborador del ISMA

“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”

Eduardo Galeano

Éste es el primero de una serie de artículos en los que se analizará la situación de la abogacía española desde una perspectiva personal. En este primero, se trata de ofrecer una visión holística del proyecto que lleva a cabo la Asociación.

***

Si uno pudiese analizar con detalle la historia personal de aquellos que han impulsado un gran cambio, bien sea social, político, cultural o de cualquier tipo, necesariamente percibiría que, en ninguna circunstancia, se vieron intimidados o amedrentados por el miedo.

Para ilustrar la anterior afirmación, me gustaría dedicarle unas líneas a Emmeline Pankhurst, activista política británica y líder del movimiento sufragista, que fundó en 1903 la Unión Social y Política de las Mujeres (Women’s Social and Political Union) y fue motor principal para conseguir el derecho al voto femenino en el siglo XX.

Nacida en una familia humilde y en un entorno socioeconómico delicado, que más tarde se vería agravado por la Primera Guerra Mundial, las premisas desde las que partía Emmeline Pankhurst, no eran las más alentadoras.

No pocas fueron las ocasiones en las que las integrantes de la Unión Social y Política de las Mujeres (incluida Emmeline Pankhurst) fueron encarceladas en condiciones deleznables; y a pesar de ello, nunca cesaron en su empeño de conseguir el sufragio femenino.

La idea que subyace de este breve viaje por la historia es que el miedo no ha de ser un paralizador del cambio.

El ejercicio de la abogacía, en su acepción más amplia, conlleva una enorme responsabilidad y un estrés que, de no ser gestionado correctamente, puede derivar en problemas de salud (tanto físicos, como mentales).

Es por ello por lo que tenemos que aunar fuerzas entre todos los integrantes de este colectivo (y en mi humilde opinión, de la sociedad) para luchar por conseguir medidas que promuevan la conciliación laboral y familiar, así como medidas que promuevan la salud física y mental de los profesionales y estudiantes del derecho.

La primera vez que leí sobre la Asociación de la que formo parte (en una ínfima proporción) fue en el artículo publicado por Pedro del Rosal ¿Contratarían los bufetes a un abogado que, en la entrevista, revela un trastorno mental?.

Ese mismo día, minutos después de leer el artículo, escribí a Manel Atserias, presidente y fundador de la Asociación, pero por encima de todo, una persona de gran corazón y con una visión y una misión muy claras de lo que quiere cambiar y por qué.

Apenas un intercambio de opiniones me bastó para entender que gente como Manel es absolutamente imprescindible para llevar a cabo una labor tan encomiable y necesaria como la que promueve el Instituto de Salud Mental de la Abogacía.

No se trata de buscar soluciones cortoplacistas, ni de ponerse únicamente del lado de los trabajadores (ya que, en este caso concreto, no hay lado sobre el que posicionarse, sino que simplemente se trata de buscar el mayor beneficio común).

De lo que se trata es de encontrar un equilibrio entre las obligaciones y los derechos que favorezca a la relación entre empleados y empleadores y a su vez, se consigan fomentar hábitos saludables que prolonguen y mejoren las relaciones laborales y personales.

Son muchos los compañeros y compañeras que se han acercado a mí para conocer con mayor detalle las propuestas y los servicios que se promueven desde la Asociación y el sentir general es, que hay un margen de mejora muy amplio.

Si bien es cierto que hay parte del sector jurídico que ya está llevando a cabo iniciativas y campañas de sensibilización en aspectos de salud de los empleados y de realización en el puesto de trabajo, no menos cierto es que no son la mayoría.

Cierto es que se están realizando colaboraciones con diferentes ONGs, haciendo campañas de recogidas de alimentos, promoviendo jornadas intensivas, así como dando la posibilidad de trabajar desde casa, aprovechando los increíbles avances tecnológicos con los que estamos creciendo como sociedad y como impulsores económicos.

Pero no debemos caer en la falsa premisa de que ya llevamos mucho camino recorrido, ya que, como comentaba, el margen de mejora es todavía muy amplio y las políticas de sensibilización en temas de salud (tanto mental, como física) aún distan mucho de otros países como Reino Unido o Estados Unidos.

Sam Cooke compuso (y brillantemente cantó) un himno al cambio titulado “A change is gonna come” y estoy convencido de que con el esfuerzo y la pasión con el que se está trabajando desde la Asociación, tarde o temprano ese cambio llegará al sector jurídico.

Más allá de la abogacía tradicional

Más allá de la abogacía tradicional

De izquierda a derecha: Bárbara Román Méndez, Sergio Cañellas Arcega, Jorge Morell Ramos, Marelisa Blanco Pérez y Alfonso de Oleza Llompart (ponentes del acto “Más allá de la abogacía tradicional”)

El pasado día 18 de febrero, tuve el placer de asistir al primer evento oficial que organizaba A definitivas, colaborador oficial del Instituto de Salud Mental de la Abogacía (ISMA). El acto, que llevaba por título “Más allá de la abogacía tradicional“,  se celebró en la sala de eventos del coworking nidus 39 en Palma de Mallorca. 

Los ponentes del acto fueron Bárbara Róman Méndez, Marelisa Blanco Perez, Jorge Morell Ramos, Sergio Cañellas Arcega y Alfonso de Oleza Llompart. Cinco perfiles totalmente distintos que intercambiaron opiniones a partir de las preguntas formuladas por Ana Marbán Fernández. El evento fue un éxito, tanto por la calidad de las intervenciones de los ponentes como por el número de personas que asistieron.

Tras muchas conferencias y actos, puedo decir que la del pasado lunes fue especial para mí. No solo porque me hicistéis reír con algún comentario ingenioso, sino también por la sinceridad de vuestras palabras. Por decir las cosas tal como las pensáis, con naturalidad, sin temor a que os juzguen. 

A definitivas e ISMA refuerzan sus colaboraciones

De izquierda a derecha: Nico Vidal Cubí, Verónica Pedrón Pardo, Felipe Herrera Herrera, Lluc Pol Bonnín, Manel Atserias Luque, Ana Marbán Fernández, Alberto Fernández Bonet y Jun Wei Du.

La visita a Palma de Mallorca también sirvió para explorar futuras colaboraciones entre ISMA y A definitivas en relación con la salud mental y bienestar de la abogacía. 

Finalmente, quiero daros las gracias por haberme dado la oportunidad de hablar un poco sobre lo que hacemos desde el ISMA y compartir las preocupaciones que me trasladan muchos/as abogados/as en el día a día. Me hubiera gustado pasar más tiempo con vosotros, pero el avión no esperaba.

Asimismo, os agradezco de corazón vuestra atención y amabilidad durante mi estancia en Palma.

La melodía del bienestar

La melodía del bienestar

Verónica Pedrón Pardo

Colaboradora del ISMA

La vida sin música sería un error. ¡Qué razón tenía Friedrich Nietzsche al proclamar estas palabras al mundo!

Desde muy pequeñita supe que quería ser músico, quizá por las diversas melodías que a diario podemos escuchar en nuestra vida cotidiana, quizá por mi madre quien siempre cantaba y bailaba conmigo o quizá por los genes musicales de mis antepasados, aunque en aquel momento no conociese esa historia.

Lo cierto es que el motivo no importa, lo importante es cómo la música me ha ayudado y me ayuda a diario en mi bienestar personal, sobre todo en los momentos más complicados.

Todos sabemos, y los que no os lo podéis imaginar, que la vida del jurista o abogado no es fácil. Tener que lidiar con los problemas de otras personas, buscar soluciones, intentar que salga todo bien o, al menos, lo mejor posible son algunas de las acciones que cada día tenemos que llevar a cabo. Pero, ¿de qué manera puede ayudarnos la música a lidiar con nuestros estados de ánimo en este trabajo?

Pues bien, para poder explicarlo mejor nos introduciremos, como protagonistas, en la vida de un abogado que tenía la música como vía de escape a sus largos días de trabajo y estrés (coge tus auriculares que empezamos).

Suena el despertador, comienza un nuevo día, te levantas con energía y ganas de comerte el mundo. Conectas tu teléfono y pones la canción más motivadora que se te ocurra, mambo number 5 puede ser una buena opción. Sabes que el día puede llegar a ser muy duro pero, con toda la ilusión que tienes y esa melodía sonando de fondo, estás dispuesto a afrontar, con una sonrisa en la cara, todo lo que se presente.

Llegas al despacho donde te esperan montones de tareas por hacer diciendo welcome to the jungle. Pero no hay que desesperarse, el día acaba de empezar y nada puede desanimarte.

Te pones manos a la obra y comienzas a redactar un escrito, demanda, condiciones legales o cualquier otro documento que tengas pendiente. Te das cuenta de que es más denso y complicado de lo que pensabas y tu ánimo decae. Pasan minutos, horas y sigues delante del escrito avanzando de forma más lenta de lo esperado. Es entonces cuando te preocupas y agobias y en tu mente empiezan a surgir pensamientos negativos como “no voy a terminarlo nunca” pero te paras a pensarlo mejor e inmediatamente llega a tu cabeza una melodía: don´t worry be happy. Sonríes y tu ánimo empieza a cambiar mientras cantas la letra de principio a fin.

Miras el reloj, con el colapso del escrito has perdido demasiado tiempo y, aunque todavía queda algo de margen para llegar al juicio que tenías programado desde hace un año, sales a toda prisa del despacho para no llegar tarde. Tu mente está concentrada, has preparado al máximo el caso y te ves capacitado para triunfar. Y, mientras te diriges hacia los juzgados de turno, te repites a ti mismo una y otra vez: ¡voy a vencer! Como si fueras Pavarotti en plena interpretación del nessun dorma de Puccini.

Termina el juicio y, dependiendo del día, tus sensaciones pueden ser de varios tipos. Puedes salir del juzgado con sensaciones malas, sintiéndote triste y decepcionado porque crees que el trabajo realizado no ha servido para nada y que, lamentablemente, el juez fallará a favor de la parte contraria. Piensas en qué dirá tu cliente cuando le cuentes lo ocurrido y la presión empieza a aumentar.

O por el contrario, puedes salir con sensaciones buenas e irradiando felicidad. Has hecho un muy buen trabajo, has sabido plasmarlo en sala y has sobrevivido, cual Gloria Gaynor, a los ataques del contrario. Confías más en ti y te ves capaz de conseguir cualquier cosa que te propongas.

Llega la hora de comer, necesitas desconectar, tomarte un respiro y aprovechar, aunque sea unos minutos, para recuperar fuerzas y poder afrontar la tarde que queda por delante. Tienes dos visitas programadas y no podrás avanzar demasiado con el trabajo pendiente por lo que ahora más que nunca necesitas motivación. Buscas en tu lista de reproducción preferida la canción adecuada y sí, ahí está Eye Of The Tiger para poder levantarte y animarte a continuar esta batalla.

Llega el primer cliente, ha leído por internet que su caso es muy sencillo y tiene múltiples sugerencias que hacer y cómo no, también soluciones que tú debes ejecutar por él. Comienza a darte lecciones de derecho muy acertadas o al menos eso le ha dicho Google, mientras que tu frustración y enfado, por no dejarte ejercer tu profesión con independencia y bajo tu criterio personal, van en aumento. Intentas poner buena cara y le expones al cliente tus opiniones al respecto, al fin y al cabo eres tú el que ha estudiado derecho, aunque parece que no le interesa demasiado lo que tienes que contar. Consigues que la reunión termine de la manera más pacífica posible pero el mal sabor de boca tardará en irse. El “escándalo” de Raphael se queda corto con una situación como ésta.

Llega el segundo cliente, acudió hace unos meses a tu despacho en busca de ayuda y tienes buenas noticias para darle, has conseguido que la sentencia sea favorable y estás feliz de poder transmitirle tu éxito. Tu motivación está en un punto tan alto que quieres subirte a la mesa y bailar “Ante up” para celebrarlo .

Y por fín llega la hora de salir del despacho. Llegas a casa agotado, sin apetito, con ganas de meterte en la cama y que el día finalice pero tu cabeza sigue en el despacho, en los casos que tienes, en los escritos pendientes, en las tareas que al día siguiente debes terminar… y parece que será casi imposible conciliar el sueño esta noche. Pero, ¡no puedes permitirlo! ¡No puedes dejar que las circunstancias te anulen y bloqueen! Y, de igual forma que iniciaste el día, vuelves de nuevo a coger tu teléfono pero esta vez para buscar la canción más relajante posible, “el oboe de Gabriel”, y la dejas reproduciendo en bucle hasta que terminas envuelto en un profundo y placentero sueño.

Y como veis, hemos sobrevivido a un largo y duro día de trabajo como abogados. La música nos ha ayudado a calmar la ira, a aumentar nuestra motivación, a afianzar nuestra felicidad y a mitigar los estragos que la frustración y el enfado dejan a su paso. Quizá ésta pueda parecer tu historia o quizá no supieras hasta ahora que la música pudiese beneficiar tanto a una persona en su ámbito laboral.

En mi caso, la música me ayuda desde hace años a modular las emociones y cambios de humor que las circunstancias que nos rodean hacen aflorar. Y, aunque acudir a los juzgados no esté entre mis tareas, me ayuda a poder llevar de la mejor manera posible la montaña rusa de esta profesión tan estresante y a focalizar mis esfuerzos y conocimientos en aquello que realmente merece la pena.

Debemos tener siempre presente que nuestro trabajo, sea cual sea, no puede acabar con nosotros. No somos robots sino personas y como tal debemos tener momentos para descansar, para desconectar de todo, para vivir y para ser felices.

El escrito o demanda acabará por terminarse, tendremos mil y una reuniones, los éxitos y las derrotas estarán presentes a lo largo de nuestra vida y poco a poco aprenderemos a celebrar los primeros y a no fustigarnos con las segundas, y definitivamente habrán asuntos que podrán esperar pero nuestra salud no es uno de ellos.

Sea como sea, la música puede ser nuestra aliada pero somos nosotros mismos quienes debemos tener muy presente nuestra situación personal y pensar en lo mejor para nuestro bienestar porque ¿si no lo hacemos nosotros quién lo va a hacer?

Día de celebración para la Abogacía Catalana

Día de celebración para la Abogacía Catalana

Autoría de la foto: Organizadores del IV Congreso de la Abogacía Catalana

El pasado día 30 de enero de 2019, el Diario Oficial de la Generalitat de Catalunya (DOGC núm. 7799, de 30.1.2019) publicó la Resolución JUS/110/2019, de 22 de enero, de modificación de la Normativa de la Abogacía Catalana del Consejo de los Ilustres Colegios de Abogados de Cataluña.

Dicha normativa, que fue debatida durante el IV Congreso de la Abogacía Catalana (27 y 28 de septiembre de 2018), reconoce por primera vez la importancia del bienestar emocional de las abogadas y abogados en el ejercicio de sus funciones. En el sexto apartado de la Exposición de Motivos declara que:

“Los nuevos requerimientos de nuestra profesión en este nuevo siglo hacen altamente recomendable la adopción de medidas en pro del bienestar emocional de los profesionales. En este sentido, los colegios de la abogacía tienen que facilitar herramientas/mecanismos a los colegiados para poder contrarrestar las situaciones/problemas emocionales derivados del ejercicio de la profesión y que ponen en riesgo el bienestar emocional del abogado tanto en su esfera profesional como en la privada. La formación en inteligencia emocional, empatía y capacidad de escucha activa también es necesaria tanto para poder gestionar aquellas emociones que pueden resultar perjudiciales en el ejercicio de las tareas cotidianas de la abogacía, como para poder advertir el estado emocional del cliente y así procurarle un mejor asesoramiento y defensa”.

Pero no solo esto. La abogacía catalana no se ha quedado en una mera proclama, sino que insta a que los colegios y el propio Consejo adopten medidas en pro del bienestar emocional. En este sentido, la disposición adicional segunda de la Normativa de la Abogacía Catalana establece que:

“Los colegios de la abogacía y el Consejo fomentarán la adopción de medidas en pro del bienestar emocional de los/las abogados/as, facilitándoles herramientas o mecanismos para poder contrarrestar las situaciones/problemas emocionales derivados del ejercicio de la profesión y que ponen en riesgo su bienestar”.

La participación del ISMA en el Congreso de la Abogacía Catalana

La propuesta original de la nueva Normativa de la Abogacía Catalana no contenía ninguna de estas referencias. Por este motivo, el presidente del ISMA, en su condición de colegiado no ejerciente del Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB), presentó una serie de enmiendas dirigidas a abordar esta cuestión.

Puedes encontrar las enmiendas en dos enlaces: en el post “Enmiendas al articulado de la Propuesta de Reforma de la Normativa de la Abogacía Catalana“, o bien, en las páginas 8 a 10 del documento de enmiendas preparado por la Abogacía Catalana. 

Asimismo, durante el Congreso, Gabriela Boldó Prats, miembro del Comité de Bienestar del ISMA, y Manel Atserias Luque tuvieron la oportunidad de participar en el coloquio “Equilibrio en la profesión: El bienestar emocional en el ejercicio de la abogacía“, moderado por Jordi Albareda Cañadell, Decano del Colegio de la Abogacía de Lleida.

En palabras del presidente del ISMA:

“La abogacía catalana ha dado un paso muy importante en relación con el bienestar de la profesión. El simple hecho de reconocer su relevancia en el ejercicio de la profesión ya es un triunfo para el colectivo. Cierto es que la abogacía anglosajona nos lleva mucha ventaja, pero valoramos muchísimo tanto el gesto como el compromiso que habéis adquirido.

Queremos agradecer al Consejo de Colegios de Abogados de Cataluña por habernos dejado participar en el Congreso. Si nuestra aportación fue útil de algún modo, nos damos por satisfechos”.