Mucha calle por recorrer

Mucha calle por recorrer

Lluc Pol Bonnín

Colaborador del ISMA

Mucha calle que recorrer

Áspera superficie la de la calle,

alma de cemento,

pisoteada todos los días aguanta,

callada, firme y magnifica el sufrimiento.

Sus rincones cuentan la historia de los demás,

sus desagües orientan el agua que ella nunca beberá.

Y, aun así, cada mañana, cada tarde, cada noche

por y para nosotros allí está.

Ella sólo cuando llueve llora,

no deja que la vean mojar las parcelas de sus mejillas,

no da pie a que le puedan preguntar ¿por qué lloras calle mía?

Si yo, sin querer, un día de tormenta la oigo estremecer,

si un día mojada me mira,

me quitaré los zapatos para no pisotearla más,

me agacharé y le diré:

¡gracias!

Gracias por guiar mi vida.

Un día larguísimo de hace cinco años, salieron estos versos de mi cabeza para poner palabras a una situación de máxima frustración profesional, tras cuatro años de rutinas maratonianas autoimpuestas, perdí muchísimo peso, acumulé cansancio y ansiedad, sentía que no era suficiente el esfuerzo realizado, que nunca era suficiente, que la competencia era feroz, que había que esforzarse más y más. El fin del esfuerzo no era ya la satisfacción, sino el mantenimiento de una posición que consideraba mínima e inmodificable. La distorsión cognitiva conseguía que los resultados académicos o los mensajes de enhorabuena del profesorado no representaran siquiera un aliciente, a penas pisaba la calle, era demasiado y tuve que frenar.

A pesar de la situación de tensión descrita -una de tantas situaciones de malestar emocional que viven muchos compañeros y compañeras de profesión- me di cuenta, hace ya bastantes años, de que me apasiona el derecho. Si tuviera que destacar uno de los motivos, seguramente me quedaría con la capacidad de racionalización que aporta, la posibilidad de definir una situación y otorgarle una regulación, de encauzar en un camino la realidad.

Hace tan sólo cuatro años que terminé el grado en derecho y, por tanto, asumo que habrá todavía muchas situaciones que se me escapan. Sin embargo, otras puedo verlas con claridad. Y pienso que quién conozca y aprecie el sector sabrá que hay mucha calle que recorrer

Así que, no quisiera terminar esta reflexión sin apuntar algunas cuestiones que están trazando una nueva forma de entender las profesiones de nuestro sector y que, estoy convencido, jugarán un papel esencial a la hora de mejorar el entorno profesional:

– Trabajar en el sector jurídico no significa no tener vida. Hay que analizar la forma en que trabajamos y preguntarnos: ¿es la más eficiente? ¿Cómo puedo mejorarla? Tenemos o deberíamos permitirnos tener jornadas máximas, descansos y mayores facilidades para conciliar la vida profesional y la vida personal o familiar.

Además, hay que reflexionar de forma muy especial sobre lo que estamos permitiendo en el mercado de trabajo de los profesionales recién graduados, la práctica de ofertar empleos sin retribución no se puede sostener más. No son mano de obra gratis, ni son competencia, son compañeros y compañeras que pueden aportar muchísimo y necesitan confianza para desarrollarse profesionalmente.

– La forma de transmitir el conocimiento ha cambiado: Ser más cercanos, prácticos y comprensibles no significa perder el rigor por el camino, más al contrario demuestra capacidad para hacer sencillo lo complejo y no sólo me refiero a potenciales clientes, sino también a cómo entender nuestra formación.

– La transformación digital será una necesidad: la tecnología puede producir vértigo en un primer contacto, pero hay que afianzar la amistad con ella en todo aquello que tenga sentido. Para mí nunca ha sido un fin, sino una herramienta y ahora su utilidad está fuera de toda duda. Sólo por citar algunas virtudes, permite: la optimización de tareas, aumentar la satisfacción del cliente, controlar la producción y el análisis de la información, flexibilizar la forma de trabajar, etc.

– El bienestar en la profesión es esencial: es una cuestión de primera necesidad. Si yo hubiera tenido la posibilidad de compartir con otros profesionales cómo me sentía al finalizar el grado lo hubiera hecho, creo que es esencial concienciar sobre las consecuencias de una mala gestión del bienestar profesional o estudiantil.

No cabe duda de que la labor de ISMA es mucho más ambiciosa, pero para mí la posibilidad de exigir a nuestras universidades, empresas y entornos profesionales que respeten unos estándares mínimos de bienestar, sería ya un triunfo sin precedentes. A mis ojos sería como una suerte de consumo responsable del mercado de trabajo, quiero ir al que tenga las mejores condiciones a todos los niveles. En relación con ello, la semana pasada leía sobre un proyecto de negocio de una antigua compañera de grado, basado en la valoración anónima de la reputación laboral y que tiene por eslogan: “Si la empresa cuida de sus trabajadores, ellos cuidarán de sus clientes” creo que ese es el camino a seguir.

– Los profesionales del sector jurídico no debemos ser necesariamente personas con semblante serio, que se presenten siempre “bien planchadas” y mantengan una distinción a la hora de vestir o de actuar: La confianza y la profesionalidad deben mantenerse intactas, faltaría más, y, evidentemente, hay cierto punto de control sobre ese aspecto (a nadie se le debería ocurrir ir en chanclas y bañador a una reunión) pero eso no requiere formalismos excesivos como, por ejemplo, elegir el tipo y color de la prenda. Este tipo de prácticas, en mi opinión, coartan la libertad del personal y agrandan la distancia entre cliente y profesional.

 – El derecho puede contribuir a la transformación social: Son muchos los sectores que requieren compensar la “pata jurídica” de la mesa, a veces la formación jurídica puede ser una herramienta necesaria para desarrollar proyectos que no son jurídicos. En ellos habrá que perder el miedo a colaborar con otras profesiones, un equipo multidisciplinar es un entorno fantástico para aprender.

En definitiva, hay mucho por hacer, a todas horas están brotando iniciativas y proyectos con potencial para mejorar el statu quo profesional de quienes que por suerte nos dedicamos, sea de la forma que sea, al derecho. Sin duda ISMA es una de esas iniciativas en las que uno se siente orgulloso de poder colaborar.

Parte I: Superar el miedo al cambio; el primer paso para la (r)evolución.

Parte I: Superar el miedo al cambio; el primer paso para la (r)evolución.

Emiliano Cánovas

Colaborador del ISMA

“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”

Eduardo Galeano

Éste es el primero de una serie de artículos en los que se analizará la situación de la abogacía española desde una perspectiva personal. En este primero, se trata de ofrecer una visión holística del proyecto que lleva a cabo la Asociación.

***

Si uno pudiese analizar con detalle la historia personal de aquellos que han impulsado un gran cambio, bien sea social, político, cultural o de cualquier tipo, necesariamente percibiría que, en ninguna circunstancia, se vieron intimidados o amedrentados por el miedo.

Para ilustrar la anterior afirmación, me gustaría dedicarle unas líneas a Emmeline Pankhurst, activista política británica y líder del movimiento sufragista, que fundó en 1903 la Unión Social y Política de las Mujeres (Women’s Social and Political Union) y fue motor principal para conseguir el derecho al voto femenino en el siglo XX.

Nacida en una familia humilde y en un entorno socioeconómico delicado, que más tarde se vería agravado por la Primera Guerra Mundial, las premisas desde las que partía Emmeline Pankhurst, no eran las más alentadoras.

No pocas fueron las ocasiones en las que las integrantes de la Unión Social y Política de las Mujeres (incluida Emmeline Pankhurst) fueron encarceladas en condiciones deleznables; y a pesar de ello, nunca cesaron en su empeño de conseguir el sufragio femenino.

La idea que subyace de este breve viaje por la historia es que el miedo no ha de ser un paralizador del cambio.

El ejercicio de la abogacía, en su acepción más amplia, conlleva una enorme responsabilidad y un estrés que, de no ser gestionado correctamente, puede derivar en problemas de salud (tanto físicos, como mentales).

Es por ello por lo que tenemos que aunar fuerzas entre todos los integrantes de este colectivo (y en mi humilde opinión, de la sociedad) para luchar por conseguir medidas que promuevan la conciliación laboral y familiar, así como medidas que promuevan la salud física y mental de los profesionales y estudiantes del derecho.

La primera vez que leí sobre la Asociación de la que formo parte (en una ínfima proporción) fue en el artículo publicado por Pedro del Rosal ¿Contratarían los bufetes a un abogado que, en la entrevista, revela un trastorno mental?.

Ese mismo día, minutos después de leer el artículo, escribí a Manel Atserias, presidente y fundador de la Asociación, pero por encima de todo, una persona de gran corazón y con una visión y una misión muy claras de lo que quiere cambiar y por qué.

Apenas un intercambio de opiniones me bastó para entender que gente como Manel es absolutamente imprescindible para llevar a cabo una labor tan encomiable y necesaria como la que promueve el Instituto de Salud Mental de la Abogacía.

No se trata de buscar soluciones cortoplacistas, ni de ponerse únicamente del lado de los trabajadores (ya que, en este caso concreto, no hay lado sobre el que posicionarse, sino que simplemente se trata de buscar el mayor beneficio común).

De lo que se trata es de encontrar un equilibrio entre las obligaciones y los derechos que favorezca a la relación entre empleados y empleadores y a su vez, se consigan fomentar hábitos saludables que prolonguen y mejoren las relaciones laborales y personales.

Son muchos los compañeros y compañeras que se han acercado a mí para conocer con mayor detalle las propuestas y los servicios que se promueven desde la Asociación y el sentir general es, que hay un margen de mejora muy amplio.

Si bien es cierto que hay parte del sector jurídico que ya está llevando a cabo iniciativas y campañas de sensibilización en aspectos de salud de los empleados y de realización en el puesto de trabajo, no menos cierto es que no son la mayoría.

Cierto es que se están realizando colaboraciones con diferentes ONGs, haciendo campañas de recogidas de alimentos, promoviendo jornadas intensivas, así como dando la posibilidad de trabajar desde casa, aprovechando los increíbles avances tecnológicos con los que estamos creciendo como sociedad y como impulsores económicos.

Pero no debemos caer en la falsa premisa de que ya llevamos mucho camino recorrido, ya que, como comentaba, el margen de mejora es todavía muy amplio y las políticas de sensibilización en temas de salud (tanto mental, como física) aún distan mucho de otros países como Reino Unido o Estados Unidos.

Sam Cooke compuso (y brillantemente cantó) un himno al cambio titulado “A change is gonna come” y estoy convencido de que con el esfuerzo y la pasión con el que se está trabajando desde la Asociación, tarde o temprano ese cambio llegará al sector jurídico.

Más allá de la abogacía tradicional

Más allá de la abogacía tradicional

De izquierda a derecha: Bárbara Román Méndez, Sergio Cañellas Arcega, Jorge Morell Ramos, Marelisa Blanco Pérez y Alfonso de Oleza Llompart (ponentes del acto «Más allá de la abogacía tradicional»)

El pasado día 18 de febrero, tuve el placer de asistir al primer evento oficial que organizaba A definitivas, colaborador oficial del Instituto de Salud Mental de la Abogacía (ISMA). El acto, que llevaba por título «Más allá de la abogacía tradicional«,  se celebró en la sala de eventos del coworking nidus 39 en Palma de Mallorca. 

Los ponentes del acto fueron Bárbara Róman Méndez, Marelisa Blanco Perez, Jorge Morell Ramos, Sergio Cañellas Arcega y Alfonso de Oleza Llompart. Cinco perfiles totalmente distintos que intercambiaron opiniones a partir de las preguntas formuladas por Ana Marbán Fernández. El evento fue un éxito, tanto por la calidad de las intervenciones de los ponentes como por el número de personas que asistieron.

Tras muchas conferencias y actos, puedo decir que la del pasado lunes fue especial para mí. No solo porque me hicistéis reír con algún comentario ingenioso, sino también por la sinceridad de vuestras palabras. Por decir las cosas tal como las pensáis, con naturalidad, sin temor a que os juzguen. 

A definitivas e ISMA refuerzan sus colaboraciones

De izquierda a derecha: Nico Vidal Cubí, Verónica Pedrón Pardo, Felipe Herrera Herrera, Lluc Pol Bonnín, Manel Atserias Luque, Ana Marbán Fernández, Alberto Fernández Bonet y Jun Wei Du.

La visita a Palma de Mallorca también sirvió para explorar futuras colaboraciones entre ISMA y A definitivas en relación con la salud mental y bienestar de la abogacía. 

Finalmente, quiero daros las gracias por haberme dado la oportunidad de hablar un poco sobre lo que hacemos desde el ISMA y compartir las preocupaciones que me trasladan muchos/as abogados/as en el día a día. Me hubiera gustado pasar más tiempo con vosotros, pero el avión no esperaba.

Asimismo, os agradezco de corazón vuestra atención y amabilidad durante mi estancia en Palma.

La melodía del bienestar

La melodía del bienestar

Verónica Pedrón Pardo

Colaboradora del ISMA

La vida sin música sería un error. ¡Qué razón tenía Friedrich Nietzsche al proclamar estas palabras al mundo!

Desde muy pequeñita supe que quería ser músico, quizá por las diversas melodías que a diario podemos escuchar en nuestra vida cotidiana, quizá por mi madre quien siempre cantaba y bailaba conmigo o quizá por los genes musicales de mis antepasados, aunque en aquel momento no conociese esa historia.

Lo cierto es que el motivo no importa, lo importante es cómo la música me ha ayudado y me ayuda a diario en mi bienestar personal, sobre todo en los momentos más complicados.

Todos sabemos, y los que no os lo podéis imaginar, que la vida del jurista o abogado no es fácil. Tener que lidiar con los problemas de otras personas, buscar soluciones, intentar que salga todo bien o, al menos, lo mejor posible son algunas de las acciones que cada día tenemos que llevar a cabo. Pero, ¿de qué manera puede ayudarnos la música a lidiar con nuestros estados de ánimo en este trabajo?

Pues bien, para poder explicarlo mejor nos introduciremos, como protagonistas, en la vida de un abogado que tenía la música como vía de escape a sus largos días de trabajo y estrés (coge tus auriculares que empezamos).

Suena el despertador, comienza un nuevo día, te levantas con energía y ganas de comerte el mundo. Conectas tu teléfono y pones la canción más motivadora que se te ocurra, mambo number 5 puede ser una buena opción. Sabes que el día puede llegar a ser muy duro pero, con toda la ilusión que tienes y esa melodía sonando de fondo, estás dispuesto a afrontar, con una sonrisa en la cara, todo lo que se presente.

Llegas al despacho donde te esperan montones de tareas por hacer diciendo welcome to the jungle. Pero no hay que desesperarse, el día acaba de empezar y nada puede desanimarte.

Te pones manos a la obra y comienzas a redactar un escrito, demanda, condiciones legales o cualquier otro documento que tengas pendiente. Te das cuenta de que es más denso y complicado de lo que pensabas y tu ánimo decae. Pasan minutos, horas y sigues delante del escrito avanzando de forma más lenta de lo esperado. Es entonces cuando te preocupas y agobias y en tu mente empiezan a surgir pensamientos negativos como “no voy a terminarlo nunca” pero te paras a pensarlo mejor e inmediatamente llega a tu cabeza una melodía: don´t worry be happy. Sonríes y tu ánimo empieza a cambiar mientras cantas la letra de principio a fin.

Miras el reloj, con el colapso del escrito has perdido demasiado tiempo y, aunque todavía queda algo de margen para llegar al juicio que tenías programado desde hace un año, sales a toda prisa del despacho para no llegar tarde. Tu mente está concentrada, has preparado al máximo el caso y te ves capacitado para triunfar. Y, mientras te diriges hacia los juzgados de turno, te repites a ti mismo una y otra vez: ¡voy a vencer! Como si fueras Pavarotti en plena interpretación del nessun dorma de Puccini.

Termina el juicio y, dependiendo del día, tus sensaciones pueden ser de varios tipos. Puedes salir del juzgado con sensaciones malas, sintiéndote triste y decepcionado porque crees que el trabajo realizado no ha servido para nada y que, lamentablemente, el juez fallará a favor de la parte contraria. Piensas en qué dirá tu cliente cuando le cuentes lo ocurrido y la presión empieza a aumentar.

O por el contrario, puedes salir con sensaciones buenas e irradiando felicidad. Has hecho un muy buen trabajo, has sabido plasmarlo en sala y has sobrevivido, cual Gloria Gaynor, a los ataques del contrario. Confías más en ti y te ves capaz de conseguir cualquier cosa que te propongas.

Llega la hora de comer, necesitas desconectar, tomarte un respiro y aprovechar, aunque sea unos minutos, para recuperar fuerzas y poder afrontar la tarde que queda por delante. Tienes dos visitas programadas y no podrás avanzar demasiado con el trabajo pendiente por lo que ahora más que nunca necesitas motivación. Buscas en tu lista de reproducción preferida la canción adecuada y sí, ahí está Eye Of The Tiger para poder levantarte y animarte a continuar esta batalla.

Llega el primer cliente, ha leído por internet que su caso es muy sencillo y tiene múltiples sugerencias que hacer y cómo no, también soluciones que tú debes ejecutar por él. Comienza a darte lecciones de derecho muy acertadas o al menos eso le ha dicho Google, mientras que tu frustración y enfado, por no dejarte ejercer tu profesión con independencia y bajo tu criterio personal, van en aumento. Intentas poner buena cara y le expones al cliente tus opiniones al respecto, al fin y al cabo eres tú el que ha estudiado derecho, aunque parece que no le interesa demasiado lo que tienes que contar. Consigues que la reunión termine de la manera más pacífica posible pero el mal sabor de boca tardará en irse. El “escándalo” de Raphael se queda corto con una situación como ésta.

Llega el segundo cliente, acudió hace unos meses a tu despacho en busca de ayuda y tienes buenas noticias para darle, has conseguido que la sentencia sea favorable y estás feliz de poder transmitirle tu éxito. Tu motivación está en un punto tan alto que quieres subirte a la mesa y bailar “Ante up” para celebrarlo .

Y por fín llega la hora de salir del despacho. Llegas a casa agotado, sin apetito, con ganas de meterte en la cama y que el día finalice pero tu cabeza sigue en el despacho, en los casos que tienes, en los escritos pendientes, en las tareas que al día siguiente debes terminar… y parece que será casi imposible conciliar el sueño esta noche. Pero, ¡no puedes permitirlo! ¡No puedes dejar que las circunstancias te anulen y bloqueen! Y, de igual forma que iniciaste el día, vuelves de nuevo a coger tu teléfono pero esta vez para buscar la canción más relajante posible, “el oboe de Gabriel”, y la dejas reproduciendo en bucle hasta que terminas envuelto en un profundo y placentero sueño.

Y como veis, hemos sobrevivido a un largo y duro día de trabajo como abogados. La música nos ha ayudado a calmar la ira, a aumentar nuestra motivación, a afianzar nuestra felicidad y a mitigar los estragos que la frustración y el enfado dejan a su paso. Quizá ésta pueda parecer tu historia o quizá no supieras hasta ahora que la música pudiese beneficiar tanto a una persona en su ámbito laboral.

En mi caso, la música me ayuda desde hace años a modular las emociones y cambios de humor que las circunstancias que nos rodean hacen aflorar. Y, aunque acudir a los juzgados no esté entre mis tareas, me ayuda a poder llevar de la mejor manera posible la montaña rusa de esta profesión tan estresante y a focalizar mis esfuerzos y conocimientos en aquello que realmente merece la pena.

Debemos tener siempre presente que nuestro trabajo, sea cual sea, no puede acabar con nosotros. No somos robots sino personas y como tal debemos tener momentos para descansar, para desconectar de todo, para vivir y para ser felices.

El escrito o demanda acabará por terminarse, tendremos mil y una reuniones, los éxitos y las derrotas estarán presentes a lo largo de nuestra vida y poco a poco aprenderemos a celebrar los primeros y a no fustigarnos con las segundas, y definitivamente habrán asuntos que podrán esperar pero nuestra salud no es uno de ellos.

Sea como sea, la música puede ser nuestra aliada pero somos nosotros mismos quienes debemos tener muy presente nuestra situación personal y pensar en lo mejor para nuestro bienestar porque ¿si no lo hacemos nosotros quién lo va a hacer?

Día de celebración para la Abogacía Catalana

Día de celebración para la Abogacía Catalana

Autoría de la foto: Organizadores del IV Congreso de la Abogacía Catalana

El pasado día 30 de enero de 2019, el Diario Oficial de la Generalitat de Catalunya (DOGC núm. 7799, de 30.1.2019) publicó la Resolución JUS/110/2019, de 22 de enero, de modificación de la Normativa de la Abogacía Catalana del Consejo de los Ilustres Colegios de Abogados de Cataluña.

Dicha normativa, que fue debatida durante el IV Congreso de la Abogacía Catalana (27 y 28 de septiembre de 2018), reconoce por primera vez la importancia del bienestar emocional de las abogadas y abogados en el ejercicio de sus funciones. En el sexto apartado de la Exposición de Motivos declara que:

«Los nuevos requerimientos de nuestra profesión en este nuevo siglo hacen altamente recomendable la adopción de medidas en pro del bienestar emocional de los profesionales. En este sentido, los colegios de la abogacía tienen que facilitar herramientas/mecanismos a los colegiados para poder contrarrestar las situaciones/problemas emocionales derivados del ejercicio de la profesión y que ponen en riesgo el bienestar emocional del abogado tanto en su esfera profesional como en la privada. La formación en inteligencia emocional, empatía y capacidad de escucha activa también es necesaria tanto para poder gestionar aquellas emociones que pueden resultar perjudiciales en el ejercicio de las tareas cotidianas de la abogacía, como para poder advertir el estado emocional del cliente y así procurarle un mejor asesoramiento y defensa».

Pero no solo esto. La abogacía catalana no se ha quedado en una mera proclama, sino que insta a que los colegios y el propio Consejo adopten medidas en pro del bienestar emocional. En este sentido, la disposición adicional segunda de la Normativa de la Abogacía Catalana establece que:

«Los colegios de la abogacía y el Consejo fomentarán la adopción de medidas en pro del bienestar emocional de los/las abogados/as, facilitándoles herramientas o mecanismos para poder contrarrestar las situaciones/problemas emocionales derivados del ejercicio de la profesión y que ponen en riesgo su bienestar».

La participación del ISMA en el Congreso de la Abogacía Catalana

La propuesta original de la nueva Normativa de la Abogacía Catalana no contenía ninguna de estas referencias. Por este motivo, el presidente del ISMA, en su condición de colegiado no ejerciente del Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB), presentó una serie de enmiendas dirigidas a abordar esta cuestión.

Puedes encontrar las enmiendas en dos enlaces: en el post «Enmiendas al articulado de la Propuesta de Reforma de la Normativa de la Abogacía Catalana«, o bien, en las páginas 8 a 10 del documento de enmiendas preparado por la Abogacía Catalana. 

Asimismo, durante el Congreso, Gabriela Boldó Prats, miembro del Comité de Bienestar del ISMA, y Manel Atserias Luque tuvieron la oportunidad de participar en el coloquio «Equilibrio en la profesión: El bienestar emocional en el ejercicio de la abogacía«, moderado por Jordi Albareda Cañadell, Decano del Colegio de la Abogacía de Lleida.

En palabras del presidente del ISMA:

«La abogacía catalana ha dado un paso muy importante en relación con el bienestar de la profesión. El simple hecho de reconocer su relevancia en el ejercicio de la profesión ya es un triunfo para el colectivo. Cierto es que la abogacía anglosajona nos lleva mucha ventaja, pero valoramos muchísimo tanto el gesto como el compromiso que habéis adquirido.

Queremos agradecer al Consejo de Colegios de Abogados de Cataluña por habernos dejado participar en el Congreso. Si nuestra aportación fue útil de algún modo, nos damos por satisfechos». 

Entrevista a Anna Gener Surrell

Entrevista a Anna Gener Surrell

Anna Gener Surrell

Presidenta y CEO de Savills Aguirre Newman Barcelona

Vicepresidenta 1ª de la Asociación 50a50

Patrona de la Fundación Museo Picasso

Miembro de la Junta Directiva de la PIMEC (Patronal de la Pequeña y Mediana Empresa de Catalunya)

Miembro de la Comisión Ejecutiva de Barcelona Global

Miembro de la Junta Directiva del Círculo Ecuestre

Consejera del Observatorio Mujer Empresa Economía de la Cámara de Comercio de Barcelona

Patrona de la Fundación Cares

Miembro de la Comisión Ejecutiva de Barcelona Global

Miembro del Board en España del Royal Institution of Chartered Surveyors (RICS)

Miembro del Consejo Asesor del Instituto de Salud Mental de la Abogacía – Mental Health Institute of Legal Professions (ISMA-MHILP)

Tengo el placer de entrevistar a Anna Gener Surrell, CEO de Savills Aguirre Newman, una mujer en la cúspide, madre de un hijo y, además, una de las mejores personas que hemos tenido la ocasión de conocer en toda nuestra trayectora. Está muy concienciada en temas que constituyen las líneas principales de actuación del ISMA, tales como el empoderamiento femenino, fomentar el acceso de talento femenino a posiciones de poder, igualdad de género y la salud mental.

Desde el ISMA, nos gustaría agradecerle el trabajo hecho por la organización y el tiempo dedicado a contestar esta entrevista.

1. ¿Cómo surge tu pasión por la arquitectura y la pintura?

 
Desde pequeña ya me sentía muy atraída por la contemplación de la belleza en general, porque notaba que mejoraba mi estado de ánimo. 
 
La belleza la encontramos en las diversas formas que adoptan las obras de arte; la pintura, la arquitectura, la escultura… Es la belleza universal, porque ha sido admirada, generación tras generación, de forma ininterrumpida durante siglos. 
 
Pero, por fortuna, la belleza también se manifiesta, generosa y abundantemente, en nuestra vida cotidiana: en un mosaico, en un tapiz, en la fachada de un edificio…  A mí me  encantan las escaleras, me parecen un elemento arquitectónico precioso. 
 
Aprender a reconocer la belleza que hay a nuestro alrededor y disfrutarla plenamente debería ser una de nuestras prioridades vitales. La belleza no es algo superficial, porque nos impacta psicológicamente y nos puede ayudar a sentirnos mejor.
 
«Hablar sobre la relevancia de la arquitectura en nuestras vidas es tan esencial como hablar de la importancia de nuestro bienestar físico y mental. Los edificios nos hablan, nos interpelan, nos tocan profundamente porque además de proporcionarnos protección física, también nos impactan desde un punto de vista psicológico» (Arquitectura, 21.01.18)
2. ¿Hasta qué punto la arquitectura (de un edificio) influye en el bienestar de los trabajadores de una empresa?
 
La arquitectura nos impacta profundamente, pues es el marco físico en el que nos desenvolvemos para descansar, trabajar, formarnos, relajarnos, comer, amarnos, divertirnos…
En los espacios de trabajo es donde deberíamos prestar más atención, pues es un entorno en el que pasamos muchas horas y donde pueden producirse situaciones de tensión. 
 
Diversos estudios demuestran que un adecuado diseño del espacio de trabajo genera bienestar físico y mental, propiciando profesionales más felices, más comprometidos, más autoexigentes y más productivos. 
 
Algunos aspectos que hay que cuidar son: el confort térmico, el aislamiento acústico, la ergonomía y el cuidado del sentido olfativo. También son fundamentales el tratamiento y el consumo del agua, el control de la calidad del aire y la gestión de la luz. Todos estos elementos tienen un impacto muy poderoso en nuestro estado de ánimo y en nuestro bienestar psicológico.
 
Dices que los «referentes son poderosos«.
 
3. ¿Cuáles fueron los tuyos?
 
Efectivamente, los referentes son fundamentales porque pueden inspirarnos y darnos fuerza para lograr nuestros objetivos. 
Yo he tenido la suerte de tener buenos referentes a mi alrededor; mis padres y muchos de mis formadores me han proporcionado excelentes modelos. En la última década, mi gran referente ha sido mi marido, quien me aporta un punto de vista muy valioso. 
 
Nuestra sociedad debería ser capaz de generar referentes de profesionales que no sólo tienen éxito profesional, sino que por encima de todo, saben disfrutar de su vida personal, familiar y social; las esferas vitales que configuran una existencia equilibrada.
 
Poco antes de cumplir 40 años empecé a sentir una responsabilidad enorme en relación a las mujeres más jóvenes. Fui consciente de que debía contribuir a que alcanzaran sus metas y llegaran tan lejos como se propusieran. Fue entonces cuando me empecé a involucrar en diversas organizaciones que trabajan para que las mujeres participen de los ámbitos de decisión empresariales de manera equilibrada con sus compañeros hombres. Alcanzar estas esferas de poder es un hito relevante, porque constituyen los espacios desde donde puedes cambiar las cosas que no te gustan y poner en marcha los proyectos en los que crees.
 
Estuviste durante seis años trabajando en dos de las auditoras financieras más importantes a nivel mundial. Luego te fuiste al mundo de la consultoría inmobiliaria.
 
4. ¿Por qué decidiste cambiar de sector profesional?
 
El trabajo de auditor implica seguir un procedimiento que está muy definido, en cierto modo, representas una pieza dentro de un gran engranaje. Esto te obliga a ser sumamente cumplidor en tus obligaciones, porque si tú fallas, el trabajo de los demás también fallará. Guardo muy buenos recuerdos de esta etapa porque trabajé rodeada de gente de mi edad con perfiles similares al mío, por lo que me sentí integrada muy fácilmente. Pero no echo de menos las extensas jornadas laborales que soporté. 
En mi humilde opinión, exigir a tus profesionales trabajar tantas horas, de manera sostenida en el tiempo, es una manera muy obsoleta de gestionar una empresa, pues se produce una gran fuga de talento. 
 
Cuando dejé la auditoría, me incorporé a Aguirre Newman como analista de inversiones inmobiliarias, convencida de que desarrollaría un tipo de trabajo muy financiero, similar al que hacía cuando era auditora. 
No obstante, en cuanto empecé a trabajar, me di cuenta de que se trataba de un trabajo que requería importantes habilidades comerciales y relacionales. La cuestión es que yo me sentía cómoda detrás de mi Excel, haciendo análisis, pero no me veía a mí misma con habilidades sociales. Pasé varios meses pensando que me había equivocado de trabajo. Pero poco a poco, fui cogiendo confianza en mí misma, a medida que iba consiguiendo objetivos. 
 
Al cabo de unos meses descubrí, con gran alegría, que la labor comercial y relacional se me daba bien. Por fin pude relajarme y empecé a disfrutar con mi trabajo como nunca antes lo había hecho.
 
5. ¿Cómo gestionas el estrés y el trabajo bajo presión en tu día a día?
 
Periódicamente sufro puntas de estrés, que con los años he aprendido a gestionar, poniendo mucha atención a mi salud física y mental. 
Practico meditación y yoga regularmente. También escucho música, leo, escribo y llevo una vida socialmente activa, lo que me ayuda a llenarme de energía y de buen humor. 
 
El equilibrio mental es un estado sumamente delicado para algunas personalidades, máxime cuando están sometidas a una situación de estrés crónico. A pesar de la abundancia de casos que se observan, las enfermedades mentales y los trastornos psicológicos todavía son un tabú en los entornos de dirección empresarial. 
 
Desde el Instituto de la Salud Mental estáis haciendo una labor extraordinaria en este sentido, porque visibilizáis la enfermedad mental y ayudáis a encontrar los canales adecuados para tratarla. Los profesionales del derecho tienen mucha suerte, al poder contar con vosotros.
«El mejor jefe no es el que consigue más clientes o el que tiene más conocimientos del negocio, sino el que tiene más inteligencia emocional y sabe tratar adecuadamente a las personas que le rodean.  La capacidad de empatía y de interacción social es un atributo imprescindible para que la energía del equipo humano se centre en los objetivos de la empresa, y no se desgaste en malos entendidos internos» (Los jefes, 19.07.18)
6. ¿Qué podemos hacer para humanizar las empresas?
 
Muy a menudo, los entornos empresariales han estado excesivamente focalizados en la obtención de beneficios, descuidando el valor que aportaban a sus clientes y el trato que dispensaban a sus profesionales. 
No obstante, las empresas realmente exitosas ya se han dado cuenta de que para captar el mejor el talento, y con ello, conseguir los mejores clientes, deben mirar más allá del resultado y regirse con otros valores. Son aquellas empresas en las que todos quisiéramos trabajar, porque nos conectamos con ellas de un modo especial. 
 
Para empezar, aman lo que hacen; tienen un alto nivel de compromiso con el trabajo que desarrollan y lo llevan a cabo con consciencia y con placer. 
En segundo lugar, son empresas que han realizado una reflexión más profunda y se han marcado un reto más complejo, más allá de ganar dinero; también quieren contribuir a mejorar la sociedad. 
Pero lo esencial de estas organizaciones es que cuidan de sus equipos humanos; les transmiten unos valores (ética, profesionalidad, coherencia y humildad), y les instan a hacer las cosas de una determinada manera.
 
Teniendo en cuenta la presión y el cumplimiento de objetivos de la compañía, 
 
7. ¿En qué medida estás contribuyendo a esta humanización en Savills Aguirre Newman Barcelona?
 
Nuestra organización desarrolla su actividad en un entorno altamente competitivo y exigente. Soy consciente que lo que se espera de mí es que cumpla con el presupuesto que nos marcan nuestros accionistas. 
No obstante, siempre hemos tenido claro que queríamos trabajar de una determinada manera; con ética y con responsabilidad. 
 
Tras la crisis, me di cuenta de que para ser un buen profesional, no sólo tenía que asegurarme de que mi empresa ganara dinero, si no que también debía implicarme en generar un impacto positivo en mi entorno, sin esperar nada a cambio. 
 
Para mí, el progreso social, económico y cultural de Barcelona es un firme compromiso; por ello, colaboro en multitud de asociaciones e instituciones de nuestra ciudad a las que destino tiempo, energía y una gran cantidad de ilusión.
 
«Tal como 2017 fue un año funesto para mí, 2018 está resultando ser un año extraordinario» (Cosas que aprendes cuando recibes un premio, 8.06.18).
8. ¿Decir públicamente que algo de tu vida, lo que sea, ha ido mal o ha sido un fracaso muestra debilidad en un líder?
 
Todo lo contrario; desde mi punto de vista, el liderazgo de corte mesiánico, con una figura fuerte e incuestionable a los que todos siguen, es un modelo absolutamente obsoleto. 
 
El liderazgo moderno se define, en primer lugar, por tener una visión de qué se quiere conseguir y cómo lograr el objetivo marcado; y en segundo lugar, por ser una figura cercana, inclusiva, humilde, que reconoce errores y aciertos, que consulta sus decisiones y busca grandes consensos; jamás muestra su fuerza imponiéndose. 
 
De hecho, ningún objetivo realmente importante puede alcanzarse con la visión de una sola persona. Los problemas de la sociedad son tan complejos que requieren que los liderazgos descansen sobre un grupo de personas con puntos de vista diversos, pero con una cierta conexión mental.
 
A mí nunca me ha dado miedo mostrar una sensibilidad diferente o explicar mis fracasos o frustaciones. De hecho, escribo de ello a menudo, y lo publico porque pienso que quizá pueda ayudar a alguien que esté en una situación similar. Y la posibilidad de que mi vivencia resulte útil a alguien, no sé si me hace más fuerte o más débil, pero sin duda, hace que me sienta infinitamente mejor conmigo misma. 
 
Imagínate que quiero trabajar en tu empresa, demuestro que soy una persona competente y en la entrevista te digo: «Anna, me esforzaré al máximo y trabajaré mucho. Pero es posible que no pueda absorber todo el volumen de trabajo en determinadas ocasiones porque tengo un Trastorno Obsesivo Compulsivo». 
 
9. ¿Cuál sería tu respuesta?
 
En primer lugar, te felicitaría por tu valentía. La triste realidad es que los entornos empresariales competitivos, como la consultoría o la abogacía, suelen ser contextos duros, donde manifestar la diferencia (mental, física, espiritual) es muy complicado, porque siguen valorándose los perfiles uniformes y adaptativos. 
 
A pesar de que el mundo está cambiando muy rápido y adopta nuevos valores, la vida empresarial sigue anclada en dinámicas que infravaloran la diversidad, de manera que los profesionales evitan mostrar sus problemas, enfermedades, e incluso sus emociones, por miedo a ser discriminados o a ser considerados profesionales débiles. 
 
Tenemos que cambiar esta cultura empresarial tan pobre. La empresa es un pilar de la sociedad y debe contribuir a difundir los valores adecuados. 
Poder comunicar a tu empleador que tienes un TOC no debería penalizarte; tenemos que trabajar para que los entornos empresariales se humanicen.
 
10. Si tuvieras que contratar los servicios legales de un despacho de abogados, ¿tendrías en cuenta cuál es su política de diversidad y de bienestar a la hora de contratarlos?
 
Sin duda lo tendría en cuenta. Desgraciadamente, todavía hay poca cultura en este aspecto, pero estoy convencida de que en muy pocos años, las políticas de diversidad y de bienestar constituirán un requisito fundamental a la hora de llevar a cabo contrataciones. Debemos hacer lo que esté en nuestras manos para acelerar este proceso, y que estas políticas, tan necesarias, se implanten en cuanto antes.