Manel Atserias Luque

Presidente del ISMA

Cuando concebimos el Instituto de Salud Mental de la Abogacía (ISMA), tuvimos claro que uno de nuestros principales objetivos, enmarcado en la fase de la promoción del bienestar, sería el de fomentar el liderazgo femenino en las profesiones jurídicas y romper con el denominado techo de cristal existente en este sector [1].

Y es que los resultados del estudio “La igualdad de género en la Abogacía Española: la evaluación actual de las abogadas y los abogados”, realizado por Metroscopia en octubre de 2017, constataban lo que ya ocurre en otros sectores profesionales: las mujeres (en este caso, las abogadas) no tienen las mismas oportunidades que los hombres para ocupar puestos de responsabilidad en su respectiva firma.

Durante estos meses, he tenido la oportunidad de reunirme con muchas abogadas y abogados. El propósito de estas conversaciones es conocer su día a día como profesionales del Derecho. Pero no desde una perspectiva técnico-jurídica, sino de salud o emocional. Cuestiones como «¿Duermes bien?», «¿Tus jefes, compañeros/as o clientes te tratan bien?», «¿Estás estresado/a o tienes ansiedad?», «¿Te has sentido acosado/a discriminado/a por parte de algún compañero/a?», «¿Has pedido ayuda a la firma, compañero/a o profesional?» o, simplemente, un «¿Cómo estás?» ―pero no el protocolario o automático, sino el de mirar fijamente a la otra persona y esperar a que responda con calma― son preguntas frecuentes en estos encuentros.

En el caso de las compañeras, siempre quiero ahondar un poco más en el ámbito del género: si han sido víctimas de acoso o de comportamientos machistas por parte de compañeros, jefes o clientes; si han tenido que decidir entre ser madre o seguir con su carrera profesional; entre otras cuestiones. Y es entonces cuando emerge una realidad paralela, la cual, ha permanecido oculta hasta fechas recientes.

A diferencia de ellos, ellas viven otra injusticia por el mero hecho de ser mujeres. La brecha salarial [2], las dificultades en conciliar (y el cómo les penaliza en su progresión profesional) y el techo de cristal (insoportable en el caso de los grandes despachos) son muestras claras.

Eso es lo que he podido comprobar durante todos estos meses. Cuando sustituimos los números por experiencias propias de abogadas, es inevitable que uno no experimente un mayor sentimiento de impotencia e indignación. Ellas lo padecen y las consecuencias, en términos de salud, son devastadoras.

Por este motivo, cuando hablamos de bienestar, el género siempre estará presente en nuestras actividades. Es de justicia. 

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[1] Art. 3.f Estatutos

[2] Estudio: «Las abogadas españolas contarían hoy, de media y de forma aproximada, con unos ingresos mensuales 450 euros inferiores a los de sus compañeros abogados”. En este sentido, “la mayoría de las mujeres (63%) percibe unas retribuciones por debajo de la mediana de ingresos (1750€), mientras que los hombres son algo menos de la mitad (48%)».