Por Jéssica Ahumada Masip

Miembro del Comité Científico del ISMA

Los seres humanos pasamos por períodos de mayor y menor actividad y deseo sexual de forma natural. Esto puede ser debido a temporadas en las que estamos más estresados, cansados o deprimidos, y se encuentra dentro de una normalidad de las personas. Nos encontramos ante una posible disfunción sexual cuando ese periodo de tiempo es largo e influye en nuestras relaciones de pareja y en nuestro propio bienestar general, como, por ejemplo, en nuestra autoestima.

La disfunción sexual es una alteración de los procesos propios del ciclo de respuesta sexual o dolor relacionado con la realización del acto sexual. Esta alteración provoca malestar o dificultades en la relación de pareja y no es atribuible a otro trastorno que justifique esta disfunción.

Una disfunción puede tener su origen en un problema físico o psicológico. Respecto a las causas físicas nos podemos encontrar con diabetes, problemas hormonales o insuficiencia cardiaca, entre otras. Las causas psicológicas pueden incluir estrés relacionado con el trabajo, depresión o preocupaciones sobre problemas de la vida diaria. Algunas drogas pueden también afectar al deseo y a la ejecución del acto sexual. En este apartado vamos a exponer los diferentes síntomas que una persona con disfunción sexual puede padecer.

Síntomas

  • Hombres o mujeres
    • Incapacidad para excitarse.
    • Ausente o bajo deseo sexual.
    • Relación sexual con dolor.
  • Hombres
    • Eyaculación precoz, tardía o ausente a pesar de una estimulación adecuada.
    • Incapacidad para mantener una erección adecuada.
    • Incapacidad para lograr la erección.
  • Mujeres
    • Lubricación vaginal inadecuada antes o durante la relación sexual.
    • Ausencia o retraso persistente o recurrente para alcanzar el orgasmo tras una excitación sexual normal.
    • Dolor en la vulva o la vagina al contacto con esas zonas.
    • Incapacidad para relajar los músculos de la vagina lo suficiente para permitir una penetración no dolorosa o incómoda.

Si una de estas disfunciones es debida a la situación laboral por la que estás pasando, se podría relacionar con momentos de estrés o depresión debido, por ejemplo, a la pérdida de un trabajo o un gran cansancio por las largas y estresantes jornadas en el bufete u oficina.

Además, todos sabemos que es muy complicado separar el mundo laboral del personal. A veces parece que se nos acumulan los momentos difíciles, así que si estás sufriendo un momento de estrés elevado en el trabajo y algún acontecimiento vital de importancia como una ruptura sentimental o un post-parto difícil, entre tantos otros, no podemos descartar que sean motivos más que suficientes para tener dificultades sexuales o estar desarrollando una disfunción sexual.

¿Cómo combatirlo?

Primero debes descartar que tu problemática no tenga una causa orgánica (diabetes, obesidad, anticonceptivos, etc.) consultando a tu médico/a. En el caso de no tener un origen médico, es de suma importancia que acudas a un profesional de la salud mental lo antes posible, porque cuanto más tiempo estés con este problema, antes puedes comenzar a desarrollar conductas de evitación de las relaciones sexuales, miedos, inseguridades, baja autoestima, etc. que harán que empeore tu estado y el de tu relación de pareja.

Es muy importante, si tienes pareja, que exista una gran comunicación con ella, y que, a poder ser, acudáis juntos a terapia.

Además, te puede resultar de ayuda:

  • Reducir el consumo de alcohol.
  • Dejar de fumar.
  • Combatir el estrés.
  • Comer sano.
  • Hacer ejercicio.
  • Evitar el consumo de drogas.

Referencias e información adicional: