Por Jéssica Ahumada Masip

Miembro del Comité Científico

El desgaste profesional (burnout) es el síndrome llamado coloquialmente “quemarse por el trabajo”. Las personas que sufren desgaste profesional se sienten desbordadas y se perciben impotentes para hacer frente a los problemas que le genera su entorno laboral.

Su origen está en un entorno laboral donde existen altos niveles de estrés, carga de trabajo excesiva, poca autonomía, falta de formación para desempeñar las tareas, malas relaciones en el trabajo y ausencia de apoyo en el entorno, entre otros. Todo ello en su conjunto, facilita que no encuentren las suficientes estrategias para afrontarlo.

Síntomas

• Dificultad para concentrarse • Baja autoestima • Dolor de cabeza • Taquicardia • Insomnio • Bajo rendimiento • Absentismo laboral • Aburrimiento • Irritabilidad y agresividad • Trato distante hacia los demás • Nerviosismo • Sentimientos de fracaso, impotencia y agotamiento • Falta de entusiasmo por el trabajo • Sensación de estar desbordado por el trabajo

Fases

Los expertos en burnout lo han divido en varias fases:

Fase inicial o de entusiasmo: A menudo, el comienzo en un nuevo trabajo resulta estimulante por muchas exigencias que nos impongan. Resulta atractivo ponerse a trabajar al finalizar los estudios, tras una larga temporada en paro o al haber cambiado de trabajo.

Fase de estancamiento: Tras varios meses o años y comprobar el incumplimiento de nuestras expectativas profesionales, nos estancamos. Todavía nos sentimos realizados personalmente, pero comenzamos a replantearnos la relación entre esfuerzo personal y beneficios.

Fase de frustración: Nos cuestionamos la eficacia del esfuerzo personal frente a los obstáculos derivados del desempeño de nuestro trabajo. La falta de recursos organizacionales y personales nos llevan a una fase de apatía. El trabajo pierde sentido para nosotros.

Fase de hiperactividad y de apatía: Primero pasamos por un estado en el cual estamos siempre trabajando, queremos hacer tantas cosas que no hacemos nada y nos lleva al colapso porque no damos abasto. Después tenemos una reacción de apatía que surge a partir de un sentimiento de distanciamiento de lo laboral, que conlleva evitación de la actividad profesional.

¡Quemado!: No logramos aliviar nuestra situación, los cambios en nuestras actitudes y conductas no son eficaces. Sentimos un colapso físico, emocional y cognitivo.

¿Cómo combatirlo?

La desmotivación laboral se aborda desde diferentes niveles:

Nivel organizacional: Teniendo en cuenta dónde se desarrolla el desgaste profesional, son las organizaciones las encargadas de diseñar un plan de intervención. Éstas deben ir orientadas a un cambio de filosofía con el objeto de incrementar la calidad de vida laboral y el bienestar personal. Dentro de esas estrategias podemos encontrarnos con: rediseño de tareas, claridad en los procesos de toma de decisiones, establecer objetivos claros para los roles profesionales, mejorar las redes de comunicación organizaciones, involucrar a las personas trabajadores en la toma de decisiones, mejorar la autonomía, mejora del sistema de recompensa, entre otras. Profesionales como psicólogos de las organizaciones pueden ayudar a los y las empresarias en una orientación hacía la prevención del desgaste profesional.

Nivel interpersonal: Pasamos gran parte de nuestro tiempo en el trabajo y como consecuencia es fundamental tener una buena relación interpersonal para el equilibrio físico y mental de la persona. Es a través del apoyo social en el trabajo cuando las personas obtienen nueva información, adquieren nuevas habilidades o mejoran las que ya tienen. Obtienen refuerzo social y retroinformación sobre la ejecución de las tareas, a la vez que también consiguen apoyo emocional. Para conseguir un buen resultado se utilizan programas de entrenamiento en habilidades sociales para mejorar la calidad de las relaciones interpersonales en el trabajo.

Nivel sobre la persona trabajadora: Los expertos recomiendan la adquisición de estrategias de afrontamiento, técnicas de relajación y el ejercicio físico. Es recomendable que acuda a un profesional de la salud mental que le ayude en la adquisición de estos nuevos hábitos y estrategias.

Referencias e información adicional:

– Gil-Monte, P.R. (2005). El síndrome de quemarse por el trabajo (burnout). Madrid: Ediciones Pirámide. – Polo Vargas, J.D., Briñez, V.S., Navarro Segura, M.C., Alí Nieto, A. (2016). Creencias irracionales, síndrome de burnout y adicción al trabajo en las organizaciones. Psicogente, 19(35), 148-160. – Ramos, F. Buendía, J. (2001). El síndrome de burnout: concepto, evaluación y tratamiento. A J. Buendía (coord.), Empleo, estrés y salud (pp.33-53). Madrid: Psicología Pirámide.