#HazTuAlegato: No permitáis que os infravaloren

MW; Abogada

Después de varios días pensando cómo hacer mi alegato de mi experiencia como abogada, he pensado que la mejor manera era contarla de una manera constructiva y no destructiva. Creo que se avecinan cambios, y el motivo de dar a conocer hechos negativos que pasan en nuestra profesión no sea desde una vertiente acusatoria, sino al contrario, exponerlos para prevenir que nuestros compañeros no tengan que pasar por ello o ayudarles a tomar decisiones valientes para mejorar sus condiciones y por tanto su bienestar.

Tengo 28 años, trabajo en el ámbito jurídico desde hace 5 años. Comencé con un contrato de prácticas como becaria, cuya duración fue aproximadamente de 2 años. Aprendí bastante, ya que sólo estaba el titular del despacho y yo. Estaba contenta a pesar de que trabajaba a jornada completa y ganaba un salario muy por debajo del SMI; el problema vino cuando no sólo ejercía de abogada, sino también de secretaria, recepcionista, limpieza del despacho, etcétera. Al comienzo acepté hacer todas esas funciones añadidas, no propias de mi formación, porque de forma generalizada me comentaban que “¡los comienzos son duros!¡Es lo que hay”, “los becarios hacen eso y da gracias que estás aprendiendo y que te paguen algo!”. Y la verdad es que cuando la mayoría dice que has de pasar por eso, desde ahora mismo, afirmo que NO debería ser así y no se ha de consentir estos abusos, como hice yo por miedo, por inexperiencia, por inseguridad, por escuchar a los demás…

 Mi siguiente trabajo fue en una empresa que daba servicios jurídicos a una conocida entidad bancaria. Me ofrecían mayor sueldo, con pagas extras, y pensé que, aunque mi contrato pondría “auxiliar administrativa” -siendo ya abogada ejerciente, requisito que solicitaban-, al menos llegaría a final de mes. Entré con la confianza de que haría funciones más jurídicas tal como me comentaron en la entrevista y para mi sorpresa, a medida que iba pasando el tiempo, me di cuenta de que jurídico era más bien poco. Era todo automatizado, introduciendo datos. Al final, todos mis compañeros abogados, que hicimos una gran piña, fuimos saliendo uno a uno. Los que han trabajado en una empresa que su cliente principal es un Banco sabrán de lo que les hablo.

Mi siguiente parada, tras la desesperación de encontrar un nuevo sitio donde poder ejercer, fue un despacho pequeño, que llevaban casos de mi especialidad, en el cual me ofrecieron ser autónoma, con un salario muy bajo, sin contar que tenía que pagar por mi cuenta la Seguridad Social, la cuota de colegiada, el IVA, etcétera; 9 horas de trabajo diario y que llegaban a 10-11 horas dependiendo el día y con la condición que pasados aproximadamente 12 meses me aumentarían el sueldo. Bueno, seré sincera. Era falsa autónoma, como muchos abogados jóvenes de Barcelona. Mis ingresos eran mínimos. En esa época, estaba haciendo un Máster y además hacía unos meses que me había independizado. Empecé a dar clases a alumnos de derecho y a llevar casos por mi cuenta para llegar a final de mes. Total, que entre una cosa y otra, acabé trabajando de lunes a lunes, más de 12 horas diarias.

 Cuando llegó el día esperado de pedir mi aumento de sueldo, la respuesta de mi jefe fue “no te aumentaré el sueldo ahora, pero en 4 meses volvemos hablar, y valoro si te aumento el sueldo o no”. Era claro que me había creído lo del aumento del sueldo.

 Aquí, en este preciso momento, me di cuenta de que había sido utilizada y que lo seguiría siendo si permanecía ahí. Llevaba casos de forma totalmente autónoma, sin necesidad de revisión y cobraba un sueldo que no llegaba ni por asomo al salario mínimo establecido en ese momento. Gente conocida mía, sin formación, que hacía igual o menos horas que yo, tenía un “sueldo normal” y estaba contratada laboralmente. No veía justa mi situación, después de mi jornada, tener que seguir trabajando en mi casa en otros asuntos o haciendo clases a alumnos para llegar apenas a final de mes.

 Cuando abrí los ojos, y junté todas mis experiencias en el ámbito jurídico, llegué a una conclusión: que había sido más valorada en trabajos que no exigían formación. Valorada en sueldo y valorada en el sentido que mis funciones eran las indicadas en el contrato laboral, ni más ni menos. ¡Y que los abogados jóvenes estábamos muy desprotegidos!

Todo esto, me hizo preguntarme si elegí bien mi profesión, si todos teníamos que pasar por estas situaciones hasta ser valorados, si realmente valía, y una gran lista de inseguridades e inquietudes que me hacían darme cuenta del mundo hipócrita que me rodeaba. Explicamos las leyes pero no las aplicamos.

Muchos de mis conocidos abogados, compañeros de Universidad y de antiguos trabajos habían desistido en el camino de ejercer y se encontraban trabajando en empresas, opositando, etcétera. Pero mi deseo y mi objetivo era ser una buena abogada, ser valorada profesionalmente de acuerdo con mi formación y vivir de ello. Al menos me conformaba con un sueldo digno.

 Como consecuencia de todo ello, se arraigó en mí un sentimiento muy grande de frustración y, añadiendo el estrés al que estaba sometida por todas las horas que trabajaba que ni desconectaba, empecé un período de ansiedad, el cuál duró 1 año. Nunca en mi vida había tenido ansiedad, pero me salió todo de golpe y fue uno de los años peores que recuerdo.

 Actualmente, gracias a mi gente, he pasado esa ansiedad y después de pasar lo malo, es cuando tienes más visión y sabes lo que mereces y lo que no, lo que has de aguantar en esta profesión y lo que no. Para todo hay un límite y todos tenemos un tope.

No he querido indicar mi nombre porque no es la finalidad denunciar a las personas que no hicieron lo que moralmente y legalmente corresponde. Mi finalidad es que con este alegato ayude a otros y tomemos consciencia todos de lo que está pasando a nuestro alrededor. Pasa a diario a muchas personas, pero lo aceptamos o hacemos la vista a otro lado.

Por todo ello, a mis compañeros jóvenes y no jóvenes que estén pasando por una situación difícil en el ámbito laboral, os recomiendo que:

  • No permitáis que os utilicen, que os engañen, que os vendan la idea que vuestro salario es ínfimo porque no sabéis suficiente; cuando luego ni están por ti. No permitáis que os tengan como falsos autónomos. No permitáis que os infravaloren. No lo hagáis, porque luego puede pasaros factura en vuestra salud, en vuestras relaciones; en todo vuestro bienestar. Y sinceramente, la vida pasa volando.
  •  Negociar las condiciones; haceros valer y ser valientes. Y si deseáis volar, e iniciar por vuestra cuenta, volar.

 Sinceramente, espero que con el Instituto de la Salud Mental de la Abogacía se puedan crear vínculos positivos tanto para compañeros que lo estén pasando mal y no saben adónde asistir, como para los despachos, a los cuales se conciencie de que las malas condiciones cuando se ofrecen pueden hacer mucho daño a la salud de los compañeros y a la honradez del colectivo en sí.

Juristas, prediquemos con el ejemplo.

 

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