Lluc Pol Bonnín

Colaborador del ISMA

Mucha calle que recorrer

Áspera superficie la de la calle,

alma de cemento,

pisoteada todos los días aguanta,

callada, firme y magnifica el sufrimiento.

Sus rincones cuentan la historia de los demás,

sus desagües orientan el agua que ella nunca beberá.

Y, aun así, cada mañana, cada tarde, cada noche

por y para nosotros allí está.

Ella sólo cuando llueve llora,

no deja que la vean mojar las parcelas de sus mejillas,

no da pie a que le puedan preguntar ¿por qué lloras calle mía?

Si yo, sin querer, un día de tormenta la oigo estremecer,

si un día mojada me mira,

me quitaré los zapatos para no pisotearla más,

me agacharé y le diré:

¡gracias!

Gracias por guiar mi vida.

Un día larguísimo de hace cinco años, salieron estos versos de mi cabeza para poner palabras a una situación de máxima frustración profesional, tras cuatro años de rutinas maratonianas autoimpuestas, perdí muchísimo peso, acumulé cansancio y ansiedad, sentía que no era suficiente el esfuerzo realizado, que nunca era suficiente, que la competencia era feroz, que había que esforzarse más y más. El fin del esfuerzo no era ya la satisfacción, sino el mantenimiento de una posición que consideraba mínima e inmodificable. La distorsión cognitiva conseguía que los resultados académicos o los mensajes de enhorabuena del profesorado no representaran siquiera un aliciente, a penas pisaba la calle, era demasiado y tuve que frenar.

A pesar de la situación de tensión descrita -una de tantas situaciones de malestar emocional que viven muchos compañeros y compañeras de profesión- me di cuenta, hace ya bastantes años, de que me apasiona el derecho. Si tuviera que destacar uno de los motivos, seguramente me quedaría con la capacidad de racionalización que aporta, la posibilidad de definir una situación y otorgarle una regulación, de encauzar en un camino la realidad.

Hace tan sólo cuatro años que terminé el grado en derecho y, por tanto, asumo que habrá todavía muchas situaciones que se me escapan. Sin embargo, otras puedo verlas con claridad. Y pienso que quién conozca y aprecie el sector sabrá que hay mucha calle que recorrer

Así que, no quisiera terminar esta reflexión sin apuntar algunas cuestiones que están trazando una nueva forma de entender las profesiones de nuestro sector y que, estoy convencido, jugarán un papel esencial a la hora de mejorar el entorno profesional:

– Trabajar en el sector jurídico no significa no tener vida. Hay que analizar la forma en que trabajamos y preguntarnos: ¿es la más eficiente? ¿Cómo puedo mejorarla? Tenemos o deberíamos permitirnos tener jornadas máximas, descansos y mayores facilidades para conciliar la vida profesional y la vida personal o familiar.

Además, hay que reflexionar de forma muy especial sobre lo que estamos permitiendo en el mercado de trabajo de los profesionales recién graduados, la práctica de ofertar empleos sin retribución no se puede sostener más. No son mano de obra gratis, ni son competencia, son compañeros y compañeras que pueden aportar muchísimo y necesitan confianza para desarrollarse profesionalmente.

– La forma de transmitir el conocimiento ha cambiado: Ser más cercanos, prácticos y comprensibles no significa perder el rigor por el camino, más al contrario demuestra capacidad para hacer sencillo lo complejo y no sólo me refiero a potenciales clientes, sino también a cómo entender nuestra formación.

– La transformación digital será una necesidad: la tecnología puede producir vértigo en un primer contacto, pero hay que afianzar la amistad con ella en todo aquello que tenga sentido. Para mí nunca ha sido un fin, sino una herramienta y ahora su utilidad está fuera de toda duda. Sólo por citar algunas virtudes, permite: la optimización de tareas, aumentar la satisfacción del cliente, controlar la producción y el análisis de la información, flexibilizar la forma de trabajar, etc.

– El bienestar en la profesión es esencial: es una cuestión de primera necesidad. Si yo hubiera tenido la posibilidad de compartir con otros profesionales cómo me sentía al finalizar el grado lo hubiera hecho, creo que es esencial concienciar sobre las consecuencias de una mala gestión del bienestar profesional o estudiantil.

No cabe duda de que la labor de ISMA es mucho más ambiciosa, pero para mí la posibilidad de exigir a nuestras universidades, empresas y entornos profesionales que respeten unos estándares mínimos de bienestar, sería ya un triunfo sin precedentes. A mis ojos sería como una suerte de consumo responsable del mercado de trabajo, quiero ir al que tenga las mejores condiciones a todos los niveles. En relación con ello, la semana pasada leía sobre un proyecto de negocio de una antigua compañera de grado, basado en la valoración anónima de la reputación laboral y que tiene por eslogan: “Si la empresa cuida de sus trabajadores, ellos cuidarán de sus clientes” creo que ese es el camino a seguir.

– Los profesionales del sector jurídico no debemos ser necesariamente personas con semblante serio, que se presenten siempre “bien planchadas” y mantengan una distinción a la hora de vestir o de actuar: La confianza y la profesionalidad deben mantenerse intactas, faltaría más, y, evidentemente, hay cierto punto de control sobre ese aspecto (a nadie se le debería ocurrir ir en chanclas y bañador a una reunión) pero eso no requiere formalismos excesivos como, por ejemplo, elegir el tipo y color de la prenda. Este tipo de prácticas, en mi opinión, coartan la libertad del personal y agrandan la distancia entre cliente y profesional.

 – El derecho puede contribuir a la transformación social: Son muchos los sectores que requieren compensar la “pata jurídica” de la mesa, a veces la formación jurídica puede ser una herramienta necesaria para desarrollar proyectos que no son jurídicos. En ellos habrá que perder el miedo a colaborar con otras profesiones, un equipo multidisciplinar es un entorno fantástico para aprender.

En definitiva, hay mucho por hacer, a todas horas están brotando iniciativas y proyectos con potencial para mejorar el statu quo profesional de quienes que por suerte nos dedicamos, sea de la forma que sea, al derecho. Sin duda ISMA es una de esas iniciativas en las que uno se siente orgulloso de poder colaborar.