Emiliano Cánovas

Colaborador del ISMA

“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”

Eduardo Galeano

Éste es el primero de una serie de artículos en los que se analizará la situación de la abogacía española desde una perspectiva personal. En este primero, se trata de ofrecer una visión holística del proyecto que lleva a cabo la Asociación.

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Si uno pudiese analizar con detalle la historia personal de aquellos que han impulsado un gran cambio, bien sea social, político, cultural o de cualquier tipo, necesariamente percibiría que, en ninguna circunstancia, se vieron intimidados o amedrentados por el miedo.

Para ilustrar la anterior afirmación, me gustaría dedicarle unas líneas a Emmeline Pankhurst, activista política británica y líder del movimiento sufragista, que fundó en 1903 la Unión Social y Política de las Mujeres (Women’s Social and Political Union) y fue motor principal para conseguir el derecho al voto femenino en el siglo XX.

Nacida en una familia humilde y en un entorno socioeconómico delicado, que más tarde se vería agravado por la Primera Guerra Mundial, las premisas desde las que partía Emmeline Pankhurst, no eran las más alentadoras.

No pocas fueron las ocasiones en las que las integrantes de la Unión Social y Política de las Mujeres (incluida Emmeline Pankhurst) fueron encarceladas en condiciones deleznables; y a pesar de ello, nunca cesaron en su empeño de conseguir el sufragio femenino.

La idea que subyace de este breve viaje por la historia es que el miedo no ha de ser un paralizador del cambio.

El ejercicio de la abogacía, en su acepción más amplia, conlleva una enorme responsabilidad y un estrés que, de no ser gestionado correctamente, puede derivar en problemas de salud (tanto físicos, como mentales).

Es por ello por lo que tenemos que aunar fuerzas entre todos los integrantes de este colectivo (y en mi humilde opinión, de la sociedad) para luchar por conseguir medidas que promuevan la conciliación laboral y familiar, así como medidas que promuevan la salud física y mental de los profesionales y estudiantes del derecho.

La primera vez que leí sobre la Asociación de la que formo parte (en una ínfima proporción) fue en el artículo publicado por Pedro del Rosal ¿Contratarían los bufetes a un abogado que, en la entrevista, revela un trastorno mental?.

Ese mismo día, minutos después de leer el artículo, escribí a Manel Atserias, presidente y fundador de la Asociación, pero por encima de todo, una persona de gran corazón y con una visión y una misión muy claras de lo que quiere cambiar y por qué.

Apenas un intercambio de opiniones me bastó para entender que gente como Manel es absolutamente imprescindible para llevar a cabo una labor tan encomiable y necesaria como la que promueve el Instituto de Salud Mental de la Abogacía.

No se trata de buscar soluciones cortoplacistas, ni de ponerse únicamente del lado de los trabajadores (ya que, en este caso concreto, no hay lado sobre el que posicionarse, sino que simplemente se trata de buscar el mayor beneficio común).

De lo que se trata es de encontrar un equilibrio entre las obligaciones y los derechos que favorezca a la relación entre empleados y empleadores y a su vez, se consigan fomentar hábitos saludables que prolonguen y mejoren las relaciones laborales y personales.

Son muchos los compañeros y compañeras que se han acercado a mí para conocer con mayor detalle las propuestas y los servicios que se promueven desde la Asociación y el sentir general es, que hay un margen de mejora muy amplio.

Si bien es cierto que hay parte del sector jurídico que ya está llevando a cabo iniciativas y campañas de sensibilización en aspectos de salud de los empleados y de realización en el puesto de trabajo, no menos cierto es que no son la mayoría.

Cierto es que se están realizando colaboraciones con diferentes ONGs, haciendo campañas de recogidas de alimentos, promoviendo jornadas intensivas, así como dando la posibilidad de trabajar desde casa, aprovechando los increíbles avances tecnológicos con los que estamos creciendo como sociedad y como impulsores económicos.

Pero no debemos caer en la falsa premisa de que ya llevamos mucho camino recorrido, ya que, como comentaba, el margen de mejora es todavía muy amplio y las políticas de sensibilización en temas de salud (tanto mental, como física) aún distan mucho de otros países como Reino Unido o Estados Unidos.

Sam Cooke compuso (y brillantemente cantó) un himno al cambio titulado “A change is gonna come” y estoy convencido de que con el esfuerzo y la pasión con el que se está trabajando desde la Asociación, tarde o temprano ese cambio llegará al sector jurídico.