La importancia del bienestar de la abogacía

La importancia del bienestar de la abogacía

Mckenzie Cross

Staff

Nota: la autora hace referencia a episodios acaecidos en Estados Unidos.

En los últimos meses, los profesionales se han vuelto más conscientes de los problemas de salud mental dentro de la profesión legal. El aumento de la depresión, la ansiedad y el estrés está provocando preocupación en la comunidad de abogados. Un líder mundial, Paul Rawlinson, se pidió un tiempo de descanso a principios de octubre de este año. Rawlinson era el presidente de la exitosa firma Baker McKenzie. Ha sido presidente durante dos años y durante ese período ha sido testigo de un crecimiento dentro de la empresa. Baker McKenzie anunció un aumento del ocho por ciento en los ingresos brutos de 2017 a 2018. No sólo recaudaron ingresos brutos, sino que también reportaron un aumento significativo del 14% en las ganancias por cada socio de capital (1). Aparentemente exitoso, el anuncio de Rawlinson de irse sorprendió a la gente de la comunidad, sin embargo, con el éxito viene el estrés. La firma emitió una declaración en la que afirmaba: «El Presidente Global de Baker McKenzie, Paul Rawlinson, ha anunciado que se retirará de sus responsabilidades cotidianas y que se tomará un permiso temporal para centrarse en un problema médico personal. (2) Un permiso de agotamiento puede no parecer una necesidad moribunda de tomar en serio la enfermedad mental, sin embargo, ponerlo junto con alguien tan importante y exitoso como Rawlinson y otros casos de enfermedad mental entre los abogados y se convierte en un tema más amplio.

El 14 de octubre de 2018 en Los Ángeles, California, el conocido abogado Gabriel MacConaill fue encontrado muerto en su auto por una herida de bala autoinfligida en la cabeza. Al igual que Rawlinson, MacConaill tuvo mucho éxito en su carrera. En 2009 McConaill, se unió a la práctica de Sidley Austin en Los Ángeles. Para 2014, se había convertido en socio y estaba construyendo una impresionante cartera de clientes. Aparentemente feliz y exitoso, fue un shock ver lo mucho que luchaba internamente. La enfermedad mental no es algo que se reconoce muy a menudo en la profesión legal, pero es un problema cada vez más grande.

En agosto de este año, Bruce Wickersham cometió otro suicidio entre su pareja. Era socio en la oficina de Boston de DLA Piper. Los suicidios están ocurriendo en todo el país entre los abogados. En Chicago, Stewart Dolin, un socio de fusiones y adquisiciones de Reed Smith, se suicidó saltando enfrente de un tren en movimiento. Estos son sólo unos pocos casos entre muchos que ocurren en todo el mundo. La pregunta es, ¿por qué no se conoce más ampliamente esta cuestión? La respuesta, miedo al estigma.

Un estudio muestra que el 28% de los abogados reportaron que lucharon con algún tipo de depresión en los últimos 12 meses. Esto es cuatro veces más alto que el promedio nacional. Aún más preocupante es que el 61% admitió sentirse deprimido en algún momento de su carrera. Es decir, diez veces la media nacional (3). Teniendo en cuenta estas cifras, tenemos que llegar a la conclusión de que dentro de la profesión legal hay una epidemia. Sin embargo, esa epidemia también se extiende a los estudiantes de derecho. La Encuesta sobre el Bienestar de los Estudiantes de Derecho y la Renuencia de los Estudiantes de Derecho a Buscar Ayuda por el Uso de Sustancias y Preocupaciones de Salud Mental reportó números destacables no sólo en temas de salud mental sino también en el abuso de sustancias. Sin embargo, uno de los puntos más interesantes del estudio es la razón por la que los estudiantes no informaron haber tenido un problema. El 63% de los estudiantes dijeron que temían no ser admitidos en el Colegio de Abogados si denunciaban un problema de abuso de sustancias; el 43% compartían el mismo temor si declaraban tener un problema de salud mental (4).

Sin embargo, el informe muestra claramente el estigma en torno a la salud mental, lo que no es motivo para dejarlo sin resolver. La manera más fácil de ayudar a los que sufren es hacerles saber que no están solos. Hay sitios web y líneas directas que pueden ayudarles a lidiar con la presión y el estrés que pueden estar sufriendo en su trabajo. La enfermedad mental es un problema que nunca desaparecerá por completo, pero con la ayuda de la comunidad, los seres queridos y el reconocimiento de los bufetes de abogados, podemos encontrar mejores maneras de afrontarlo.


(1) Walker, Rose. “Baker McKenzie Leader to Temporarily Step Down Due to Exhaustion.” The Legal Intelligencer. October 22, 2018. Accessed December 03, 2018. https://www.law.com/international/2018/10/22/baker-mckenzie-chairman-paul-rawlinson-to-temporarily-step-down-from-role-396-8258/.

(2) Rubino, Kathryn. “Global Chair Of Biglaw Firm Taking Temporary Leave Due To Exhaustion.” Above the Law. October 22, 2018. Accessed December 03, 2018. https://abovethelaw.com/2018/10/global-chair-of-biglaw-firm-taking-temporary-leave-due-to-exhaustion/.

(3)Dan. “Why We Need to Talk About Lawyers’ Mental Health Now.” Lawyers With Depression. September 23, 2018. Accessed December 03, 2018. http://www.lawyerswithdepression.com/articles/why-we-need-to-talk-about-lawyers-mental-health-now/.

(4) Organ, Jerome M., David B. Jaffe, and Katherine M. Bender. “Suffering in Silence: The Survey of Law Student Well-Being and the Reluctance of Law Students to Seek Help for Substance Use and Mental Health Concerns.” Journal of Legal Education. Accessed December 03, 2018. https://jle.aals.org/home/vol66/iss1/13/ .

Abogado, ¿tienes clientes problemáticos?

Abogado, ¿tienes clientes problemáticos?

Por Óscar Fernández León (@oscarleon_abog)

Miembro del Comité de Bienestar del ISMA

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Clientes, como abogados, los hay de diversa naturaleza, lo que implica que el abogado, obligado a mantener una relación constante con aquéllos, debe saber cómo manejar las diversas interacciones con el fin de asegurarse que entre ambos se forme un verdadero equipo que favorezca la consecución del principal objetivo: la prestación del mejor asesoramiento o defensa.

Sin embargo, alcanzar dicho fin no es fácil, pues todos los abogados hemos tenido clientes problemáticos (aquellos que no entienden los límites existentes en la relación profesional), lo cual constituye, en la mayoría de las ocasiones, un verdadero lastre para el adecuado desarrollo de la misma.

Partiendo de esta base, dedicaremos el presente post a analizar las categorías más habituales de este tipo de clientes, para a continuación ofrecer algunas medidas generales para evitar que dicha condición pueda dinamitar la relación profesional. Vaya por delante mi máximo respeto y aprecio por los clientes, a los que he dedicado numerosos post resaltando su importancia y valor (véase http://oscarleon.es/por-que-son-tan-importantes-los-clientes-para-el-abogado-diez-razones-desde-el-corazon/), lo que no quita que la experiencia nos demuestre situaciones patológicas que, por el bien de la relación profesional, hemos de evitar.

Los clientes problemáticos

Entre las conductas más paradigmáticas de cliente problemático encontramos las siguientes:

El cliente con expectativas erróneas: En esta categoría de clientes incluimos a aquellos que mantienen unas expectativas del servicio que van a recibir muy superiores a las que realmente puede ofrecer el abogado. Estas expectativas pueden afectar al servicio (tiempos de atención y respuesta al cliente; abogado que lo va atender, necesidad de información permanente), al tiempo de prestación del servicio (¡esto es para ayer!), a los costes del servicio (¡yo pensaba que esto estaba incluido en la minuta!, o al resultado del servicio (¡se ha perdido el asunto y por tanto aquí hay una responsabilidad!).

El cliente irrespetuoso: Se caracteriza por no tener un comportamiento educado con su abogado. Aun conociendo las reglas de funcionamiento del despacho y el proceso de prestación del servicio, es muy exigente, tiene malas formas y no suele apreciar el trabajo del abogado. No respeta nuestro tiempo pero tampoco quiere pagar por él. Para él, si el asunto se gana, es su mérito, si se pierde, es demérito del abogado. Siempre será crítico con el trabajo del abogado y cualquier contacto entre ambos será siempre desagradable para el éste.

El cliente vindicativo: Son clientes que se caracterizan por contratar los servicios de un abogado con el fin de hacer daño a otra persona o entidad, bien al pretender canalizar su agresividad a través de acciones judiciales sin sentido, o por el mero hecho de hacer desgraciada a otra persona con el fin de saldar una deuda. En ambos casos, el cliente nunca busca un fin positivo o justo, sino que utiliza al abogado como un ariete contra los demás, arma que, probablemente, con el paso del tiempo podrá volverse contra el propio profesional. Generalmente, trata de imponer su criterio al abogado, aunque sea un verdadero despropósito.

El insatisfecho: Este cliente nunca estará contento con la prestación del servicio, de manera que aunque el abogado realice un trabajo de calidad más económico o más rápido (que supere las expectativas iniciales), éste siempre buscará algún motivo para quejarse, lo que produce una importante frustración en el abogado, que nunca verá apreciados sus servicios y esfuerzos por contentarlo. Aquí podemos incluir al cliente que no está dispuesto a pagar lo que vale el trabajo y no se cansará de buscar una rebaja o, de no conseguirlo, tener afilada la espada para exigir todo lo que pueda al profesional por el sobreesfuerzo económico realizado.

El oscuro: Este es sumamente peligroso, ya que tiene una tendencia no solo a no contar todos los hechos al abogado (omitiendo normalmente los esenciales) sino que además no le importa mentir para que el abogado actúe siguiendo el patrón mental que él ya tiene establecido para su temeraria defensa. Con independencia del descrédito que supone para el abogado quedar al descubierto cuando la otra parte o el Juzgado exponen la realidad y la dificultad que entraña la defensa de estos asuntos, el peligro de este cliente es que con su conducta puede involucrar al abogado en alguna infracción deontológica o incluso criminal, que, por cierto, poco le importará al cliente.

El cliente-abogado: Se caracteriza por pasar por alto la jerarquía profesional existente entre abogado y cliente, imponiendo su derecho a dictar a aquél la estrategia a seguir, contrariándose en caso de que este cuestione o no siga sus preclaras instrucciones.

¿Cómo podemos evitar que durante la relación profesional surjan estas conductas?

La respuesta no es otra que la prevención, y con ello nos referimos a una labor de información que deberá realizar el abogado en las primeras fases de la relación profesional a fin de evitar que el cliente vea normal actuar de forma incorrecta. Para ello, habremos de desarrollar una labor pedagógica en la que destacan las siguientes medidas:

1ª.- Explicarle en qué consiste nuestra actividad profesional y cómo se desarrollará en el caso concreto.

2º.- Crear unas expectativas reales. Para ello le preguntaremos qué espera de nosotros y le expondremos lo que puede lograrse y las limitaciones que nos encontraremos para ello.

3º.- Describirle las reglas de funcionamiento de la relación profesional y de nuestro despacho (horarios, accesibilidad, cita previa, llamadas, honorarios, uso del móvil y  whatsapp, etc.).

.- Mantener nuestra independencia ante el cliente y marcar claramente las reglas de la forma de trabajo.

5º.- Documentar constantemente las interacciones con el cliente, desde la hoja de encargo (imprescindible en estos casos), hasta las llamadas, mensajes de voz, etc. y confirmar sus instrucciones por escrito o enviarle resúmenes de las actuaciones que realicemos o, ante una decisión suya, pedirle por escrito esas instrucciones. En estos casos, no podemos obviar la práctica de dejar recibo firmado de toda la documentación recibida o entregada. En definitiva, a mayor información escrita, menos riesgos de controversias y malentendidos.

Cuestión distinta es que, al comenzar la relación, el abogado prescinda del uso de estas medidas y a lo largo de la relación surjan estas conductas. En tales casos (en los que la responsabilidad de esta situación corresponde en gran medida al propio abogado), toca encauzar la relación y realizar sobre la marcha un proceso de reciclaje siguiendo las pautas anteriores, lo que obviamente va a ser más difícil pues estamos en un escenario ya de por si viciado.

Si la relación finalmente deriva hacía una situación insostenible, y con ello nos referimos a que a pesar de nuestros esfuerzos sigue generándose malestar, temor, incomodidad, preocupación constante, es momento de tomar la decisión final que no es otra que cesar la relación profesional. Para ello, actuaremos amparados por lo dispuesto en el artículo 13. 3 del Código Deontológico de la Abogacía Española que establece que el abogado tendrá plena libertad para aceptar o rechazar el asunto en que se solicite su intervención, sin necesidad de justificar su decisión (igualmente, el abogado podrá abstenerse o cesar en la intervención cuando surjan discrepancias con el cliente. Deberá hacerlo siempre que concurran circunstancias que puedan afectar a su plena libertad e independencia en la defensa o a la obligación de secreto profesional).

Por lo tanto, la prevención, las medidas de reciclaje o cese de la relación son las herramientas de las que dispone el abogado para imponer la indispensable cordura que toda relación profesional abogado-cliente merece y necesita.

Naturalmente, todo lo expuesto hasta ahora queda muy bien sobre el papel, pero en realidad es muy difícil llevarlo a cabo. Todos conocemos el valor de un cliente, y somos conscientes de que la regla general es plegarnos a sus peticiones por más que perjudique nuestra forma de trabajar. Sin embargo, si reflexionamos seriamente sobre esta cuestión, concluiremos que el daño potencial que una relación viciada puede producir sobre en el abogado no es compensable por cantidad alguna, por lo que es recomendable evitar males mayores a tiempo. No obstante, por mi experiencia, el cliente, si bien al principio es reticente a someterse a nuestras reglas, en la mayoría de los casos agradece la transparencia que supone dejar claras las cosas desde el principio, limitándose los casos patológicos a supuestos excepcionales.

Género y Bienestar: dos variables indisociables

Género y Bienestar: dos variables indisociables

Manel Atserias Luque

Presidente del ISMA

Cuando concebimos el Instituto de Salud Mental de la Abogacía (ISMA), tuvimos claro que uno de nuestros principales objetivos, enmarcado en la fase de la promoción del bienestar, sería el de fomentar el liderazgo femenino en las profesiones jurídicas y romper con el denominado techo de cristal existente en este sector [1].

Y es que los resultados del estudio “La igualdad de género en la Abogacía Española: la evaluación actual de las abogadas y los abogados”, realizado por Metroscopia en octubre de 2017, constataban lo que ya ocurre en otros sectores profesionales: las mujeres (en este caso, las abogadas) no tienen las mismas oportunidades que los hombres para ocupar puestos de responsabilidad en su respectiva firma.

Durante estos meses, he tenido la oportunidad de reunirme con muchas abogadas y abogados. El propósito de estas conversaciones es conocer su día a día como profesionales del Derecho. Pero no desde una perspectiva técnico-jurídica, sino de salud o emocional. Cuestiones como «¿Duermes bien?», «¿Tus jefes, compañeros/as o clientes te tratan bien?», «¿Estás estresado/a o tienes ansiedad?», «¿Te has sentido acosado/a discriminado/a por parte de algún compañero/a?», «¿Has pedido ayuda a la firma, compañero/a o profesional?» o, simplemente, un «¿Cómo estás?» ―pero no el protocolario o automático, sino el de mirar fijamente a la otra persona y esperar a que responda con calma― son preguntas frecuentes en estos encuentros.

En el caso de las compañeras, siempre quiero ahondar un poco más en el ámbito del género: si han sido víctimas de acoso o de comportamientos machistas por parte de compañeros, jefes o clientes; si han tenido que decidir entre ser madre o seguir con su carrera profesional; entre otras cuestiones. Y es entonces cuando emerge una realidad paralela, la cual, ha permanecido oculta hasta fechas recientes.

A diferencia de ellos, ellas viven otra injusticia por el mero hecho de ser mujeres. La brecha salarial [2], las dificultades en conciliar (y el cómo les penaliza en su progresión profesional) y el techo de cristal (insoportable en el caso de los grandes despachos) son muestras claras.

Eso es lo que he podido comprobar durante todos estos meses. Cuando sustituimos los números por experiencias propias de abogadas, es inevitable que uno no experimente un mayor sentimiento de impotencia e indignación. Ellas lo padecen y las consecuencias, en términos de salud, son devastadoras.

Por este motivo, cuando hablamos de bienestar, el género siempre estará presente en nuestras actividades. Es de justicia. 

—-

[1] Art. 3.f Estatutos

[2] Estudio: «Las abogadas españolas contarían hoy, de media y de forma aproximada, con unos ingresos mensuales 450 euros inferiores a los de sus compañeros abogados”. En este sentido, “la mayoría de las mujeres (63%) percibe unas retribuciones por debajo de la mediana de ingresos (1750€), mientras que los hombres son algo menos de la mitad (48%)».

David Jaffe: un modelo a seguir

David Jaffe: un modelo a seguir

From left to right: Mckenzie Cross (staff), Manel Atserias Luque (president), Ferran Garcia de Palau Garcia-Faria (Well-Being Committee), David Jaffe (Associate Dean of Student Affairs of the American University Washington College of Law), Gabriela Boldó Prats (Well-Being Committee) y Albert Ruda (Dean of University of Girona Law School).

Mckenzie  Cross

Staff

En 2014, David Jaffe fue uno de los tres profesionales que puso en marcha un cambio en la forma en que vemos la salud mental entre los profesionales del derecho. Se graduó en 1993 de la American University, Washington College of Law con su licenciatura en Derecho. Es Decano de Asuntos Estudiantiles desde 1997. Cualquiera que tenga el honor de conocerlo puede apreciar inmediatamente el amor y la dedicación que tiene no sólo a su trabajo sino también a los estudiantes que encuentra. Pude escucharle hablar en una conferencia en Girona, España, y aprender sobre el estudio del que era parte.

El artículo, «Suffering in Silence: The Survey of Law Student Well-Being and the Reluctance of Law Students to Seek Help for Substance Use and Mental Health Concerns«, fueron los resultados de la Encuesta sobre el bienestar de los estudiantes de derecho (Survey of Law Student Well-Being, SLSWB). En el estudio participaron 3.300 estudiantes de quince facultades de derecho diferentes. Fue el primer estudio multiescolar sobre el consumo de alcohol y drogas callejeras por parte de estudiantes de derecho en veinte años, y el primer estudio en el que se abordó el uso de medicamentos recetados. El estudio está permitiendo que la sociedad reconozca que la salud mental dentro de los estudiantes de derecho es un tema que necesita ser abordado y resuelto.

Los resultados del estudio mostraron un número asombroso de estudiantes que luchan contra la enfermedad mental. Sin embargo, el estudio también mostró cómo esos estudiantes creían que su enfermedad mental sería percibida por el personal de su universidad, así como por la American Bar Association. El estudio informó que el cincuenta y tres por ciento de los estudiantes de derecho bebieron lo suficiente para emborracharse en los últimos treinta días. El 17% de los estudiantes padecían síntomas de depresión, y un 37% experimentaban episodios de ansiedad. Con números tan altos, es increíble que no se hubiera dado a conocer mejor el problema; sin embargo, las universidades no pueden ayudar a los estudiantes si no se acercan. El estudio mostró que sólo el 4% de los encuestados buscaron ayuda profesional para el abuso de drogas y alcohol. El 63% de los estudiantes dijeron que temían que hubiera un problema con su admisión al colegio de abogados si buscaban ayuda para el abuso de alcohol y drogas. Sin embargo, el porcentaje es sólo un poco menor, con un 45% temiendo las mismas repercusiones si se presentaban con un problema de salud mental. El estudio muestra muchas cuestiones diferentes entre los estudiantes de derecho; sin embargo, la parte más impresionante del trabajo de Jaffe no fue el estudio, sino su dedicación a encontrar soluciones.

El artículo «Suffering in silence» identifica algunas acciones que se podrían llevar a cabo para ayudar a los estudiantes. Una de las actividades más importantes fue que los profesores tuvieran políticas estrictas de asistencia. Esto ayudará a la facultad a buscar señales de advertencia, como la ausencia inesperada del estudiante en las clases o la llegada tardía sin previo aviso – también la política de que los miembros de la facultad deben asistir a un entrenamiento regular sobre cómo identificar las señales de advertencia de los problemas de salud mental. Un miembro de la facultad que pueda reconocer comportamientos extraños y acercarse al estudiante con una actitud sin prejuicios y que escuche, obtendrá una mejor respuesta de aquellos estudiantes que buscan ayuda por su cuenta. Otra acción de la que habló David Jaffe en la conferencia fue hacer obligatorio un curso sobre drogas y alcohol para los estudiantes de derecho que se incorporan. Esto podría ayudar a los estudiantes a conocer los riesgos de sus comportamientos, así como entender que la universidad se preocupa por su seguridad y salud.

La salud mental entre los estudiantes de derecho es un problema creciente. Con la ayuda de personas como David Jaffe y otros, podemos ayudar a poner en marcha políticas y acciones para ayudarles. Los estudiantes necesitan saber que no están solos y que la forma en cómo se sienten no es su culpa, ser compasivos y trabajar para que se sientan cómodos y no juzgados ayudará a revertir esta epidemia.                       

El abogado “enferma” cuando se implica demasiado con su cliente

El abogado “enferma” cuando se implica demasiado con su cliente

Por Óscar Fernández León (@oscarleon_abog)

Miembro del Comité de Bienestar del ISMA

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Decía don Manuel Cortina “los pleitos hay que vivirlos como propios y sentirlos como ajenos”, frase proverbial que recoge un principio esencial en la práctica profesional de todo abogado: no podemos implicarnos emocionalmente en la defensa de los intereses de nuestros clientes. Sin embargo, la realidad es que muchos abogados incumplen inconscientemente dicha regla, y, quizás sin saberlo, al implicarse demasiado pueden llegar a sufrir situaciones verdaderamente patológicas.

Efectivamente, en ocasiones el abogado se preocupa enormemente por los casos que está defendiendo, de tal modo que no puede dejar de pensar en los mismos y en su posible resolución. Esta situación, que podría considerarse positiva si se adopta con cierta prudencia, se vuelve patológica cuando la implicación es tal que comenzamos a sufrir como si del propio cliente se tratara. Así, nos desvelamos por la noche pensando en el caso, nos indignamos ante el mero pensamiento de la conducta del contrario, anhelamos una solución favorable y, literalmente, sufrimos pensando en un posible fracaso ante nuestro cliente. Las consecuencias de esta actitud no se hacen esperar; insomnio, úlceras, distracciones e incluso cierta agresividad que van a pasar factura tanto a nuestra vida personal como profesional.

Esta es una conducta muy propia del joven abogado cuando llevan sus primeros asuntos, si bien la experiencia y la práctica va reduciendo tal comportamiento hasta llegar un punto en el que su involucración se modera hasta lo estrictamente necesario; quienes no superan esta situación acaban abandonando la profesión o continúan en el ejercicio profesional padeciendo (y haciendo padecer a los demás, especialmente a su familia) un verdadero infierno.

Dicho esto, el objeto de este post no es otro que alertar a aquellos compañeros que al leer estas líneas puedan verse identificados de algún modo, a fin de que adopten las medidas necesarias para modificar dicha tendencia, pues como todos hemos podido comprobar por nuestra propia experiencia, la excesiva involucración llega un punto que nos resulta insoportable por afectarnos personal y profesionalmente, siendo conveniente una aproximación al cliente y a su asunto con cierta distancia y moderación. Naturalmente, lo dicho sobre la excesiva implicación es aplicable a la dejadez, desidia o pasotismo que conlleva la nula implicación en el caso (mucho menos frecuente, claro).

Pero, ¿cómo podemos alcanzar el punto medio de implicación entre ambos extremos?

Para ello vamos a establecer una serie de razones a modo de consejos que podrían ayudarnos a reflexionar sobre lo pernicioso de una excesiva implicación con nuestro cliente y su asunto:

1º.- Cuando el cliente se presenta en el despacho del abogado viene para que lo asesore y defienda, y ¿sabes por qué?, por qué él se ha metido o alguien lo ha metido en el problema en el que se encuentra. La causa última de que esté en el despacho deriva del propio cliente, quien lo que busca es ayuda en forma de asesoramiento. Si te vas a angustiar por lo que otro ha hecho, viviéndolo como si tú fueras el causante del problema, prepárate para sufrir. Por ello, cuando te veas implicándote más de la cuenta piensa en que la raíz del problema que estás solucionando es completamente ajena a ti, y te aseguro que te ayudará a ver las cosas desde otra perspectiva.

2º.- Aunque a veces los clientes piensan que si el abogado está emocionalmente implicado en el caso realizarán una mejor defensa, están completamente equivocados. El abogado debe crear una distancia emocional con su cliente que le permita alejar la subjetividad que éste va a imprimir a todas sus acciones, pues siendo objetivo, es como el profesional podrá barajar todas las alternativas de defensa posibles, sea cual sea la incomodidad, malestar o incluso discrepancia de su cliente. El buen abogado debe ser empático y saber ponerse en el lugar del cliente para entender sus emociones, pero ello no significa que debamos identificarnos con él, puesto que en tal caso perderemos la objetividad que exige la aplicación de nuestros conocimientos técnicos y prácticos a la solución del caso.

3º.-  ¿Ves a esos compañeros que cuando llegas a la puerta de la sala acompañando a su cliente y cuando los miras te vuelven la espalda o te responden con hostilidad? Pues esos compañeros están excesivamente implicados con sus clientes hasta el punto de que temen que éstos les recriminen que hablen o incluso saluden al “enemigo”. La excesiva involucración conduce inevitablemente al incumplimiento de obligaciones deontológicas como la lealtad a los compañeros que flaco favor le hacen a nuestra profesión. Si estás excesivamente involucrado, es probable que actúes de forma hostil frente al contrario y a su cliente, bien porque sientes que debes hacerlo, bien a modo de pantomima ante tu cliente, conducta que a larga se paga pues “los clientes y los casos pasan y los abogados quedan…”

4º.- ¿Tú no tienes tus propios problemas? Pues ¿para qué quieres más problemas? Si te identificas con tu cliente asumes el suyo, esto te llevará a padecer en un grado muy aproximado a lo que sufre el cliente Y digo yo, ¿Para qué? ¿Para ignorar tus problemas y centrarte en los del cliente?  Mal negocio…

5º.- Si te involucras más de la cuenta acabarás física y psíquicamente destrozado, no lo dudes. La razón de ello radica en que tu no llevas un solo caso, sino una o dos docenas, cada uno con su problema particular de fondo, de modo que si vives cada caso identificándote con el cliente y su problema (además de los tuyos) acabarás exhausto y no tendrás otra salida que dejar la profesión (posible síndrome burnout) y si aguantas, solo espero no encontrarme contigo en una sala de vistas. Ya lo decía Eduardo J. Couture en su famoso decálogo: Olvida. La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras llenando tu alma de rencor llegaría un día en que la vida sería imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.

Concluir señalando que si encontramos el punto medio, no ajeno a la administración de un cierto estrés y tensión profesional, no solo asesoraremos y defenderemos a nuestro cliente con más eficacia, sino que tendremos la oportunidad de disfrutar a conciencia del camino profesional que recorremos a diario.