Primera reunión del Comité de Bienestar

Primera reunión del Comité de Bienestar

Podemos llamarlo “Movimiento de Bienestar de la Abogacía“, el MBA de “salud emocional” del sector legal. Esta corriente humanizadora de las profesiones jurídicas, que debería extenderse en otros ámbitos profesionales durante los próximos años, ya existe en los países anglosajones. Por este motivo, el Instituto de Salud Mental de la Abogacía tiene alianzas internacionales de primer nivel, tanto a nivel de la abogacía institucional (Junior Lawyers Division of the Law Society of England and Wales) como de profesionales de Reino Unido y Estados Unidos (Consejo Asesor).

Primera reunión del Comité de Bienestar

Hoy es un día importante. Y es que esta tarde, en Barcelona, se celebrará la primera reunión del Comité de Bienestar del ISMA. Esta primera toma de contacto servirá para fijar la hoja de ruta de los próximos meses.

El Comité de Bienestar del ISMA tiene, entre otros, los siguientes objetivos:

  • Proponer recomendaciones genéricas a los despachos, colegios de la abogacía y facultades de Derecho que contribuyan al bienestar de las y los abogados y estudiantes de Derecho, respectivamente.
  • Asistir a los despachos, colegios de la abogacía y facultades de Derecho en la implementación de las recomendaciones genéricas contenidas en el Plan de Acción de Bienestar (PAB).
  • Establecer los ítems que servirán para crear el Índice de Bienestar de la Abogacía Española (IBAE) y fijar el sistema de puntuación.
  • Evaluar el grado de cumplimiento del Plan de Acción de Bienestar de aquellos despachos, colegios de abogacía y facultades de Derecho que lo hayan solicitado expresamente y reconocer los estándares óptimos de bienestar de aquellas organizaciones.

El trabajo de Anne Brafford, miembro del Presidential Working Group to Advance Well-Being in the Legal Profession y autora del “Well-Being Toolkit for Lawyers & Legal Employers”, propone una serie de cuestiones a los despachos con el fin de conocer si apuestan realmente por el bienestar de sus abogadas y abogados.

¿Qué podemos preguntar a los despachos?

A continuación, os reproducimos una traducción aproximada de las mismas y que, sin duda, tendremos en cuenta en nuestra hoja de ruta.

A. En relación con la salud mental y los trastornos de consumo de sustancias (drogas):

1. ¿Existe una política con respecto al uso de sustancias, la salud mental y el deterioro? En caso afirmativo, ¿necesita una actualización?

2. ¿La política del despacho explica cuáles son las obligaciones éticas de los abogados en relación con su propia salud y bienestar o la de sus colegas?

3. ¿Existe una política de permisos que apoye de manera realista el tiempo libre para recibir tratamiento?

4. ¿Existen actividades regulares sobre la importancia del bienestar?

5. ¿Los planes de salud que se ofrecen a las abogadas y abogados incluyen cobertura para el tratamiento de la salud mental y de los trastornos por uso de sustancias?

B. En cuanto a las prácticas de gestión que afectan el bienestar de las abogadas y abogados:

Evaluación del Bienestar

6. ¿Existe una práctica regular establecida para evaluar la participación en el trabajo, el agotamiento, la satisfacción en el trabajo, las intenciones de rotación, el bienestar psicológico u otros indicadores de bienestar y para tomar medidas sobre los resultados?

Prácticas de Orientación

7. ¿Se establecen prácticas de orientación para formar nuevos abogados comprometidos con la excelencia, el compromiso y el bienestar?

Políticas y prácticas relacionadas con el equilibrio entre el trabajo y la vida privada

8. ¿Existe una política que permita la flexibilidad en el despacho y un clima organizacional que la apoye?

9. ¿Es una práctica reconocer a los abogados y al personal que demuestran un alto nivel de bienestar?

Políticas y prácticas relacionadas con la diversidad y la inclusión

10. ¿Existen políticas y prácticas relacionadas con la diversidad y la inclusión con una misión específica que cuente con fondos suficientes?

Expectativas de disponibilidad 24/7

11. ¿Las prácticas del despacho permiten a los abogados tiempo para que se recuperen?

12. ¿Están las expectativas de tiempo de respuesta claramente articuladas y son razonables?

13. ¿Existe un esfuerzo para proteger el tiempo de los abogados para recuperarse de las demandas laborales desalentando las llamadas y correo electrónicos relacionados con el trabajo durante las noches, los fines de semana y las vacaciones?

Políticas y prácticas de facturación

14. ¿Las prácticas de facturación fomentan el trabajo excesivo y el comportamiento poco ético?

15. ¿Supervisa el bufete las horas facturadas por sus abogados y hace un seguimiento con los abogados cuyas horas son persistentes y significativamente más altas o más bajas de lo normal?

Prácticas de compensación

16. ¿Son justas las prácticas de compensación?

17. ¿Las prácticas de compensación son percibidas como justas?

18. ¿Siguen los estándares de equidad distributiva (resultado justo), procesal (proceso justo), interpersonal (tratar a las personas con dignidad y respeto) e informativa (transparencia)?

19. ¿El enfoque de la empresa hacia la compensación es holístico, o se centra exclusiva o principalmente en las horas?

Prácticas de Evaluación de Desempeño

20. ¿Las prácticas de evaluación del desempeño son justas y se perciben como justas?

21. ¿Contribuyen varios calificadores? ¿Están capacitados en el proceso y para reducir los sesgos comunes?

22. ¿Se da retroalimentación específica y oportuna regularmente, no sólo anualmente?

23. ¿Se da retroalimentación en una comunicación de dos vías?

24. ¿Es empático y se centra en el comportamiento, no en la autoestima de la persona?

25. ¿Está equilibrado y se le proporciona una mirada positiva y respetuosa?

26. ¿Se reconocen regularmente el buen desempeño y el progreso hacia las metas?

Políticas y Prácticas de Vacaciones

27. ¿Existe una política clara de vacaciones?

28. ¿La cultura organizacional fomenta el uso y apoya la desconexión del trabajo?

Abogado, ¿tienes clientes problemáticos?

Abogado, ¿tienes clientes problemáticos?

Por Óscar Fernández León (@oscarleon_abog)

Miembro del Comité de Bienestar del ISMA

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Este artículo ha sido publicado en la página web del autor:

Clientes, como abogados, los hay de diversa naturaleza, lo que implica que el abogado, obligado a mantener una relación constante con aquéllos, debe saber cómo manejar las diversas interacciones con el fin de asegurarse que entre ambos se forme un verdadero equipo que favorezca la consecución del principal objetivo: la prestación del mejor asesoramiento o defensa.

Sin embargo, alcanzar dicho fin no es fácil, pues todos los abogados hemos tenido clientes problemáticos (aquellos que no entienden los límites existentes en la relación profesional), lo cual constituye, en la mayoría de las ocasiones, un verdadero lastre para el adecuado desarrollo de la misma.

Partiendo de esta base, dedicaremos el presente post a analizar las categorías más habituales de este tipo de clientes, para a continuación ofrecer algunas medidas generales para evitar que dicha condición pueda dinamitar la relación profesional. Vaya por delante mi máximo respeto y aprecio por los clientes, a los que he dedicado numerosos post resaltando su importancia y valor (véase http://oscarleon.es/por-que-son-tan-importantes-los-clientes-para-el-abogado-diez-razones-desde-el-corazon/), lo que no quita que la experiencia nos demuestre situaciones patológicas que, por el bien de la relación profesional, hemos de evitar.

Los clientes problemáticos

Entre las conductas más paradigmáticas de cliente problemático encontramos las siguientes:

El cliente con expectativas erróneas: En esta categoría de clientes incluimos a aquellos que mantienen unas expectativas del servicio que van a recibir muy superiores a las que realmente puede ofrecer el abogado. Estas expectativas pueden afectar al servicio (tiempos de atención y respuesta al cliente; abogado que lo va atender, necesidad de información permanente), al tiempo de prestación del servicio (¡esto es para ayer!), a los costes del servicio (¡yo pensaba que esto estaba incluido en la minuta!, o al resultado del servicio (¡se ha perdido el asunto y por tanto aquí hay una responsabilidad!).

El cliente irrespetuoso: Se caracteriza por no tener un comportamiento educado con su abogado. Aun conociendo las reglas de funcionamiento del despacho y el proceso de prestación del servicio, es muy exigente, tiene malas formas y no suele apreciar el trabajo del abogado. No respeta nuestro tiempo pero tampoco quiere pagar por él. Para él, si el asunto se gana, es su mérito, si se pierde, es demérito del abogado. Siempre será crítico con el trabajo del abogado y cualquier contacto entre ambos será siempre desagradable para el éste.

El cliente vindicativo: Son clientes que se caracterizan por contratar los servicios de un abogado con el fin de hacer daño a otra persona o entidad, bien al pretender canalizar su agresividad a través de acciones judiciales sin sentido, o por el mero hecho de hacer desgraciada a otra persona con el fin de saldar una deuda. En ambos casos, el cliente nunca busca un fin positivo o justo, sino que utiliza al abogado como un ariete contra los demás, arma que, probablemente, con el paso del tiempo podrá volverse contra el propio profesional. Generalmente, trata de imponer su criterio al abogado, aunque sea un verdadero despropósito.

El insatisfecho: Este cliente nunca estará contento con la prestación del servicio, de manera que aunque el abogado realice un trabajo de calidad más económico o más rápido (que supere las expectativas iniciales), éste siempre buscará algún motivo para quejarse, lo que produce una importante frustración en el abogado, que nunca verá apreciados sus servicios y esfuerzos por contentarlo. Aquí podemos incluir al cliente que no está dispuesto a pagar lo que vale el trabajo y no se cansará de buscar una rebaja o, de no conseguirlo, tener afilada la espada para exigir todo lo que pueda al profesional por el sobreesfuerzo económico realizado.

El oscuro: Este es sumamente peligroso, ya que tiene una tendencia no solo a no contar todos los hechos al abogado (omitiendo normalmente los esenciales) sino que además no le importa mentir para que el abogado actúe siguiendo el patrón mental que él ya tiene establecido para su temeraria defensa. Con independencia del descrédito que supone para el abogado quedar al descubierto cuando la otra parte o el Juzgado exponen la realidad y la dificultad que entraña la defensa de estos asuntos, el peligro de este cliente es que con su conducta puede involucrar al abogado en alguna infracción deontológica o incluso criminal, que, por cierto, poco le importará al cliente.

El cliente-abogado: Se caracteriza por pasar por alto la jerarquía profesional existente entre abogado y cliente, imponiendo su derecho a dictar a aquél la estrategia a seguir, contrariándose en caso de que este cuestione o no siga sus preclaras instrucciones.

¿Cómo podemos evitar que durante la relación profesional surjan estas conductas?

La respuesta no es otra que la prevención, y con ello nos referimos a una labor de información que deberá realizar el abogado en las primeras fases de la relación profesional a fin de evitar que el cliente vea normal actuar de forma incorrecta. Para ello, habremos de desarrollar una labor pedagógica en la que destacan las siguientes medidas:

1ª.- Explicarle en qué consiste nuestra actividad profesional y cómo se desarrollará en el caso concreto.

2º.- Crear unas expectativas reales. Para ello le preguntaremos qué espera de nosotros y le expondremos lo que puede lograrse y las limitaciones que nos encontraremos para ello.

3º.- Describirle las reglas de funcionamiento de la relación profesional y de nuestro despacho (horarios, accesibilidad, cita previa, llamadas, honorarios, uso del móvil y  whatsapp, etc.).

.- Mantener nuestra independencia ante el cliente y marcar claramente las reglas de la forma de trabajo.

5º.- Documentar constantemente las interacciones con el cliente, desde la hoja de encargo (imprescindible en estos casos), hasta las llamadas, mensajes de voz, etc. y confirmar sus instrucciones por escrito o enviarle resúmenes de las actuaciones que realicemos o, ante una decisión suya, pedirle por escrito esas instrucciones. En estos casos, no podemos obviar la práctica de dejar recibo firmado de toda la documentación recibida o entregada. En definitiva, a mayor información escrita, menos riesgos de controversias y malentendidos.

Cuestión distinta es que, al comenzar la relación, el abogado prescinda del uso de estas medidas y a lo largo de la relación surjan estas conductas. En tales casos (en los que la responsabilidad de esta situación corresponde en gran medida al propio abogado), toca encauzar la relación y realizar sobre la marcha un proceso de reciclaje siguiendo las pautas anteriores, lo que obviamente va a ser más difícil pues estamos en un escenario ya de por si viciado.

Si la relación finalmente deriva hacía una situación insostenible, y con ello nos referimos a que a pesar de nuestros esfuerzos sigue generándose malestar, temor, incomodidad, preocupación constante, es momento de tomar la decisión final que no es otra que cesar la relación profesional. Para ello, actuaremos amparados por lo dispuesto en el artículo 13. 3 del Código Deontológico de la Abogacía Española que establece que el abogado tendrá plena libertad para aceptar o rechazar el asunto en que se solicite su intervención, sin necesidad de justificar su decisión (igualmente, el abogado podrá abstenerse o cesar en la intervención cuando surjan discrepancias con el cliente. Deberá hacerlo siempre que concurran circunstancias que puedan afectar a su plena libertad e independencia en la defensa o a la obligación de secreto profesional).

Por lo tanto, la prevención, las medidas de reciclaje o cese de la relación son las herramientas de las que dispone el abogado para imponer la indispensable cordura que toda relación profesional abogado-cliente merece y necesita.

Naturalmente, todo lo expuesto hasta ahora queda muy bien sobre el papel, pero en realidad es muy difícil llevarlo a cabo. Todos conocemos el valor de un cliente, y somos conscientes de que la regla general es plegarnos a sus peticiones por más que perjudique nuestra forma de trabajar. Sin embargo, si reflexionamos seriamente sobre esta cuestión, concluiremos que el daño potencial que una relación viciada puede producir sobre en el abogado no es compensable por cantidad alguna, por lo que es recomendable evitar males mayores a tiempo. No obstante, por mi experiencia, el cliente, si bien al principio es reticente a someterse a nuestras reglas, en la mayoría de los casos agradece la transparencia que supone dejar claras las cosas desde el principio, limitándose los casos patológicos a supuestos excepcionales.

David Jaffe: un modelo a seguir

David Jaffe: un modelo a seguir

From left to right: Mckenzie Cross (staff), Manel Atserias Luque (president), Ferran Garcia de Palau Garcia-Faria (Well-Being Committee), David Jaffe (Associate Dean of Student Affairs of the American University Washington College of Law), Gabriela Boldó Prats (Well-Being Committee) y Albert Ruda (Dean of University of Girona Law School).

Mckenzie  Cross

Staff

En 2014, David Jaffe fue uno de los tres profesionales que puso en marcha un cambio en la forma en que vemos la salud mental entre los profesionales del derecho. Se graduó en 1993 de la American University, Washington College of Law con su licenciatura en Derecho. Es Decano de Asuntos Estudiantiles desde 1997. Cualquiera que tenga el honor de conocerlo puede apreciar inmediatamente el amor y la dedicación que tiene no sólo a su trabajo sino también a los estudiantes que encuentra. Pude escucharle hablar en una conferencia en Girona, España, y aprender sobre el estudio del que era parte.

El artículo, “Suffering in Silence: The Survey of Law Student Well-Being and the Reluctance of Law Students to Seek Help for Substance Use and Mental Health Concerns“, fueron los resultados de la Encuesta sobre el bienestar de los estudiantes de derecho (Survey of Law Student Well-Being, SLSWB). En el estudio participaron 3.300 estudiantes de quince facultades de derecho diferentes. Fue el primer estudio multiescolar sobre el consumo de alcohol y drogas callejeras por parte de estudiantes de derecho en veinte años, y el primer estudio en el que se abordó el uso de medicamentos recetados. El estudio está permitiendo que la sociedad reconozca que la salud mental dentro de los estudiantes de derecho es un tema que necesita ser abordado y resuelto.

Los resultados del estudio mostraron un número asombroso de estudiantes que luchan contra la enfermedad mental. Sin embargo, el estudio también mostró cómo esos estudiantes creían que su enfermedad mental sería percibida por el personal de su universidad, así como por la American Bar Association. El estudio informó que el cincuenta y tres por ciento de los estudiantes de derecho bebieron lo suficiente para emborracharse en los últimos treinta días. El 17% de los estudiantes padecían síntomas de depresión, y un 37% experimentaban episodios de ansiedad. Con números tan altos, es increíble que no se hubiera dado a conocer mejor el problema; sin embargo, las universidades no pueden ayudar a los estudiantes si no se acercan. El estudio mostró que sólo el 4% de los encuestados buscaron ayuda profesional para el abuso de drogas y alcohol. El 63% de los estudiantes dijeron que temían que hubiera un problema con su admisión al colegio de abogados si buscaban ayuda para el abuso de alcohol y drogas. Sin embargo, el porcentaje es sólo un poco menor, con un 45% temiendo las mismas repercusiones si se presentaban con un problema de salud mental. El estudio muestra muchas cuestiones diferentes entre los estudiantes de derecho; sin embargo, la parte más impresionante del trabajo de Jaffe no fue el estudio, sino su dedicación a encontrar soluciones.

El artículo “Suffering in silence” identifica algunas acciones que se podrían llevar a cabo para ayudar a los estudiantes. Una de las actividades más importantes fue que los profesores tuvieran políticas estrictas de asistencia. Esto ayudará a la facultad a buscar señales de advertencia, como la ausencia inesperada del estudiante en las clases o la llegada tardía sin previo aviso – también la política de que los miembros de la facultad deben asistir a un entrenamiento regular sobre cómo identificar las señales de advertencia de los problemas de salud mental. Un miembro de la facultad que pueda reconocer comportamientos extraños y acercarse al estudiante con una actitud sin prejuicios y que escuche, obtendrá una mejor respuesta de aquellos estudiantes que buscan ayuda por su cuenta. Otra acción de la que habló David Jaffe en la conferencia fue hacer obligatorio un curso sobre drogas y alcohol para los estudiantes de derecho que se incorporan. Esto podría ayudar a los estudiantes a conocer los riesgos de sus comportamientos, así como entender que la universidad se preocupa por su seguridad y salud.

La salud mental entre los estudiantes de derecho es un problema creciente. Con la ayuda de personas como David Jaffe y otros, podemos ayudar a poner en marcha políticas y acciones para ayudarles. Los estudiantes necesitan saber que no están solos y que la forma en cómo se sienten no es su culpa, ser compasivos y trabajar para que se sientan cómodos y no juzgados ayudará a revertir esta epidemia.                       

El abogado “enferma” cuando se implica demasiado con su cliente

El abogado “enferma” cuando se implica demasiado con su cliente

Por Óscar Fernández León (@oscarleon_abog)

Miembro del Comité de Bienestar del ISMA

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Decía don Manuel Cortina “los pleitos hay que vivirlos como propios y sentirlos como ajenos”, frase proverbial que recoge un principio esencial en la práctica profesional de todo abogado: no podemos implicarnos emocionalmente en la defensa de los intereses de nuestros clientes. Sin embargo, la realidad es que muchos abogados incumplen inconscientemente dicha regla, y, quizás sin saberlo, al implicarse demasiado pueden llegar a sufrir situaciones verdaderamente patológicas.

Efectivamente, en ocasiones el abogado se preocupa enormemente por los casos que está defendiendo, de tal modo que no puede dejar de pensar en los mismos y en su posible resolución. Esta situación, que podría considerarse positiva si se adopta con cierta prudencia, se vuelve patológica cuando la implicación es tal que comenzamos a sufrir como si del propio cliente se tratara. Así, nos desvelamos por la noche pensando en el caso, nos indignamos ante el mero pensamiento de la conducta del contrario, anhelamos una solución favorable y, literalmente, sufrimos pensando en un posible fracaso ante nuestro cliente. Las consecuencias de esta actitud no se hacen esperar; insomnio, úlceras, distracciones e incluso cierta agresividad que van a pasar factura tanto a nuestra vida personal como profesional.

Esta es una conducta muy propia del joven abogado cuando llevan sus primeros asuntos, si bien la experiencia y la práctica va reduciendo tal comportamiento hasta llegar un punto en el que su involucración se modera hasta lo estrictamente necesario; quienes no superan esta situación acaban abandonando la profesión o continúan en el ejercicio profesional padeciendo (y haciendo padecer a los demás, especialmente a su familia) un verdadero infierno.

Dicho esto, el objeto de este post no es otro que alertar a aquellos compañeros que al leer estas líneas puedan verse identificados de algún modo, a fin de que adopten las medidas necesarias para modificar dicha tendencia, pues como todos hemos podido comprobar por nuestra propia experiencia, la excesiva involucración llega un punto que nos resulta insoportable por afectarnos personal y profesionalmente, siendo conveniente una aproximación al cliente y a su asunto con cierta distancia y moderación. Naturalmente, lo dicho sobre la excesiva implicación es aplicable a la dejadez, desidia o pasotismo que conlleva la nula implicación en el caso (mucho menos frecuente, claro).

Pero, ¿cómo podemos alcanzar el punto medio de implicación entre ambos extremos?

Para ello vamos a establecer una serie de razones a modo de consejos que podrían ayudarnos a reflexionar sobre lo pernicioso de una excesiva implicación con nuestro cliente y su asunto:

1º.- Cuando el cliente se presenta en el despacho del abogado viene para que lo asesore y defienda, y ¿sabes por qué?, por qué él se ha metido o alguien lo ha metido en el problema en el que se encuentra. La causa última de que esté en el despacho deriva del propio cliente, quien lo que busca es ayuda en forma de asesoramiento. Si te vas a angustiar por lo que otro ha hecho, viviéndolo como si tú fueras el causante del problema, prepárate para sufrir. Por ello, cuando te veas implicándote más de la cuenta piensa en que la raíz del problema que estás solucionando es completamente ajena a ti, y te aseguro que te ayudará a ver las cosas desde otra perspectiva.

2º.- Aunque a veces los clientes piensan que si el abogado está emocionalmente implicado en el caso realizarán una mejor defensa, están completamente equivocados. El abogado debe crear una distancia emocional con su cliente que le permita alejar la subjetividad que éste va a imprimir a todas sus acciones, pues siendo objetivo, es como el profesional podrá barajar todas las alternativas de defensa posibles, sea cual sea la incomodidad, malestar o incluso discrepancia de su cliente. El buen abogado debe ser empático y saber ponerse en el lugar del cliente para entender sus emociones, pero ello no significa que debamos identificarnos con él, puesto que en tal caso perderemos la objetividad que exige la aplicación de nuestros conocimientos técnicos y prácticos a la solución del caso.

3º.-  ¿Ves a esos compañeros que cuando llegas a la puerta de la sala acompañando a su cliente y cuando los miras te vuelven la espalda o te responden con hostilidad? Pues esos compañeros están excesivamente implicados con sus clientes hasta el punto de que temen que éstos les recriminen que hablen o incluso saluden al “enemigo”. La excesiva involucración conduce inevitablemente al incumplimiento de obligaciones deontológicas como la lealtad a los compañeros que flaco favor le hacen a nuestra profesión. Si estás excesivamente involucrado, es probable que actúes de forma hostil frente al contrario y a su cliente, bien porque sientes que debes hacerlo, bien a modo de pantomima ante tu cliente, conducta que a larga se paga pues “los clientes y los casos pasan y los abogados quedan…”

4º.- ¿Tú no tienes tus propios problemas? Pues ¿para qué quieres más problemas? Si te identificas con tu cliente asumes el suyo, esto te llevará a padecer en un grado muy aproximado a lo que sufre el cliente Y digo yo, ¿Para qué? ¿Para ignorar tus problemas y centrarte en los del cliente?  Mal negocio…

5º.- Si te involucras más de la cuenta acabarás física y psíquicamente destrozado, no lo dudes. La razón de ello radica en que tu no llevas un solo caso, sino una o dos docenas, cada uno con su problema particular de fondo, de modo que si vives cada caso identificándote con el cliente y su problema (además de los tuyos) acabarás exhausto y no tendrás otra salida que dejar la profesión (posible síndrome burnout) y si aguantas, solo espero no encontrarme contigo en una sala de vistas. Ya lo decía Eduardo J. Couture en su famoso decálogo: Olvida. La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras llenando tu alma de rencor llegaría un día en que la vida sería imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.

Concluir señalando que si encontramos el punto medio, no ajeno a la administración de un cierto estrés y tensión profesional, no solo asesoraremos y defenderemos a nuestro cliente con más eficacia, sino que tendremos la oportunidad de disfrutar a conciencia del camino profesional que recorremos a diario.

Mensaje al Comité de Bienestar

Mensaje al Comité de Bienestar

Queridos/as miembro del Comité de Bienestar,

En primer lugar, y en nombre del Consejo de Gobierno, queremos daros las gracias por formar parte del Instituto de Salud Mental de la Abogacía – Mental Health Institute of Legal Professions (ISMA-MHILP). Cada uno de vosotros ha decidido, de forma voluntaria y altruista, colaborar con esta Asociación y esta generosidad y solidaridad demuestra que, más allá de vuestras excelentes aptitudes como profesionales, tenéis un gran corazón.

En segundo lugar, quiero pediros disculpas por el retraso en convocar una primera reunión del Comité de Bienestar, pero necesitábamos tener varios perfiles en este órgano del ISMA antes de empezar cualquier actividad.

Asimismo, antes de activar el comité, lo más importante era que el tema del bienestar estuviera encima de la mesa y se empezara a hablar en los medios de comunicación. Era y es fundamental difundir un mensaje a todos los actores del mundo jurídico que transmita ideas[1] como:

  • To be a good lawyer, one has to be a healthy lawyer”. ―Para ser un/a buen/a abogado/a, uno/a tiene que ser un abogado/a saludable―
  • Fostering well-being policies at law firms is “good for business, good for citizens, and the right thing to do”. ―Fomentar políticas de bienestar en los bufetes de abogados es bueno para los negocios, bueno para los ciudadanos y lo que hay que hacer” ―
  • Well-being is a team sport”. ―El bienestar es un deporte de equipo―

El simple hecho de que los términos “salud mental” o “bienestar” aparezcan cada vez más en los medios de difusión jurídica o en la página web del ISMA ya es una forma de actuar porque los profesionales, opositores y estudiantes de Derecho empiezan a tomar conciencia de esta cuestión tan importante. Y eso ha sido gracias a vosotros: vuestros escritos, aportaciones o participación en foros han sido una contribución fundamental, por lo que debe valorarse el gran trabajo que ya habéis hecho.

Ahora bien, y haciéndome eco de las inquietudes de algunos de vosotros, esta labor no es suficiente. Estoy totalmente de acuerdo. La forma de actuar que hemos tenido hasta ahora es una condición necesaria, pero no suficiente, para cumplir con el objetivo principal del ISMA, a saber: trabajar por el bienestar de los colectivos mencionados.

Por este motivo, ha llegado el momento de dar un paso adelante. Vosotros sois los protagonistas y os ayudaremos en todo lo que podamos para que vuestro mensaje llegue lo más lejos posible y tenga resultados tangibles.

Manel Atserias Luque

Presidente del ISMA

[1] Estas ideas quedan recogidas expresamente en dos informes: “The Path to Lawyer Well-Being: Practical Recommendations for a Positive Change” y “Well-Being Toolkit for Lawyers and Legal Employers