El abogado “enferma” cuando se implica demasiado con su cliente

El abogado “enferma” cuando se implica demasiado con su cliente

Por Óscar Fernández León (@oscarleon_abog)

Miembro del Comité de Bienestar del ISMA

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Este artículo ha sido publicado en la página web del autor:

Decía don Manuel Cortina “los pleitos hay que vivirlos como propios y sentirlos como ajenos”, frase proverbial que recoge un principio esencial en la práctica profesional de todo abogado: no podemos implicarnos emocionalmente en la defensa de los intereses de nuestros clientes. Sin embargo, la realidad es que muchos abogados incumplen inconscientemente dicha regla, y, quizás sin saberlo, al implicarse demasiado pueden llegar a sufrir situaciones verdaderamente patológicas.

Efectivamente, en ocasiones el abogado se preocupa enormemente por los casos que está defendiendo, de tal modo que no puede dejar de pensar en los mismos y en su posible resolución. Esta situación, que podría considerarse positiva si se adopta con cierta prudencia, se vuelve patológica cuando la implicación es tal que comenzamos a sufrir como si del propio cliente se tratara. Así, nos desvelamos por la noche pensando en el caso, nos indignamos ante el mero pensamiento de la conducta del contrario, anhelamos una solución favorable y, literalmente, sufrimos pensando en un posible fracaso ante nuestro cliente. Las consecuencias de esta actitud no se hacen esperar; insomnio, úlceras, distracciones e incluso cierta agresividad que van a pasar factura tanto a nuestra vida personal como profesional.

Esta es una conducta muy propia del joven abogado cuando llevan sus primeros asuntos, si bien la experiencia y la práctica va reduciendo tal comportamiento hasta llegar un punto en el que su involucración se modera hasta lo estrictamente necesario; quienes no superan esta situación acaban abandonando la profesión o continúan en el ejercicio profesional padeciendo (y haciendo padecer a los demás, especialmente a su familia) un verdadero infierno.

Dicho esto, el objeto de este post no es otro que alertar a aquellos compañeros que al leer estas líneas puedan verse identificados de algún modo, a fin de que adopten las medidas necesarias para modificar dicha tendencia, pues como todos hemos podido comprobar por nuestra propia experiencia, la excesiva involucración llega un punto que nos resulta insoportable por afectarnos personal y profesionalmente, siendo conveniente una aproximación al cliente y a su asunto con cierta distancia y moderación. Naturalmente, lo dicho sobre la excesiva implicación es aplicable a la dejadez, desidia o pasotismo que conlleva la nula implicación en el caso (mucho menos frecuente, claro).

Pero, ¿cómo podemos alcanzar el punto medio de implicación entre ambos extremos?

Para ello vamos a establecer una serie de razones a modo de consejos que podrían ayudarnos a reflexionar sobre lo pernicioso de una excesiva implicación con nuestro cliente y su asunto:

1º.- Cuando el cliente se presenta en el despacho del abogado viene para que lo asesore y defienda, y ¿sabes por qué?, por qué él se ha metido o alguien lo ha metido en el problema en el que se encuentra. La causa última de que esté en el despacho deriva del propio cliente, quien lo que busca es ayuda en forma de asesoramiento. Si te vas a angustiar por lo que otro ha hecho, viviéndolo como si tú fueras el causante del problema, prepárate para sufrir. Por ello, cuando te veas implicándote más de la cuenta piensa en que la raíz del problema que estás solucionando es completamente ajena a ti, y te aseguro que te ayudará a ver las cosas desde otra perspectiva.

2º.- Aunque a veces los clientes piensan que si el abogado está emocionalmente implicado en el caso realizarán una mejor defensa, están completamente equivocados. El abogado debe crear una distancia emocional con su cliente que le permita alejar la subjetividad que éste va a imprimir a todas sus acciones, pues siendo objetivo, es como el profesional podrá barajar todas las alternativas de defensa posibles, sea cual sea la incomodidad, malestar o incluso discrepancia de su cliente. El buen abogado debe ser empático y saber ponerse en el lugar del cliente para entender sus emociones, pero ello no significa que debamos identificarnos con él, puesto que en tal caso perderemos la objetividad que exige la aplicación de nuestros conocimientos técnicos y prácticos a la solución del caso.

3º.-  ¿Ves a esos compañeros que cuando llegas a la puerta de la sala acompañando a su cliente y cuando los miras te vuelven la espalda o te responden con hostilidad? Pues esos compañeros están excesivamente implicados con sus clientes hasta el punto de que temen que éstos les recriminen que hablen o incluso saluden al “enemigo”. La excesiva involucración conduce inevitablemente al incumplimiento de obligaciones deontológicas como la lealtad a los compañeros que flaco favor le hacen a nuestra profesión. Si estás excesivamente involucrado, es probable que actúes de forma hostil frente al contrario y a su cliente, bien porque sientes que debes hacerlo, bien a modo de pantomima ante tu cliente, conducta que a larga se paga pues “los clientes y los casos pasan y los abogados quedan…”

4º.- ¿Tú no tienes tus propios problemas? Pues ¿para qué quieres más problemas? Si te identificas con tu cliente asumes el suyo, esto te llevará a padecer en un grado muy aproximado a lo que sufre el cliente Y digo yo, ¿Para qué? ¿Para ignorar tus problemas y centrarte en los del cliente?  Mal negocio…

5º.- Si te involucras más de la cuenta acabarás física y psíquicamente destrozado, no lo dudes. La razón de ello radica en que tu no llevas un solo caso, sino una o dos docenas, cada uno con su problema particular de fondo, de modo que si vives cada caso identificándote con el cliente y su problema (además de los tuyos) acabarás exhausto y no tendrás otra salida que dejar la profesión (posible síndrome burnout) y si aguantas, solo espero no encontrarme contigo en una sala de vistas. Ya lo decía Eduardo J. Couture en su famoso decálogo: Olvida. La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras llenando tu alma de rencor llegaría un día en que la vida sería imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.

Concluir señalando que si encontramos el punto medio, no ajeno a la administración de un cierto estrés y tensión profesional, no solo asesoraremos y defenderemos a nuestro cliente con más eficacia, sino que tendremos la oportunidad de disfrutar a conciencia del camino profesional que recorremos a diario.

BBrainers, un foro único

BBrainers, un foro único

Por Manel Atserias Luque

Presidente del ISMA

Me advirtieron de que BBrainers era un foro que rompía con el formato tradicional de los congresos de Derecho. Me dijeron que, durante la celebración de este evento, decenas de juristas, con independencia de cuál fuera su profesión u ocupación, compartían conocimiento de forma horizontal y transversal. Pues bien, tras la experiencia que viví los pasados días 19, 20 y 21 de octubre de 2018 en Los Molinos (Madrid), ya lo puedo decir: BBrainers representa el nuevo paradigma de la abogacía millennial.

Tras la participación del Instituto de Salud Mental de la Abogacía en un coloquio del IV Congreso de la Abogacía Catalana sobre el bienestar emocional de la abogacía, el pasado fin de semana fui testigo de algo maravilloso: el bienestar de las profesiones jurídicas es una cuestión de la que se empieza a hablar.

Conocimiento compartido: horizontalidad y transversalidad

Tuve la oportunidad de coincidir con juristas muy interesantes: desde varios estudiantes de Derecho, pasando por abogadas y abogados emprendedores; y terminando con una juezas, fiscal (Escarlata  Gutiérrez) y abogado del Estado. Distintas personas del mundo del Derecho se reunieron durante dos días y compartieron experiencias de tú a tú, sin importar cuál fuera su ocupación o profesión. Y es que este foro incentiva a que haya un intercambio de ideas e impresiones y un acercamiento informal entre los asistentes. Nadie juzga. Todo el mundo aprende.

En relación con la transversalidad, cabe destacar que participaron personas ajenas al mundo del Derecho: periodistas, como Isabel Rábago, Xavi Martínez y José Antonio León; o Mario Moraga Pérez, Diplomado en Educación Musical y Titulado en Guitarra Flamenca por el CSM de Córdoba. Esta circunstancia nos permitió conocer otros sectores (comunicación y musical, por ejemplo) y cuáles son las inquietudes y experiencias de estos profesionales.

El bienestar emocional, como objeto de debate

Numerosos ponentes que participaron en las mesas redondas de la II edición de BBrainers abordaron dos cuestiones que, desde el Instituto de Salud Mental de la Abogacía (ISMA), consideramos fundamentales: el bienestar y la inteligencia emocional. Aunque todas las ponencias que versaban sobre esta materia fueron excelentes, me gustaría destacar las siguientes:

La intervención de Sara Molina, abogada y CEO de Marketingnize, fue especialmente interesante ya que, a partir de una explicación de los dos hemisferios del cerebro (el de la lógica y el de la emoción), puso de manifiesto la importancia de desarrollar habilidades relacionadas con la inteligencia emocional. Asimismo, señaló la importancia de saber expresar y gestionar las emociones atendiendo a los distintos contextos en los que se encuentra el profesional: “Si no sabemos gestionar nuestras emociones, un día seremos las personas más felices del mundo y al día siguiente las más desgraciadas”.

También fue, de especial interés, en el ámbito del bienestar, la ponencia de Juan Gonzalo Ospina, abogado y diputado de la Junta del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Su intervención giró en torno a las cualidades del abogado: liderazgo, la confianza y el legado. Asimismo, las intervenciones de Vicente Tovar y Felipe Mateo Bueno hicieron hincapié en las aptitudes que debe desarrollar la futura abogada o abogado en aras de ofrecer un servicio de mayor calidad.

Además de hablar sobre bienestar y emociones, las organizadoras del BBrainers también reservaron un espacio para llevar esta temática a la práctica. En este sentido, destáquese la sesión de mindfulness con Olaya Menéndez Acebal y la intervención de Alfonso De Bertodano, Comandante de B787, psicólogo y director de los cursos «Perdiendo el Miedo a Volar». A este último ponente debo pedirle disculpas por no haberme quedado hasta el final de su intervención. Pero tenía que iniciar el camino de vuelta a Barcelona.

Juristas brillantes y comprometidos con la humanización del sector legal

Las nuevas generaciones de juristas son conscientes de que el modelo actual de ejercicio de la abogacía está obsoleto. En un mercado altamente competitivo, las actuales políticas de organización y funcionamiento de los despachos tradicionales son ineficientes. La abogada o abogado millennial empieza a preocuparse por su bienestar en distintos ámbitos (conciliación o gestión de emociones para afrontar distintas situaciones).

Me gustaría destacar las intervenciones de los siguientes cerebros:

Finalmente, quiero agradecer la gran labor del Comité Organizador del BBrainers: Delia Rodríguez, Adriana Rodríguez, Elena Pedroche y a todas aquellas personas y organizaciones que han hecho posible que este evento sea una realidad.