No, no, no y no.

No, no, no y no.

Por Marina Cañadó Calderón

Colaboradora del ISMA

 

La hostilidad en nuestro lugar de trabajo es una constante, pero se puede esquivar e incluso evitar.

Dicha hostilidad se produce en todos los ámbitos:

Entre los abogados: la primera llamada con el compañero contrario te da una gran pista sobre cuánta energía emocional gastarás en el procedimiento. Frases como “compañero, entre tú y yo, esto lo tienes perdido” o “sabes que el juez que lleva el caso no aceptará tus pretensiones” son ejemplos de frases que pueden usar para amedrentarte, aunque tengas el caso ganado. O peor aún, decir esas frases delante de tu cliente, para amedrentarle a él y hacer que pierda la serenidad y confianza necesaria para ayudarte a ganar el caso. Y el caso más rastrero e incluso denunciable, intentos de coacción: “si aceptas este acuerdo retiramos la demanda o nos comprometemos a no interponer recurso”.

Entre operadores jurídicos: una fiscal me gritó, en medio del juzgado y delante de mi clienta “pues que sepas que voy a pedir la imputación de tu clienta un delito de sustracción de menores”. Total para que al cabo de una hora su escrito de acusación se dirigiese fuertemente hacia la parte contraria solicitándole años de cárcel. Os podéis imaginar lo que me costó calmar a mi clienta y más tratándose de un caso de violencia de género, lo cual podría haber provocado que retirase la denuncia por miedo. Al final él fue condenado y con orden de alejamiento. Realmente, ¿había tanta necesidad en gritar esa frase de forma tan contundente?

Otro ejemplo es el famoso “tiene tres minutos para conclusiones” en la sala de juicios. Las conclusiones, el trámite más importante de todos, en el cual se habla de lo sucedido en el juicio y de por qué consideras que el juez debería darte la razón. Pues venga, en 3 minutos te ves obligado a poner el turbo con riesgo de dejarte algo importante. Más ejemplos: la inadmisión de preguntas o de pruebas. Cuando no sabes si achacarlo, con todos mis respetos, a la pereza de su señoría o al hecho de que señalen solo 5 minutos para cada juicio (verídico). “No se admite”; “Pero señoría, con todos los respetos, en este audio la parte contraria admite que le iba a despedir'”; “Lo siento, no es pertinente”. Y solo te queda pronunciar “protesto” pero no como en las películas, sino así: “con la venía señoría voy a formular respetuoso protesto”. Qué soso ¿verdad? Cómo nos engañan en las pelis americanas. O cuando has preparado un buen listado de preguntas para interrogar al testigo y en cuanto las pronuncias: “se inadmite”; “no aporta nada”; “no es pertinente” y lo que sobre el papel iba a ser un brillante interrogatorio se convierte en una auténtica chapuza por culpa del “no, no, no y no”. 

Con los clientes: un familiar lejano que fue abogado decía “los clientes siempre me decían que si ganaba era porque ese caso ya estaba ganado de un principio y si perdía era porque yo había hecho mal mi trabajo”.

Algunos clientes no valoran los grandes esfuerzos que ha tenido que hacer y que aún se hacen para ejercer la abogacía. Años de formación en el pasado y días de encierro bajo libros y jurisprudencia en el presente. Lidiar con compañeros y con los operadores jurídicos y cobrar los honorarios.

Sobre éste último punto recuerdo una historia que me contó un profesor en la facultad: un cliente fue al despacho de un abogado especializado. El precio de la consulta era de 300€. En la visita el abogado resolvió las dudas legales del cliente sirviéndose de un enorme código y finalizó la visita. El cliente, indignado, le recriminó: ¿300€ por responderme leyendo un código? ¡Esto también lo sé hacer yo! Pues bien, el abogado le dijo: si le hago unas preguntas y usted las resuelve usando ese código le devuelvo los 300€. Como os podéis imaginar, el cliente no recuperó los 300€.

O lo que también suele suceder: está previsto que el cliente pague en unos plazos concretos. Pues bien, llama el día antes (si es que llama) y te comunica que este mes va muy justo y no podrá cumplir el plazo de pago. Pues bien, tu única opción es renunciar al caso, pero claro, ¿ese caso en el que tantas energías has puesto para trazar una brillante estrategia que te dé la victoria y ahora tienes que dejarlo? ¿Ahora que estás a punto de ver el resultado a tu gran estrategia jurídica? Si tu profesión es un negocio lo tendrás claro. Renuncias y a por otro cliente buen pagador. Pero si llevas este trabajo con pasión, pero a la vez tienes que pagar facturas a fin de mes, esta situación te resultará violenta para con el cliente y para contigo mismo.

Todo lo antes mencionado produce una sensación de trabas constantes, de hostilidad y de falta de fluidez en un tipo de trabajo que ya de por sí es duro, minucioso y costoso.

La buena noticia es que, a parte de que esta parte no existe siempre, existen herramientas para evitar que estas conductas nos influyan negativamente. Mi estrategia es basarme en el punto de “ecología de las tareas” de los procesos de Coaching, yo decido reaccionar buscando el beneficio propio cuando me veo envuelta de hostilidad.

1. Si el compañero intenta amedrentarme con frases atacantes, activo un mecanismo que aún me pone más alerta y eso suele influir en que aún ponga más empeño, si cabe, del que ya estaba poniendo y misteriosamente, acabo obteniendo un resultado más exitoso.

2- Si el operador jurídico me pone trabas, intento traer siempre versiones largas y versiones cortas de los borradores de interrogatorios y de las conclusiones y de este modo elijo, según cómo veo al juez, qué versión utilizaré para no dejarme nada.

3- Si el cliente es hostil o se retrasa en los pagos, no me culpo si deseo renunciar a él y a ver florecer mi estrategia jurídica elaborada con tanto esfuerzo. Como dicen por ahí “asegúrate de que la decisión que tomaste fue basada en los mejores argumentos que tenías en ese momento concreto y de este modo no te arrepentirás”.