La humanización de la Justicia

La humanización de la Justicia

Gabriela Boldó Prats

Vocal del ISMA-MHILP

No es habitual que a los estudiantes de Derecho se les hable de humanizar la justicia; han estudiado leyes, tienen una manera de pensar deductiva y por silogismo, donde el sufrimiento y los sentimientos parece que deben aparcarse, cuando básicamente tratarán del sufrimiento humano en diferentes áreas jurídicas, a partir de normas que nos hemos dado para convivir; pese a ello, estos estudiantes no han oído hablar de las soft skills o habilidades blandas.

 Hoy he tenido el placer de desayunar con un tweet de Paloma Abad a resultas de la entrevista en La Contra de La Vanguardia a Pascual Ortuño, magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona; el título de la entrevista era: “El juez debe ser humilde y saber escuchar”.

Qué título más bonito, cierto, eficaz y eficiente. Lo comparto desde hace años y lo he aplicado siempre. Lo suscribo y lo proclamo a los 4 vientos.

Yo he trabajado 15 años como juez sustituta de Barcelona y ahora trabajo como responsable de las actividades extracurriculares y las prácticas del Máster Universitario en Abogacía de la UPF. ¿Qué actividades extracurriculares introduzco? Técnicas de concentración y gestión del estrés, oratoria, seguridad en uno mismo… ¿Cómo imparto las clases? Haciendo que los estudiantes del Máster hagan de Juez y de Ministerio Fiscal. ¿Con qué finalidad? Para que se pongan en su lugar, entiendan el papel de cada uno y sean capaces de ponerse en el lugar del otro e incluso ver en cuál de ellos se sienten más cómodos.

A partir de dos frases de la entrevista empezaría una clase de Derecho:

¿Qué es lo esencial que deberían aprender los futuros jueces?

El respeto profundo de la persona que acude al tribunal.

¿Hace falta la asignatura de empatía?

Efectivamente.

Cualquier operador jurídico debería partir de estas dos premisas cuando desempeña su trabajo en el juzgado, como operador jurídico, independientemente del papel que le haya sido asignado, puesto que tiene delante suyo a un ser humano que le pide ayuda, ayuda jurídica. Ese ser humano está pasando una crisis y sufre. Si el profesional que tiene delante es incapaz de entender ese sufrimiento o problema, esa situación no se resolverá de manera eficaz ni eficiente. Habrá un consejo jurídico de manual, pero no un remedio para ese sufrimiento.

Si el ser humano que tiene delante suyo no se sintiera atrapado posiblemente no recurriría a un profesional porque sería capaz de gestionarlo por sí mismo, sería capaz de resolver la situación, podría llegar a acuerdos, sabría mediar y no precisaría de la ayuda de la Justicia.

Este ciudadano que sufre necesita un diagnóstico jurídico y para eso no hay que oírlo. Hay que escucharlo y comprenderlo. Hay que ponerse en su lugar y entender dónde radica el problema y qué soluciones ofrece el Derecho ante esa situación. Sin esta empatía y respeto profundo es imposible ayudar y, como operadores jurídicos, nuestra misión es ayudar.

Por eso hay que humanizar la justicia. Sin humanidad, aplicamos normas pero no resolvemos conflictos. La resolución de conflictos pasa por escuchar en conciencia, llegar a descubrir dónde radica el problema que ocasiona sufrimiento a ese ser humano.  No se puede ser buen asesor ni buscar soluciones al conflicto desde la idea del poder, del ego, ni de la superioridad. Hay que buscar los diferentes puntos de vista y buscar una solución real. Hay que bajar a la realidad, analizar las circunstancias que rodean esa situación, reconocer la dignidad del otro y sólo desde la escucha plena de ser humano a ser humano sabremos cuál es el problema real.

El primer paso para resolver el problema es entender las circunstancias personales que lo rodean, que asépticamente “regula y resuelve la norma” . Individualizar el hecho según la realidad social que lo envuelve, como dice el CC. Sólo a partir de ahí es posible encontrar soluciones. El juez no puede transmitir sólo poder. Es también un servidor público y es en esta vocación de servicio público y respeto al tercero el modo más ecológico emocionalmente que tiene para cumplir con eficacia y eficiencia las tareas que tiene encomendadas.

Sólo cuando ve al ciudadano como a un ser humano que atraviesa un conflicto pueden abrirse los caminos de la solución al conflicto.