Guía 10. Ansiedad

Guía 10. Ansiedad

Por Jéssica Ahumada Masip

Miembro del Comité Científico del ISMA

Decimos que tenemos ansiedad cuando sentimos, generalmente, inquietud, tensión, dificultades para respirar y nerviosismo. Aunque nos resulta muy desagradable, es tan solo una respuesta fisiológica y emocional de alarma, la cual es el resultado evolutivo que nos prepara para luchar o huir de una amenaza, ya sea externa o interna.

Es interesante diferenciar entre ansiedad razonable y ansiedad patológica. La primera hace referencia a toda aquella ansiedad que es adaptativa, es decir, nos ayuda a funcionar en nuestro día a día. Todos nos hemos sentido ansiosos alguna vez, por ejemplo, ante la defensa de un caso, el cambio de trabajo, un divorcio, etc. Es decir, ante situaciones de gran impacto en nuestra vida. En consecuencia, padeceremos ansiedad durante un tiempo breve y ésta desaparecerá en cuanto la situación ansiosa haya finalizado. Una ansiedad patológica vendría dada por una interpretación irracional del peligro o una preocupación exagerada. En este caso, su intensidad es desproporcionada en la situación objetiva, y podríamos estar hablando de un trastorno de ansiedad.

Síntomas

  • Dilatación de pupilas
  • Tensión muscular
  • Mareo
  • Nauseas y/o diarrea
  • Hiperventilación
  • Irrealidad o despersonalización
  • Taquicardia
  • Inestabilidad

La ansiedad que estás padeciendo puede estar convirtiéndose en un problema si:

  • Estás preocupado durante un periodo largo de tiempo y gran parte del día.
  • Esas preocupaciones son parte de la vida cotidiana o sobre asuntos poco probables que sucedan.
  • Sufres ataques de ansiedad y regularmente experimentas una ansiedad elevada.

Cuando sufres un ataque de ansiedad o de pánico sientes súbitamente malestar o miedo intenso que alcanza su máxima expresión en minutos y durante este tiempo se producen cuatro (o más) de los síntomas siguientes:

  1. Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca
  2. Sudoración
  3. Temblor o sacudidas
  4. Sensación de dificultad para respirar o de asfixia
  5. Sensación de ahogo
  6. Dolor o molestias en el tórax
  7. Náuseas o malestar abdominal
  8. Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo
  9. Escalofríos o sensación de calor
  10. Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo)
  11. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo)
  12. Miedo a perder el control o de “volverse loco”
  13. Miedo a morir

Trastornos de ansiedad

Los trastornos de ansiedad son los que comparten características de miedo y ansiedad excesivos, así como alteraciones conductuales asociadas. Los más frecuentes en el mundo laboral son los siguientes:

Fobia

Podríamos estar hablando de una fobia cuando a la persona le produce un intenso y desproporcionado miedo un objeto o situación específica. En consecuencia, esa persona suele evitar el objeto o situación, y en el caso de no evitarlo, lo afronta con mucha ansiedad.

Trastorno de pánico

Podrías estar padeciendo un trastorno de pánico si sufres varios ataques de pánico de manera recurrente, sientes inquietud o preocupación continua acerca de los ataques de pánico o sus consecuencias (crees que te estás volviendo loco o que vas a sufrir un infarto, por ejemplo), y además realizas conductas de evitación por miedo a sufrir otro ataque de pánico.

Trastorno de ansiedad generalizada

Si tienes ansiedad y preocupaciones excesivas y desproporcionadas en relación a una serie de acontecimientos o actividades durante mucho tiempo, y dicha ansiedad y preocupaciones interfieren en tu funcionamiento diario, podrías padecer trastorno de ansiedad generalizada.

¿Cómo combatirla?

  • Ejercicios de respiración y relajación
  • Escuchar música
  • Comer saludablemente
  • Hacer ejercicio físico
  • Vida social saludable
  • Terapia psicológica

En el caso de sentirte identificado con alguno de los trastornos anteriormente descritos, recomendamos decididamente consultar con un profesional de la salud mental.

 

Referencias e información adicional:

  • Beck, A.T., Emery, G., Greenberg, R. (2014). Trastornos de ansiedad y fobias: una perspectiva cognitiva. Madrid: Desclée de Brouwer.
  • Bados, A. (2015). Trastorno de ansiedad generalizada. Guía para el terapeuta. Madrid: Editorial Síntesis.
  • Clark, D.A., Beck, A.T. (2016). Manual práctico para la ansiedad y las preocupaciones. La solución cognitiva conductual. Madrid: Desclée de Brouwer.
Guía 9. Disfunciones sexuales

Guía 9. Disfunciones sexuales

Por Jéssica Ahumada Masip

Miembro del Comité Científico del ISMA

Los seres humanos pasamos por períodos de mayor y menor actividad y deseo sexual de forma natural. Esto puede ser debido a temporadas en las que estamos más estresados, cansados o deprimidos, y se encuentra dentro de una normalidad de las personas. Nos encontramos ante una posible disfunción sexual cuando ese periodo de tiempo es largo e influye en nuestras relaciones de pareja y en nuestro propio bienestar general, como, por ejemplo, en nuestra autoestima.

La disfunción sexual es una alteración de los procesos propios del ciclo de respuesta sexual o dolor relacionado con la realización del acto sexual. Esta alteración provoca malestar o dificultades en la relación de pareja y no es atribuible a otro trastorno que justifique esta disfunción.

Una disfunción puede tener su origen en un problema físico o psicológico. Respecto a las causas físicas nos podemos encontrar con diabetes, problemas hormonales o insuficiencia cardiaca, entre otras. Las causas psicológicas pueden incluir estrés relacionado con el trabajo, depresión o preocupaciones sobre problemas de la vida diaria. Algunas drogas pueden también afectar al deseo y a la ejecución del acto sexual. En este apartado vamos a exponer los diferentes síntomas que una persona con disfunción sexual puede padecer.

Síntomas

  • Hombres o mujeres
    • Incapacidad para excitarse.
    • Ausente o bajo deseo sexual.
    • Relación sexual con dolor.
  • Hombres
    • Eyaculación precoz, tardía o ausente a pesar de una estimulación adecuada.
    • Incapacidad para mantener una erección adecuada.
    • Incapacidad para lograr la erección.
  • Mujeres
    • Lubricación vaginal inadecuada antes o durante la relación sexual.
    • Ausencia o retraso persistente o recurrente para alcanzar el orgasmo tras una excitación sexual normal.
    • Dolor en la vulva o la vagina al contacto con esas zonas.
    • Incapacidad para relajar los músculos de la vagina lo suficiente para permitir una penetración no dolorosa o incómoda.

Si una de estas disfunciones es debida a la situación laboral por la que estás pasando, se podría relacionar con momentos de estrés o depresión debido, por ejemplo, a la pérdida de un trabajo o un gran cansancio por las largas y estresantes jornadas en el bufete u oficina.

Además, todos sabemos que es muy complicado separar el mundo laboral del personal. A veces parece que se nos acumulan los momentos difíciles, así que si estás sufriendo un momento de estrés elevado en el trabajo y algún acontecimiento vital de importancia como una ruptura sentimental o un post-parto difícil, entre tantos otros, no podemos descartar que sean motivos más que suficientes para tener dificultades sexuales o estar desarrollando una disfunción sexual.

¿Cómo combatirlo?

Primero debes descartar que tu problemática no tenga una causa orgánica (diabetes, obesidad, anticonceptivos, etc.) consultando a tu médico/a. En el caso de no tener un origen médico, es de suma importancia que acudas a un profesional de la salud mental lo antes posible, porque cuanto más tiempo estés con este problema, antes puedes comenzar a desarrollar conductas de evitación de las relaciones sexuales, miedos, inseguridades, baja autoestima, etc. que harán que empeore tu estado y el de tu relación de pareja.

Es muy importante, si tienes pareja, que exista una gran comunicación con ella, y que, a poder ser, acudáis juntos a terapia.

Además, te puede resultar de ayuda:

  • Reducir el consumo de alcohol.
  • Dejar de fumar.
  • Combatir el estrés.
  • Comer sano.
  • Hacer ejercicio.
  • Evitar el consumo de drogas.

Referencias e información adicional:

Guía 8. Depresión

Guía 8. Depresión

Jéssica Ahumada Masip
Miembro del Comité Científico
La depresión es uno de los trastornos más frecuentes en nuestra sociedad ya que el 15% de las personas adultas se verá afectada por él en algún momento de su vida.
Debemos diferenciar entre lo que es una tristeza no patológica de una depresión. En el caso de la tristeza no patológica, es un estado bajo de ánimo adecuado al estímulo que lo origina, tiene una duración breve e interfiere menos en nuestro rendimiento.
En cambio, en la depresión como trastorno podemos encontrar los siguientes síntomas:

Síntomas

  • Tristeza, desánimo, apatía, indiferencia, irritabilidad, falta de satisfacción, etc.
  • Baja autoestima, expectativas negativas, autoacusación, ideas de culpa, desesperanza, ideas de suicidio, falta de concentración, atención y memoria.
  • Desesperanza, abandono personal, llanto, aislamiento.
  • Lentitud en el hablar y en el andar.
  • Falta de energía..
  • Pérdida del apetito, falta o exceso de sueño, cansancio, disfunciones sexuales, etc.

¿Cómo combatirlo?

Es encarecidamente necesario que las personas con depresión acudan a un especialista de la salud mental para recibir tanto tratamiento psicológico como psiquiátrico.

Además, de manera paralela puede resultarte de ayuda:

  • Realizar ejercicio: los estudios han demostrado que la práctica de ejercicio al aire libre aporta beneficios al estado de ánimo y mejoría de la sensación de bienestar general. La persona con depresión que realiza ejercicio regular consigue desarrollar su autoestima.
  • Técnicas de relajación: son de gran ayuda también para la prevención de este trastorno.
  • Vida social: las personas con depresión tienen tendencia al aislamiento, el apoyo social es una gran ayuda para superar este trastorno.
  • Evitar alcohol y otras drogas: existe una tendencia de consumo de estas sustancias en personas con depresión, pero en realidad son depresoras, es decir, aumentan los síntomas de la depresión.

Referencias e información adicional:

Beck, A.T., Rush, J., Shaw, B.F. (2015). Terapia cognitive de la depression. Madrid: Desclée de Brouwer.

Guía 7. Acoso psicológico en el trabajo

Guía 7. Acoso psicológico en el trabajo

Por Jéssica Ahumada Masip

Miembro del Comité Científico del ISMA

El acoso psicológico en el trabajo (mobbing) constituye un riesgo para la salud y seguridad de quienes lo padecen. En las organizaciones algunas personas ponen en práctica conductas y actitudes de hostigamiento que no tiene por qué incluir la violencia física o la amenaza, sino que pueden ser silenciosas y sutiles. Pueden ser ejercidas por y desde cualquier rango jerárquico y también entre compañeros/as del mismo nivel.

La Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Trabajo contempla tres aspectos dentro del acoso psicológico: hostigamiento psicológico, violencia física y acoso sexual. Podríamos decir que serían todos aquellos comportamientos que discriminan, humillan, debilitan, ofenden, ridiculizan o amenazan la integridad de la persona trabajadora.

En la actualidad, el acoso psicológico en el trabajo se contempla como una cuestión que viola derechos constitucionales, civiles y normas penales, y como un problema de salud y seguridad en el trabajo.

 

Conductas consideradas acoso psicológico en el trabajo

Hay una amplia variedad de conductas que ejercen las personas acosadoras. A continuación, clasificamos las más frecuentes según sus objetivos y también en función del daño que causan a sus víctimas.

  1. Actividades de acoso para reducir las posibilidades de la víctima de comunicarse abiertamente con otros, incluida la persona acosadora:
  • La persona acosadora no permite a la víctima que tenga posibilidad de comunicarse.
  • Se le interrumpe continuamente cuando habla.
  • Se le impide expresarse.
  • Es objeto de avasallamiento, gritos, insultos en voz alta.
  • Hay ataques verbales criticando trabajos realizados.
  • Se producen críticas hacia su vida privada.
  • Hay amenazas verbales o por escrito.
  • Se rechaza el contacto con la víctima (gestos de rechazo, desdén o menosprecio, evitación del contacto visual, etc).
  1. Actividades de acoso para evitar que la víctima tenga posibilidad de mantener contactos sociales:
  • No se habla nunca con la víctima.
  • No se le deja dirigirse a ningún compañero/a.
  • Se prohíbe a sus compañeros/as hablar con ella.
  • Se niega la presencia física de la víctima.
  1. Actividades de acoso dirigidas a desacreditar a la víctima o impedirle mantener su reputación personal o laboral
  • Registrar el trabajo de la víctima.
  • Cuestionar o contestar las decisiones tomadas por la víctima.
  • Injuriar en términos obscenos o degradantes.
  • Acosar sexualmente con gestos o proposiciones.
  • Maldecir a la víctima o se calumnia.
  • Hacer circular cotilleos y rumores sobre la víctima orquestados por el acosador.
  • Mofarse o burlarse de la víctima, o ridiculizarla.
  • Atribuir a la víctima una enfermedad mental o problemas psicológicos.
  • Intentar forzarla o someterla a un examen o diagnóstico psiquiátrico.
  • Se fabula o se inventa una supuesta enfermedad de la víctima.
  • Imitar sus gestos, su postura, su voz, su comportamiento o su talante con vistas a ridiculizarle.
  • Atacar sus creencias políticas o religiosas.
  • Hacer burla de su vida privada.
  • Obligar a realizar un trabajo o unas tareas humillantes.
  1. Actividades de acoso dirigidas a reducir la ocupación de la víctima mediante el descrédito profesional
  • No asignar a la víctima trabajo alguno.
  • Privar de cualquier ocupación.
  • Asignar tareas totalmente inútiles.
  • Asignar tareas muy inferiores a su capacidad o a sus competencias profesionales.
  • Asignar sin cesar tareas nuevas.
  • Obligar a ejecutar trabajos humillantes.
  • Asignar tareas que exigen una experiencia superior a las competencias que posee.
  1. Actividades de acoso que afectan a la salud física o psíquica de la víctima.
  • Obligar a ejecutar trabajos peligrosos o especialmente nocivos para la salud.
  • Amenazar físicamente.
  • Arremeter físicamente a la víctima, pero sin lesiones graves, a título de advertencia.
  • Ocasionar voluntariamente gastos con intención de perjudicarla.
  • Ocasionar desperfectos en su puesto de trabajo o en su domicilio.
  • Arremeter sexualmente a la víctima.

Síntomas

La persona acosada puede sufrir:

  • Alteraciones cognitivas como dificultad para concentrarse, olvidos y pérdidas de memoria.
  • Alteraciones psíquicas como decaimiento, depresión, irritabilidad, angustia, falta de iniciativa, sentimientos de vergüenza y culpabilidad y pérdida de confianza en sí mismo y en los demás, entre otros.
  • Síntomas físicos como palpitaciones en el corazón, vómitos, cansancio y dificultades para dormir y descansar.

Consecuencias

  • Impacto en el entorno social y familiar (aislamiento, tensión, falta de comunicación y conflictividad).
  • Impacto en el entorno laboral (descenso en el rendimiento en el trabajo, más accidentes, periodos de incapacidad laboral, pérdida del lugar de trabajo, etc.).
  • Psicopatológicas (trastornos de ansiedad, del estado del ánimo, síndrome de fatiga crónica, etc.).

¿Qué puedes hacer en caso de ser acosado en el trabajo?

El acoso en el trabajo es un problema grave de salud ocupacional y requiere los esfuerzos tanto de trabajadores, empresarios, sindicatos, gobiernos y parlamentos, investigadores y profesionales de la salud y seguridad en el trabajo.

Si te has sentido identificado/a con lo descrito en este artículo, te recomendamos que:

  • Tomes conciencia y reconozcas el problema: explora y analiza los hechos ocurridos llevando un diario y anotando los problemas de acoso que estás sufriendo. Es muy importante contar con la información completa sobre el origen del problema a resolver, comprender las causas y trabajarlas.
  • Seas proactivo: toma responsabilidad de tus propios actos y aprende a dar una respuesta.
  • Cuides tu salud tanto física como emocional: aprende maneras saludables para afrontar estas situaciones. Solicita apoyo médico y psicológico para valorar el daño físico y mental que estás sufriendo.
  • Enfrentes el problema: muestra una visión positiva prestando atención a las soluciones y no a tus limitaciones, fíjate en tus logros y avances, tanto de tu vida laboral como social y familiar para mejor el concepto que tienes de ti mismo/a. Lucha por tus derechos y tus recursos. A veces la solución está en dirigirte al responsable de la prevención en la empresa exigiendo protección frente al acoso. Si la empresa dispone de un procedimiento antiacoso, úsalo.
  • Busques apoyos: busca personas de confianza dentro de la empresa (Servicio de Prevención de la empresa, Comité de Seguridad y Salud, compañero/a de trabajo, médico de la empresa) y comienza a recabar pruebas por escrito y testigos. Busca también apoyo psicológico para que te ayuda a adquirir y mejorar tus técnicas de afrontamiento para prevenir un daño psicológico. Pide apoyo legal para informarte de cuáles son tus derechos recogidos en el Estatuto de los Trabajadores, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, los Convenios Colectivos y poder realizar las actuaciones legales oportunas.
  • Denuncies: acude al Instituto Regional de Seguridad y Salud en el Trabajo para protegerte de los abusos, vulneraciones y disconformidades que sufres durante tu relación laboral, o denuncia ante la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, la autoridad laboral o los Tribunales.

Referencias e información adicional:

  • Acoso psicológico en el trabajo. Guía para el trabajador. La suma de todos. Comunidad de Madrid.

 

Guía nº 2. Desgaste profesional (“burnout”)

Guía nº 2. Desgaste profesional (“burnout”)

Por Jéssica Ahumada Masip

Miembro del Comité Científico

El desgaste profesional (burnout) es el síndrome llamado coloquialmente “quemarse por el trabajo”. Las personas que sufren desgaste profesional se sienten desbordadas y se perciben impotentes para hacer frente a los problemas que le genera su entorno laboral.

Su origen está en un entorno laboral donde existen altos niveles de estrés, carga de trabajo excesiva, poca autonomía, falta de formación para desempeñar las tareas, malas relaciones en el trabajo y ausencia de apoyo en el entorno, entre otros. Todo ello en su conjunto, facilita que no encuentren las suficientes estrategias para afrontarlo.

Síntomas

• Dificultad para concentrarse • Baja autoestima • Dolor de cabeza • Taquicardia • Insomnio • Bajo rendimiento • Absentismo laboral • Aburrimiento • Irritabilidad y agresividad • Trato distante hacia los demás • Nerviosismo • Sentimientos de fracaso, impotencia y agotamiento • Falta de entusiasmo por el trabajo • Sensación de estar desbordado por el trabajo

Fases

Los expertos en burnout lo han divido en varias fases:

Fase inicial o de entusiasmo: A menudo, el comienzo en un nuevo trabajo resulta estimulante por muchas exigencias que nos impongan. Resulta atractivo ponerse a trabajar al finalizar los estudios, tras una larga temporada en paro o al haber cambiado de trabajo.

Fase de estancamiento: Tras varios meses o años y comprobar el incumplimiento de nuestras expectativas profesionales, nos estancamos. Todavía nos sentimos realizados personalmente, pero comenzamos a replantearnos la relación entre esfuerzo personal y beneficios.

Fase de frustración: Nos cuestionamos la eficacia del esfuerzo personal frente a los obstáculos derivados del desempeño de nuestro trabajo. La falta de recursos organizacionales y personales nos llevan a una fase de apatía. El trabajo pierde sentido para nosotros.

Fase de hiperactividad y de apatía: Primero pasamos por un estado en el cual estamos siempre trabajando, queremos hacer tantas cosas que no hacemos nada y nos lleva al colapso porque no damos abasto. Después tenemos una reacción de apatía que surge a partir de un sentimiento de distanciamiento de lo laboral, que conlleva evitación de la actividad profesional.

¡Quemado!: No logramos aliviar nuestra situación, los cambios en nuestras actitudes y conductas no son eficaces. Sentimos un colapso físico, emocional y cognitivo.

¿Cómo combatirlo?

La desmotivación laboral se aborda desde diferentes niveles:

Nivel organizacional: Teniendo en cuenta dónde se desarrolla el desgaste profesional, son las organizaciones las encargadas de diseñar un plan de intervención. Éstas deben ir orientadas a un cambio de filosofía con el objeto de incrementar la calidad de vida laboral y el bienestar personal. Dentro de esas estrategias podemos encontrarnos con: rediseño de tareas, claridad en los procesos de toma de decisiones, establecer objetivos claros para los roles profesionales, mejorar las redes de comunicación organizaciones, involucrar a las personas trabajadores en la toma de decisiones, mejorar la autonomía, mejora del sistema de recompensa, entre otras. Profesionales como psicólogos de las organizaciones pueden ayudar a los y las empresarias en una orientación hacía la prevención del desgaste profesional.

Nivel interpersonal: Pasamos gran parte de nuestro tiempo en el trabajo y como consecuencia es fundamental tener una buena relación interpersonal para el equilibrio físico y mental de la persona. Es a través del apoyo social en el trabajo cuando las personas obtienen nueva información, adquieren nuevas habilidades o mejoran las que ya tienen. Obtienen refuerzo social y retroinformación sobre la ejecución de las tareas, a la vez que también consiguen apoyo emocional. Para conseguir un buen resultado se utilizan programas de entrenamiento en habilidades sociales para mejorar la calidad de las relaciones interpersonales en el trabajo.

Nivel sobre la persona trabajadora: Los expertos recomiendan la adquisición de estrategias de afrontamiento, técnicas de relajación y el ejercicio físico. Es recomendable que acuda a un profesional de la salud mental que le ayude en la adquisición de estos nuevos hábitos y estrategias.

Referencias e información adicional:

– Gil-Monte, P.R. (2005). El síndrome de quemarse por el trabajo (burnout). Madrid: Ediciones Pirámide. – Polo Vargas, J.D., Briñez, V.S., Navarro Segura, M.C., Alí Nieto, A. (2016). Creencias irracionales, síndrome de burnout y adicción al trabajo en las organizaciones. Psicogente, 19(35), 148-160. – Ramos, F. Buendía, J. (2001). El síndrome de burnout: concepto, evaluación y tratamiento. A J. Buendía (coord.), Empleo, estrés y salud (pp.33-53). Madrid: Psicología Pirámide.