El ISMA en el XII Congreso Nacional de la Abogacía Española

El ISMA en el XII Congreso Nacional de la Abogacía Española

El XII Congreso Nacional de la Abogacía 2019, el evento más importante de la abogacía institucional de España, tendrá lugar del 8 al 11 de mayo en Valladolid. Cabe destacar que varios miembros del Instituto de Salud Mental de la Abogacía – Mental Health Institute of Legal Professions (ISMA-MHILP) asistirán a dicho Congreso y participarán en varias ponencias. 

Sara Molina Pérez-Tomé

Miembro del Comité de Bienestar del ISMA

«La gestión del cambio en las personas es la clave en la transformación digital. Por ello entender el liderazgo debe ser el principio básico con independencia de la tecnología utilizada. Entender qué aporta a las personas nos hará entender dónde aporta la tecnología en los procesos del despacho.

El ser humano no sabe gestionar bien la incertidumbre por ello es clave integrar a las personas en los cambios que se produzcan a nivel organizacional».

Liderazgo y gestión del cambio en el despacho

GESTIÓN EFICAZ DE DESPACHOS / Itinerario 9

Fecha: 09/05/2019
Horario: 10:00 h – 10:45 h
Sala: Sala 9
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RESUMEN

Los despachos conforman equipos integrados por abogados y empleados, con funciones complementarias pero diferenciadas, intereses propios, así como talentos y conocimientos heterogéneos. La misión del socio-director es conseguir que este grupo trabaje de manera efectiva y ágil, en grupo o individualmente, en la consecución de un objetivo común. No parece una tarea fácil, especialmente cuando cambian la organización y los métodos de trabajo, pero nadie dijo que lo fuera. ¡A por ello!

PONENTES

  • Sara Molina Pérez-Tomé, socia de Marketingnize
  • Mercedes Carmona Mariscal, Ex socia directora de MA Abogados

MODERADOR

  • Julio Sanz Orejudo, Consejero del Consejo General de la Abogacía Española

Eugenia Navarro Segura

Miembro del Comité de Bienestar

«Se trata de un punto de encuentro con la abogacía española. Espero poder compartir experiencia y aprender de otros profesionales del sector, sin olvidar la parte humana y el conocimiento de personas. Y por supuesto, ver a mis compañeros de Comité de Bienestar de ISMA Manel y Paula, que tienen información muy interesante sobre nuestro querido sector».

Cómo crecer de forma eficiente y sostenible

ABOGACÍA EMPRENDEDORA / Itinerario 7

Fecha: 09/05/2019
Horario: 13:15 h – 14:00 h
Sala: Sala 7
Más detalless

RESUMEN

Crecer por crecer no es aconsejable ni inteligente. La decisión de expandirse como despacho ha de estar sustentada en un análisis estratégico y financiero. A esto debe añadirse una correcta ejecución que, como casi siempre, es la que marca la diferencia. ¿Cómo adoptar la mejor decisión en cada momento? ¿Cómo planificar el crecimiento de nuestro despacho? ¿Cómo implementarlo?.

PONENTES

  • Ángela de Miguel Sanz, Socia Directora de Negotia
  • Eugenia Navarro Segura, Socia Directora de Tama Projects

MODERADOR

  • José Luis Garrido Giménez, Consejero General de la Abogacía Española

Berta Santos Rouco

Miembro del Comité de Bienestar

«El congreso sera para mí una oportunidad para encontrarme con compañeros y compañeras de profesion. Un lugar de aprendizaje y de reflexionar sobre el bienestar y cómo construir relaciones más saludables, dejando a un lado egos y todo aquello que no nos ayuda a crecer y avanzar en nuestro día a día como abogados/as».

Cuando fallan las relaciones con los socios

GESTIÓN EFICAZ DE DESPACHOS / Itinerario 9

Fecha: 10/05/2019
Horario: 13:15 h – 14:00 h
Sala: Sala 9
 
Más detalles

RESUMEN

Socios tóxicos, luchas de poder, egos enfrentados, intereses contrapuestos, personalismos… En muchas ocasiones una mala gestión de las relaciones entre los socios hace fracasar proyectos e incluso supone el fin de muchos despachos. ¿Se trata de una tarea imposible? En absoluto. Es hora de conocer algunas claves no solo para que se guarden las formas y se evite la conflictividad entre socios, sino para ir más allá y generar vínculos de calidad entre ellos, promocionando el respeto y la confianza mutuos.

PONENTES

  • José Luis Pérez Benítez, Presidente de la Sección Gestión e Innovación del Colegio de Abogados de Madrid
  • Berta Santos Rouco, Abogada y Coach especializada en el sector jurídico

MODERADOR

  • Leandro Cabrera Mercado, Consejero del Consejo General de la Abogacía Española

Óscar Fernández León

Miembro del Comité de Bienestar

«El objetivo de la ponencia será transmitir la importancia de crear, a través del lenguaje verbal y no verbal, mensajes adecuados y eficaces que permitan comunicarnos fácilmente con el auditorio, especialmente con los órganos judiciales, todo ello con el fin de alcanzar los objetivos persuasivos del interrogatorio y discurso en sala»

Cómo crear mensajes adecuados y eficaces en comunicación

NUEVAS PRÁCTICAS PROFESIONALES / Itinerario 6

Fecha: 11/05/2019
Horario: 10:00 h – 10:45 h
Sala: Sala 6a
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RESUMEN

Distinguirse o extinguirse, esta es la realidad. La comunicación forma parte del trabajo de cualquier profesional, y también de los abogados. Pero requiere planificación y una buena ejecución. ¿Nos ponemos a ello? Prestemos atención a cómo se crean mensajes adecuados y eficaces en el mundo de la comunicación, y adaptémoslos a las especificidades de la práctica profesional de la abogacía y los despachos.

PONENTES

  • Rafael Guerra González, Abogado
  • Óscar Fernández León, Socio director de Leonolarte Firma de Abogados, SLP

MODERADORA

  • Erika Torregrosa Acuña, Miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de la Abogacía de Barcelona

Paula Fernández Ochoa

Miembro del Comité de Bienestar

«Confiamos que las cifras desprendidas de este Estudio pionero en la salud de la abogacía nos permitan sensibilizar al sector legal de la situación en que se encuentran sus profesionales y concienciarles de la importancia de implementar medidas y políticas que contributan a mejorar el bienestar de la profesión».

Manel Atserias Luque

Fundador y Presidente del Instituto de Salud Mental de la Abogacía

El I Estudio sobre la Salud y el Bienestar de la Abogacía Española, una iniciativa de Lefebvre y el ISMA-MHILP, es otro paso que damos para concienciar de la importancia de tener una abogacía bien cuidada. Está en juego el Estado de Derecho.

Bienestar y Abogacía

NUEVAS PRÁCTICAS PROFESIONALES / Itinerario 6

Fecha 11/05/2019
Horario 11:00 h – 11:45 h
Sala: Sala 6a
 
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RESUMEN

La abogacía es una profesión que en su larga historia ha exigido de sus profesionales una intensa y constante dedicación. Por su especial conformación profesional, la abogacía ha contado con sistemas de cobertura de las necesidades de los profesionales muy dispares. Diversos estudios apuntan la necesidad de atender las necesidades específicas de quienes ejercen la profesión, en particular, las relacionadas con su salud, en su más amplia concepción. Las medidas de conciliación personal y familiar, unidas la mejora de los sistemas de gestión profesional, son solo algunas de las cuestiones a debate.

PONENTES

  • Manel Atserias Luque, Presidente del Instituto de Salud Mental de la Abogacía – Mental Health Institute of Legal Professions (ISMA-MHILP)
  • Paula Fernández-Ochoa, Socia de +MoreThanLaw y VivircorRiendo. Consultora & Speaker en Marketing Jurídico y Marca Personal en entornos de alta competición.

MODERADOR

  • Juan Luis de Aynat Bañón, Consejero del Consejo General de la Abogacía Española
Abogado, ¿tienes clientes problemáticos?

Abogado, ¿tienes clientes problemáticos?

Por Óscar Fernández León (@oscarleon_abog)

Miembro del Comité de Bienestar del ISMA

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Clientes, como abogados, los hay de diversa naturaleza, lo que implica que el abogado, obligado a mantener una relación constante con aquéllos, debe saber cómo manejar las diversas interacciones con el fin de asegurarse que entre ambos se forme un verdadero equipo que favorezca la consecución del principal objetivo: la prestación del mejor asesoramiento o defensa.

Sin embargo, alcanzar dicho fin no es fácil, pues todos los abogados hemos tenido clientes problemáticos (aquellos que no entienden los límites existentes en la relación profesional), lo cual constituye, en la mayoría de las ocasiones, un verdadero lastre para el adecuado desarrollo de la misma.

Partiendo de esta base, dedicaremos el presente post a analizar las categorías más habituales de este tipo de clientes, para a continuación ofrecer algunas medidas generales para evitar que dicha condición pueda dinamitar la relación profesional. Vaya por delante mi máximo respeto y aprecio por los clientes, a los que he dedicado numerosos post resaltando su importancia y valor (véase http://oscarleon.es/por-que-son-tan-importantes-los-clientes-para-el-abogado-diez-razones-desde-el-corazon/), lo que no quita que la experiencia nos demuestre situaciones patológicas que, por el bien de la relación profesional, hemos de evitar.

Los clientes problemáticos

Entre las conductas más paradigmáticas de cliente problemático encontramos las siguientes:

El cliente con expectativas erróneas: En esta categoría de clientes incluimos a aquellos que mantienen unas expectativas del servicio que van a recibir muy superiores a las que realmente puede ofrecer el abogado. Estas expectativas pueden afectar al servicio (tiempos de atención y respuesta al cliente; abogado que lo va atender, necesidad de información permanente), al tiempo de prestación del servicio (¡esto es para ayer!), a los costes del servicio (¡yo pensaba que esto estaba incluido en la minuta!, o al resultado del servicio (¡se ha perdido el asunto y por tanto aquí hay una responsabilidad!).

El cliente irrespetuoso: Se caracteriza por no tener un comportamiento educado con su abogado. Aun conociendo las reglas de funcionamiento del despacho y el proceso de prestación del servicio, es muy exigente, tiene malas formas y no suele apreciar el trabajo del abogado. No respeta nuestro tiempo pero tampoco quiere pagar por él. Para él, si el asunto se gana, es su mérito, si se pierde, es demérito del abogado. Siempre será crítico con el trabajo del abogado y cualquier contacto entre ambos será siempre desagradable para el éste.

El cliente vindicativo: Son clientes que se caracterizan por contratar los servicios de un abogado con el fin de hacer daño a otra persona o entidad, bien al pretender canalizar su agresividad a través de acciones judiciales sin sentido, o por el mero hecho de hacer desgraciada a otra persona con el fin de saldar una deuda. En ambos casos, el cliente nunca busca un fin positivo o justo, sino que utiliza al abogado como un ariete contra los demás, arma que, probablemente, con el paso del tiempo podrá volverse contra el propio profesional. Generalmente, trata de imponer su criterio al abogado, aunque sea un verdadero despropósito.

El insatisfecho: Este cliente nunca estará contento con la prestación del servicio, de manera que aunque el abogado realice un trabajo de calidad más económico o más rápido (que supere las expectativas iniciales), éste siempre buscará algún motivo para quejarse, lo que produce una importante frustración en el abogado, que nunca verá apreciados sus servicios y esfuerzos por contentarlo. Aquí podemos incluir al cliente que no está dispuesto a pagar lo que vale el trabajo y no se cansará de buscar una rebaja o, de no conseguirlo, tener afilada la espada para exigir todo lo que pueda al profesional por el sobreesfuerzo económico realizado.

El oscuro: Este es sumamente peligroso, ya que tiene una tendencia no solo a no contar todos los hechos al abogado (omitiendo normalmente los esenciales) sino que además no le importa mentir para que el abogado actúe siguiendo el patrón mental que él ya tiene establecido para su temeraria defensa. Con independencia del descrédito que supone para el abogado quedar al descubierto cuando la otra parte o el Juzgado exponen la realidad y la dificultad que entraña la defensa de estos asuntos, el peligro de este cliente es que con su conducta puede involucrar al abogado en alguna infracción deontológica o incluso criminal, que, por cierto, poco le importará al cliente.

El cliente-abogado: Se caracteriza por pasar por alto la jerarquía profesional existente entre abogado y cliente, imponiendo su derecho a dictar a aquél la estrategia a seguir, contrariándose en caso de que este cuestione o no siga sus preclaras instrucciones.

¿Cómo podemos evitar que durante la relación profesional surjan estas conductas?

La respuesta no es otra que la prevención, y con ello nos referimos a una labor de información que deberá realizar el abogado en las primeras fases de la relación profesional a fin de evitar que el cliente vea normal actuar de forma incorrecta. Para ello, habremos de desarrollar una labor pedagógica en la que destacan las siguientes medidas:

1ª.- Explicarle en qué consiste nuestra actividad profesional y cómo se desarrollará en el caso concreto.

2º.- Crear unas expectativas reales. Para ello le preguntaremos qué espera de nosotros y le expondremos lo que puede lograrse y las limitaciones que nos encontraremos para ello.

3º.- Describirle las reglas de funcionamiento de la relación profesional y de nuestro despacho (horarios, accesibilidad, cita previa, llamadas, honorarios, uso del móvil y  whatsapp, etc.).

.- Mantener nuestra independencia ante el cliente y marcar claramente las reglas de la forma de trabajo.

5º.- Documentar constantemente las interacciones con el cliente, desde la hoja de encargo (imprescindible en estos casos), hasta las llamadas, mensajes de voz, etc. y confirmar sus instrucciones por escrito o enviarle resúmenes de las actuaciones que realicemos o, ante una decisión suya, pedirle por escrito esas instrucciones. En estos casos, no podemos obviar la práctica de dejar recibo firmado de toda la documentación recibida o entregada. En definitiva, a mayor información escrita, menos riesgos de controversias y malentendidos.

Cuestión distinta es que, al comenzar la relación, el abogado prescinda del uso de estas medidas y a lo largo de la relación surjan estas conductas. En tales casos (en los que la responsabilidad de esta situación corresponde en gran medida al propio abogado), toca encauzar la relación y realizar sobre la marcha un proceso de reciclaje siguiendo las pautas anteriores, lo que obviamente va a ser más difícil pues estamos en un escenario ya de por si viciado.

Si la relación finalmente deriva hacía una situación insostenible, y con ello nos referimos a que a pesar de nuestros esfuerzos sigue generándose malestar, temor, incomodidad, preocupación constante, es momento de tomar la decisión final que no es otra que cesar la relación profesional. Para ello, actuaremos amparados por lo dispuesto en el artículo 13. 3 del Código Deontológico de la Abogacía Española que establece que el abogado tendrá plena libertad para aceptar o rechazar el asunto en que se solicite su intervención, sin necesidad de justificar su decisión (igualmente, el abogado podrá abstenerse o cesar en la intervención cuando surjan discrepancias con el cliente. Deberá hacerlo siempre que concurran circunstancias que puedan afectar a su plena libertad e independencia en la defensa o a la obligación de secreto profesional).

Por lo tanto, la prevención, las medidas de reciclaje o cese de la relación son las herramientas de las que dispone el abogado para imponer la indispensable cordura que toda relación profesional abogado-cliente merece y necesita.

Naturalmente, todo lo expuesto hasta ahora queda muy bien sobre el papel, pero en realidad es muy difícil llevarlo a cabo. Todos conocemos el valor de un cliente, y somos conscientes de que la regla general es plegarnos a sus peticiones por más que perjudique nuestra forma de trabajar. Sin embargo, si reflexionamos seriamente sobre esta cuestión, concluiremos que el daño potencial que una relación viciada puede producir sobre en el abogado no es compensable por cantidad alguna, por lo que es recomendable evitar males mayores a tiempo. No obstante, por mi experiencia, el cliente, si bien al principio es reticente a someterse a nuestras reglas, en la mayoría de los casos agradece la transparencia que supone dejar claras las cosas desde el principio, limitándose los casos patológicos a supuestos excepcionales.

El abogado “enferma” cuando se implica demasiado con su cliente

El abogado “enferma” cuando se implica demasiado con su cliente

Por Óscar Fernández León (@oscarleon_abog)

Miembro del Comité de Bienestar del ISMA

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Decía don Manuel Cortina “los pleitos hay que vivirlos como propios y sentirlos como ajenos”, frase proverbial que recoge un principio esencial en la práctica profesional de todo abogado: no podemos implicarnos emocionalmente en la defensa de los intereses de nuestros clientes. Sin embargo, la realidad es que muchos abogados incumplen inconscientemente dicha regla, y, quizás sin saberlo, al implicarse demasiado pueden llegar a sufrir situaciones verdaderamente patológicas.

Efectivamente, en ocasiones el abogado se preocupa enormemente por los casos que está defendiendo, de tal modo que no puede dejar de pensar en los mismos y en su posible resolución. Esta situación, que podría considerarse positiva si se adopta con cierta prudencia, se vuelve patológica cuando la implicación es tal que comenzamos a sufrir como si del propio cliente se tratara. Así, nos desvelamos por la noche pensando en el caso, nos indignamos ante el mero pensamiento de la conducta del contrario, anhelamos una solución favorable y, literalmente, sufrimos pensando en un posible fracaso ante nuestro cliente. Las consecuencias de esta actitud no se hacen esperar; insomnio, úlceras, distracciones e incluso cierta agresividad que van a pasar factura tanto a nuestra vida personal como profesional.

Esta es una conducta muy propia del joven abogado cuando llevan sus primeros asuntos, si bien la experiencia y la práctica va reduciendo tal comportamiento hasta llegar un punto en el que su involucración se modera hasta lo estrictamente necesario; quienes no superan esta situación acaban abandonando la profesión o continúan en el ejercicio profesional padeciendo (y haciendo padecer a los demás, especialmente a su familia) un verdadero infierno.

Dicho esto, el objeto de este post no es otro que alertar a aquellos compañeros que al leer estas líneas puedan verse identificados de algún modo, a fin de que adopten las medidas necesarias para modificar dicha tendencia, pues como todos hemos podido comprobar por nuestra propia experiencia, la excesiva involucración llega un punto que nos resulta insoportable por afectarnos personal y profesionalmente, siendo conveniente una aproximación al cliente y a su asunto con cierta distancia y moderación. Naturalmente, lo dicho sobre la excesiva implicación es aplicable a la dejadez, desidia o pasotismo que conlleva la nula implicación en el caso (mucho menos frecuente, claro).

Pero, ¿cómo podemos alcanzar el punto medio de implicación entre ambos extremos?

Para ello vamos a establecer una serie de razones a modo de consejos que podrían ayudarnos a reflexionar sobre lo pernicioso de una excesiva implicación con nuestro cliente y su asunto:

1º.- Cuando el cliente se presenta en el despacho del abogado viene para que lo asesore y defienda, y ¿sabes por qué?, por qué él se ha metido o alguien lo ha metido en el problema en el que se encuentra. La causa última de que esté en el despacho deriva del propio cliente, quien lo que busca es ayuda en forma de asesoramiento. Si te vas a angustiar por lo que otro ha hecho, viviéndolo como si tú fueras el causante del problema, prepárate para sufrir. Por ello, cuando te veas implicándote más de la cuenta piensa en que la raíz del problema que estás solucionando es completamente ajena a ti, y te aseguro que te ayudará a ver las cosas desde otra perspectiva.

2º.- Aunque a veces los clientes piensan que si el abogado está emocionalmente implicado en el caso realizarán una mejor defensa, están completamente equivocados. El abogado debe crear una distancia emocional con su cliente que le permita alejar la subjetividad que éste va a imprimir a todas sus acciones, pues siendo objetivo, es como el profesional podrá barajar todas las alternativas de defensa posibles, sea cual sea la incomodidad, malestar o incluso discrepancia de su cliente. El buen abogado debe ser empático y saber ponerse en el lugar del cliente para entender sus emociones, pero ello no significa que debamos identificarnos con él, puesto que en tal caso perderemos la objetividad que exige la aplicación de nuestros conocimientos técnicos y prácticos a la solución del caso.

3º.-  ¿Ves a esos compañeros que cuando llegas a la puerta de la sala acompañando a su cliente y cuando los miras te vuelven la espalda o te responden con hostilidad? Pues esos compañeros están excesivamente implicados con sus clientes hasta el punto de que temen que éstos les recriminen que hablen o incluso saluden al “enemigo”. La excesiva involucración conduce inevitablemente al incumplimiento de obligaciones deontológicas como la lealtad a los compañeros que flaco favor le hacen a nuestra profesión. Si estás excesivamente involucrado, es probable que actúes de forma hostil frente al contrario y a su cliente, bien porque sientes que debes hacerlo, bien a modo de pantomima ante tu cliente, conducta que a larga se paga pues “los clientes y los casos pasan y los abogados quedan…”

4º.- ¿Tú no tienes tus propios problemas? Pues ¿para qué quieres más problemas? Si te identificas con tu cliente asumes el suyo, esto te llevará a padecer en un grado muy aproximado a lo que sufre el cliente Y digo yo, ¿Para qué? ¿Para ignorar tus problemas y centrarte en los del cliente?  Mal negocio…

5º.- Si te involucras más de la cuenta acabarás física y psíquicamente destrozado, no lo dudes. La razón de ello radica en que tu no llevas un solo caso, sino una o dos docenas, cada uno con su problema particular de fondo, de modo que si vives cada caso identificándote con el cliente y su problema (además de los tuyos) acabarás exhausto y no tendrás otra salida que dejar la profesión (posible síndrome burnout) y si aguantas, solo espero no encontrarme contigo en una sala de vistas. Ya lo decía Eduardo J. Couture en su famoso decálogo: Olvida. La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras llenando tu alma de rencor llegaría un día en que la vida sería imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.

Concluir señalando que si encontramos el punto medio, no ajeno a la administración de un cierto estrés y tensión profesional, no solo asesoraremos y defenderemos a nuestro cliente con más eficacia, sino que tendremos la oportunidad de disfrutar a conciencia del camino profesional que recorremos a diario.

El abogado del siglo XXI

El abogado del siglo XXI

Por Óscar Fernández León (@oscarleon_abog)

Miembro del Comité de Bienestar del ISMA

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Este artículo (título original “El abogado del siglo XXI o el abogado humanista”) ha sido publicado en el Blog Manual Interno de Gestión del autor en LegalToday.com

Últimamente es frecuente encontrar artículos y posts que reflexionan sobre las cualidades o habilidades con las que el abogado debe afrontar el siglo XXI, colaboraciones en las que observamos que destacan la capacidades relacionadas con la transformación tecnológica, la innovación y proactividad, el marketing y la empresa, la adquisición y gestión de conocimientos, etc. Igualmente, se mencionan habilidades emocionales como la empatía, la escucha activa y otras relacionadas con la forma de comunicarnos y relacionarnos con las personas con las que interactuamos diariamente.

La Abogacía es una profesión centrada en la persona.

Aprovechando este contexto tan en boga, hoy me gustaría centrarme exclusivamente en estas últimas cualidades que representan el lado humano de la profesión, es decir, en la puesta en valor de la persona como vértice de la profesión, faceta esta que guarda una enorme relación con ser abogado.

La razón de haber elegido dicho tema radica en que algo lógico y natural que todos podemos constatar fácilmente pero sobre lo que raramente reflexionamos, que la abogacía es una profesión centrada en la persona, condiciona ineludiblemente la forma de ser y de vivir la profesión.

Con este propósito, hablaré sobre lo que entiendo debe ser un abogado humanista, los beneficios que ello entraña y algunos consejos para acercarnos a ese ideal.

Y si nos fijamos, y siguiendo a MARTINEZ DEL VAL, aquello más característico del hombre, el debate moral de su conducta y el resultado de su libre determinación; su amor y sus intereses: la dignidad intransferible de su alma, y su compromiso social, eso es, y no otra cosa, el campo de acción del abogado. Cuida el médico del cuerpo; el educador, de la formación; el sacerdote de la vida sobrenatural del hombre. Pero el hombre queda, entero y verdadero, con sus totales dimensiones, bajo la mirada del abogado. Nadie intente, pues, ser abogado sin conocer al hombre. Y nadie conoce al hombre sin ser humanista. Humanismo es, sobre todas las cosas, comprensión, simpatía cordial, calor de humanidad por todos y cualquiera.

Interacciones

Bellísimas palabras que sirven de preámbulo para examinar las diversas interacciones en las que se muestra el mismo en todo su esplendor:

1º.- Vivir por uno mismo: Lo primero que tiene que hacer el abogado humanista es conocerse a sí mismo, saber que actúa como persona, y que ser abogado es ser persona. Ello nos llevará a conocer nuestras fortalezas y debilidades, y con ello, a un crecimiento permanente en el que la modestia, el sentido de la medida y la prudencia, serán nuestras guías en un entorno en el que interactuamos permanentemente con personas.

2º.- El cliente: Partiendo de la relación que mantenemos con el cliente y de la importancia de la misma, el abogado deberá seguir una serie de pautas de conducta en la que el valor de la relación personal cobrará el máximo interés.

En este peculiar contexto, el abogado humanista deberá:

  • Conocer al cliente, es decir, conocer a la persona, cómo piensa, cómo siente, cuáles son sus estados de ánimo, y cómo quiere ser tratado para sentirse cómodo en una circunstancia tan difícil como la que le hace acceder al despacho.
  • Comprender al cliente, o lo que es lo mismo, empatizar con su situación poniéndose en la piel del cliente y tratar de entender los motivos, causas y razones de su proceder.
  • No juzgarlo, porque el abogado sabe que se encuentra frente a un ser humano, y por tanto, si bien no justificará o aprobará tal o cual conducta, sino que se limitará a comprender lo humano de la misma, centrándose en ayudar.
  • Distanciarse, objetivando el asunto y prescindir de la pasión que nos transmite y a veces exige la subjetividad del cliente, distanciándonos de formar parte de sus intereses, pues el sufrimiento del cliente no puede hacernos olvidar nuestra obligación.
  • Asesorarlepartiendo de lo humano, es decir, comprendiéndolo, pero no incitándolo a la pasión o a perseverar en una conducta perjudicial para sus intereses a través del fomento de soluciones injustas o ilegales.
  • Y por supuesto, escucharlo.

3º.- Compañeros de profesión, el abogado humanista sabrá posicionarse en la situación del compañero, quien a la postre está haciendo lo mismo que nosotros, alejándonos de toda animadversión o resentimiento.

4º.- Jueces y otros operadores jurídicos: En este escenario el abogado debe reflexionar y comprender el porqué de las reacciones de personas que no piensan como nosotros y que están igualmente afectados por múltiples problemas que afectan a la Administración de Justicia. En la medida en la que el abogado enfrente las incidencias que se produzcan con ese grado de conocer lo humano, probablemente actuará con más claridad y ecuanimidad, lo que redundará en la defensa del asunto.

Concluir señalando que el humanismo contribuye a que dispongamos de una sensibilidad muy acusada, que no puede confundirse con debilidad, y que nos permitirá alcanzar una comprensión más completa de todo lo que ocurre en nuestra vida profesional.